Condenado un expresidente de Túnez antes de “corregir los caminos de la revolución”

El presidente de Túnez Kais Saied
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— P U B L I C I D A D —

Fue el primer presidente electo de la historia de la transición democrática en Túnez, considerada en su día un ejemplo que hizo concebir grandes esperanzas en que los países árabes abrazarían un modelo político y de sociedad a semejanza de la Europa de las libertades. Ahora, Moncef Markuki, que fuera jefe del Estado tunecino entre diciembre de 2011 y diciembre de 2014, ha sido condenado en rebeldía a cuatro años de prisión “por poner en peligro la seguridad del Estado”.

¿Cuál ha sido el delito merecedor de tal sanción? Haber participado en una manifestación, celebrada en París, en la que él mismo se mostró especialmente crítico con el actual presidente tunecino, Kais Saied, a quién acusa abiertamente de “comportamiento claramente dictatorial”, por haber suspendido el Parlamento y haberse arrogado de hecho todas las competencias legislativas y ejecutivas.

Marzuki, que vive legalmente en la capital francesa, ha observado un comportamiento especialmente crítico con lo que considera “una deriva totalitaria” del actual presidente, y ha llegado a pedir al Gobierno galo que rechazara su apoyo a Saied.  La hostilidad entre el actual y el antiguo presidente de Túnez alcanzó el cénit de su encono cuando Saied destituyó al primer ministro Hichem Mechichi el pasado mes de julio, al tiempo que emitía un decreto de suspensión indefinida del Parlamento y su propia asunción de todas las competencias. “Un clásico golpe de Estado”, lo calificó entonces Marzuki, que se vio retirar el pasaporte diplomático, y que decidió intensificar su actividad crítica a través de las redes sociales, en donde señala que “no paro de repetir a amigos y aliados de Túnez que no interfieran en nuestros asuntos con ningún apoyo directo o indirecto al golpe, porque sería una puñalada por la espalda a la democracia y al pueblo tunecino”.

Marzuki se había convertido en un enemigo sumamente incómodo para el presidente Kais Saied, que ya había presentado a la opinión pública su plan para “restablecer la estabilidad del país”, amenazada seriamente a su juicio por el continuo bloqueo del Parlamento y las continuas manifestaciones en las más importantes ciudades del país. Lo cierto es que los principales inspiradores de los disturbios y de la consiguiente paralización del país eran los islamistas de Ennahda, que en árabe significa renacimiento, y que llegó a convertirse en la principal fuerza política de Túnez, impregnada por supuesto de un fuerte componente religioso. Una hoja de ruta sin los islamistas

Al disolver el Parlamento y asumir todos los poderes, Saied dio por “caducada” la Constitución de 2014, lo que los islamistas consideraron una maniobra para alejarlos del poder, afirmación que tiene muchas probabilidades de ser cierta. También parece serlo que el experimento de 2011 no ha salido bien, de forma que lo que ahora se propone es prácticamente una vuelta a la casilla de salida.

El presidente Kais Saied va a comenzar ese nuevo recorrido con una consulta masiva popular y telemática, teóricamente destinada a todos los ciudadanos, para que, a través de respuestas a preguntas supuestamente muy claras y concisas, expresen lo que quieren para el futuro del país. Una convocatoria que, según las propias palabras del presidente, será el primer movimiento “para corregir los caminos de la revolución y de la historia”.

Un grupo de expertos, que aún queda por definir, analizará las respuestas, con cuyo resumen se encargará la redacción de un nuevo texto constitucional, que será sometido a referéndum el 25 de julio, seis meses antes de que el 17 de diciembre de 2022 se celebren elecciones legislativas ya bajo el paraguas legal de la nueva Constitución.

Cumplido, pues, un decenio completo del estallido en Túnez de aquella primera revolución, que provocara contagio en cascada en todo el norte de África, se vuelve a partir de cero, aunque esta vez los ánimos del pueblo disten mucho del entusiasmo y la ilusión que presidieron aquel movimiento, que acabó con las dictaduras y provocó una violenta sacudida de inestabilidad en toda la región sur del Mediterráneo.

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