Defensa y espacio exterior

Defensa y espacio exterior
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Tanto EEUU como Francia han creado mandos militares para el espacio exterior. China y Rusia también están en condiciones de actuar en ese espacio. La India e Israel fracasaron hace poco en su intento de alunizar en nuestro romántico satélite unos vehículos no tripulados con sendos robots preparados para explorar el terreno circundante. Insistirán.

Ello pone de relieve la importancia que va cobrando el espacio exterior en materias que no son sólo las de su exploración. Aunque la Luna y otros cuerpos interestelares es estén protegidos de apropiaciones nacionales por el Tratado del Espacio Exterior de 1967, que asimismo prohíbe la instalación de armas nucleares o de destrucción masiva, la realidad es que los diversos Estados que tienen intereses en ese espacio ultraterrestre no pueden dejar de responder, al menos, a dos imperativos.

En primer lugar, a la necesidad de proteger los satélites y otros vehículos interestelares que les pertenecen o que puedan ser propiedad de individuos o compañías de sus países. En segundo lugar, también necesitan poder prevenirse frente a ataques a sus territorios, ciudadanos y bienes que pudieran tener su origen en el espacio. Aunque conviene seguir elaborando un entramado jurídico ilegalizando acciones agresivas en el espacio, nada garantiza el respeto de esas normas y, consecuentemente, no debe sorprender que, con el paso del tiempo y las mejoras tecnológicas, el espacio exterior tenga más interés militar.

Sabemos que un misil intercontinental balístico sale de la atmósfera terrestre antes de soltar las cabezas nucleares que debieran impactar en un país enemigo. Asimismo, muchos satélites que orbitan la tierra tienen funciones específicamente militares, como observación y comunicaciones, y otros son polivalentes o de doble uso.

Hay quienes predicen un planeta Marte no solo colonizado sino también vivible como la tierra tras un proceso de “terraforming” en el que mediante una oportuna planificación y actuación se podría dotar al planeta rojo de una atmósfera apta para los seres humanos.

Un escritor imaginaba hace unos años que los verdaderos administradores de ese planeta serían compañías multinacionales más poderosas que los Estados y capaces de generar mejor los caudales necesarios para invertir en la explotación de planetas, lunas o asteroides, así como de producir importantes beneficios.

Esta es otra faceta de la cuestión, pues capitales privados se dejarán tentar en estas aventuras del mismo modo que en las pasadas empresas coloniales en la Tierra emprendedores privados tomaron, incluso, el relevo de iniciativas estatales. Ya estamos asistiendo a la actuación de compañías privadas que quieren acceder a ese espacio exterior del que esperan poder generar beneficios económicos. Como en otras épocas y circunstancias, desearan que sus propios países protejan sus empresas e inversiones allá donde se encuentren.

Si a partir de la segunda parte del siglo XX era necesario disponer de armas nucleares para ser considerado una gran potencia o, al menos, un “intocable”, a partir de ahora la capacidad espacial es una referencia esencial para ser una potencia, sin perjuicio de su posible yuxtaposición con capacidades nucleares militares. En este sentido, la Unión Europea tiene capacidad tecnológica y organizativa para asentarse amplia y eficazmente en el espacio exterior, pero, probablemente, debe dar un renovado y mayor empujón para no quedar a la zaga.

La presencia material y humana en ese espacio y en la Luna de EEUU, Rusia o China, y de otros como India e Israel o Japón, subraya la necesidad de que la UE debe avanzar en esa dirección para tener presencia espacial y poder competir tecnológicamente en ese y otros ámbitos. En lo nuclear, Francia es el único miembro de la UE con esa capacidad militar y una defensa europea digna de ese propósito deberá arbitrar con Francia la manera de incorporar su disuasión nuclear en beneficio de todos los socios de la UE, algo, sin duda, complicado.

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