Estabilidad o inestabilidad geopolítica

Estabilidad o inestabilidad geopolítica
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
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El Instituto de Estudios Estratégicos dependiente del Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN) y del propio ministerio, viene realizando una labor de enorme interés en cuanto se refiere al conocimiento, análisis y seguimiento de los diferentes conflictos que se vienen produciendo en regiones y países del mundo. Fruto de este trabajo son los interesantes artículos que viene publicando, así como la presentación anual del “Panorama geopolítico de los conflictos” que, referido al año 2020, hace unos días se presentaba en videoconferencia.

Los conflictos regionales (que abarcan zonas estratégicas) vienen siendo tan habituales como la cada vez mayor presión de intereses geoestratégicos de las potencias más importantes (EE.UU., China y Rusia principalmente), sin olvidar el papel que juegan otros países como Turquía, Afganistán, Siria, Irak, Irán, Arabia Saudí, Japón o Corea del Norte (entre otros) inmersos cada uno de ellos en sus propios intereses. En su mayor parte están motivados por los recursos energéticos necesarios para garantizar el desarrollo de sus poblaciones o los recursos mineros precisos para las nuevas tecnologías, pero también abarcan  la explotación y uso de espacios marítimos propios. Poco -o muy poco- con referencia a problemas como la pobreza, las enfermedades y el hambre, que cada día van diezmando poblaciones a lo largo y ancho de la geografía. 

En el “Panorama” correspondiente al año pasado (2020) han participado unos cuantos especialistas o expertos que han puesto la lupa sobre situaciones como la del Magreb, considerada la frontera sur de la Unión Europea, hasta el Sahel (llamada “frontera avanzada” de la UE), con sistemas políticos inestables y estados fallidos que, a pesar de intentar organizarse a través del grupo G.5 con la tutela francesa (un país con intereses particulares en la zona), todavía están en sus balbuceos iniciales. Hacia el Este, los conflictos orientales se dirimen en Arabia Saudí por un lado y los Emiratos Arabes por otro, así como el Yemen y se agravan por las posiciones poco claras en apoyo al llamado “Estado Islámico” y la permanente confrontación religiosa entre “chiíes” y “sunníes. El control de las vías de comunicación marítima hoy es más actual con lo ocurrido con el portacontenedores “Ever Given” bloqueando el canal de Suez.

Por su parte, la posición de EE.UU. en la época de Trump, que llevó al repliegue de las tropas americanas en Oriente Medio y a la discusión de acuerdos con Irán, Pakistán o Corea del Sur con respecto a su potencialidad nuclear, manteniendo una situación respetuosa pero firme que evitaba los conflictos, se ha visto alterada con la llegada de Biden que empezaba su mandato con el bombardeo de la frontera de Irak con Siria, al amparo de unas supuestas agresiones a los intereses americanos (la sombra de la motivación para la guerra en Irak y sus “armas de destrucción masiva”, se extiende de nuevo a la política exterior americana más belicista del partido Demócrata). En todo ello tienen mucho que ver los intereses de Rusia o los de “actores no estatales” de carácter económico que retornan al intervencionismo americano con un Biden -al parecer- “teledirigido” por los demócratas (“en el caso de los demócratas, se componían de dos grupos principales: personas semiinstruídas del Sur rural y semicriminales del Norte urbano”. J.K.Galbraith en “La era de la incertidumbre” sobre las convenciones de los partidos americanos).  

El Océano Glacial Artico no es un continente (como mucha gente supone) sino un espacio oceánico helado en gran parte, afectado por las bajas temperaturas que, en diferentes épocas, ha sufrido las consecuencias del movimiento planetario de la Tierra y con respecto a su hipotético eje y las consecuentes radiaciones solares. Eso que ahora se ha descubierto como “cambio climático” que acompaña al planeta Tierra desde sus comienzos y que parece un tema apropiado para hacer negocios por parte del algunos avispados. La situación de los eventuales deshielos temporales se empieza a considerar una justificación para que surja de nuevo el conflicto de intereses entre los países que se creen con derecho a la explotación exclusiva de sus potenciales recursos, al no existir ni estar establecido un régimen jurídico de regulación de la zona (sólo un Consejo Artico) donde, en todo caso, se facilitaría el tráfico marítimo y el más fácil acceso a tales recursos. Muy cerca de allí, la reciente cumbre de China y EE.UU. en Alaska, se ha manifestado con toda su crudeza, hasta el punto de que China recordó a Biden quien le había ayudado a ganar las elecciones. Un poco antes, el presidente Biden había calificado de “asesino” al presidente de Rusia que supo estar a la altura de la diplomacia no contestando. Como vemos una demostración del supuesto “pacifismo” del nuevo presidente americano del que se habla ya como “incapacitado”. Una cuestión que conviene tener en cuenta en la posible deriva de la situación.

Una cosa curiosa es como se han colado en el imaginario geopolítico algunos “mantras” mediáticos como la posible desaparición de las ciudades (hay que recordar que se pronosticó hace ya muchos años que la ciudad de Nueva York quedaría sumergida en el año 2010) por efecto del deshielo y cómo el “cambio climático” parece servir de muletilla permanente para justificar la pretendida anormalidad de los cambios estacionales o para crear una situación de pánico colectivo que no tiene ninguna razón de ser (sólo hay que ver las continuas correcciones sobre tales predicciones), sin contar con los movimientos orogénicos naturales, las transgresiones y regresiones permanentes de las masas oceánicas, los citados movimientos del planeta, la deriva continental de las placas, el vulcanismo que crea nuevas islas y se traga otras o la influencia de mareas marítimas, huracanes, tsunamis, etc. etc. y cómo se califica tal “cambio climático” como “potenciador de conflictos”.

En todo ello, el papel de la UE parece ser el de continuar el seguidismo de las políticas exteriores de EE.UU. (más con Biden). Nuestra posición como miembros de la OTAN, nos obliga a cumplir con ese papel de servidumbre social y política a ese término también colado en este “Panorama 2020” de “nuevo orden mundial”, sin que -como es natural- se profundice en lo que significa y en su aplicación más allá del entusiasmo por el mismo de esos agentes externos en la geopolítica, con apellidos ligados al capitalismo mundial que juegan a ser como dioses en la “nueva normalidad”, cuando son incapaces de dar respuesta seria y eficaz a los problemas reales de la gente: salud, paz y seguridad.

Mientras tanto es bueno recordar que existen unos servicios de inteligencia que velan y se preocupan por ellos, en mayor medida que parecen hacerlo quienes por su responsabilidad política están mucho más obligados.

2 Comentarios

  1. Muchas gracias por el comentario. Efectivamente estamos perdiendo de vista lo esencial (el futuro) para concentrarnos en las anécdotas de quienes son simples marionetas del poder. Un saludo.

  2. Excelente artículo que si de algo peca es de salirse de los estrictos cauces de seguidismo imperial que lamentablemente prevalecen en una Europa de Estados Vasallos –así nos definía el gran Brzezinski– que cada vez pinta menos desde su estatus colonial y la absoluta incompetencia de sus “liderazgos”. Por llamarles algo.

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