Propuestas insensatas

Propuestas insensatas
Antonio Imízcoz
Periodista.

Es lo que tienen las campañas electorales, eso mismo que nos tiene a los españoles aburridos, un punto más que hartos y, como dicen muchos, deseosos de que nos dejen votar de nuevo, de una puñetera vez, y a ver si hemos espabilado.

Me refiero a la diarrea de ideas y propuestas de unos y otros, al postureo de la foto epatante y los cantos de sirena de ruedas de prensa y mítines, con entusiastas sonrientes sentados detrás del candidato.

Me refiero, por ejemplo, a la última propuesta del PSOE de crear lo que ellos llaman empleos de transición para 217.000 personas en un año, con un coste de 1.300 millones de euros, en el marco de un plan global que acabará costando (costándonos a usted y a mí) 3.300 millones, porque se financiará con los Presupuestos del Estado; ya sabe, esos dineros que deberían destinarse al gasto en las necesidades de los ciudadanos, la mejora de las infraestructuras, la modernización de los servicios y esas cosas.

Pero es que los socialistas, la izquierda en general, siempre han utilizado los dineros de todos para hacer clientela. Lo fijaba muy gráficamente esa lumbrera socialista que es Magdalena Álvarez: “el dinero público no es de nadie”. Y por eso mismo, los socialistas lo destinaban al famoso PER andaluz que pagaba votos, a los ERES que beneficiaban a sindicatos, partido (al PSOE, claro) y amiguetes, o esos 3.300 millones de euros (lo que Europa dice, más o menos, que deberíamos ajustar este año), que se destinarán a fichar a empleados públicos “de la cuerda”, devotos estómagos agradecidos por los siglos de los siglos.

El PSOE se ha caracterizado, siempre, por aumentar el número de personas que pagamos entre todos los españoles que no tenemos un puesto de trabajo garantizado de por vida. Justo lo contrario de lo que ha tenido que hacer, forzado por esa “alegría contratadora” del gobierno socialista, el actual gobierno, hoy en funciones.

Miren, en lugar de andar diciendo sandeces y prometiendo cosas inviables, los mismos a los que luego se les llena la boca de críticas por la deuda y el déficit (que menos mal que no tendrán que enfrentarse a ellos porque habría que ver por dónde salen), es mejor plantear —plantearnos— quién será capaz, a partir del 27 de junio, de hacer lo que este país necesita.

A saber, mantener la senda de reducción del desempleo y aumento del empleo, aportando estabilidad y confianza y reforzando la competitividad de la economía nacional; agilizar la inserción laboral de las 4.093.508 personas que aun buscan un empleo y no lo encuentran, apostando por una formación profesional para el empleo cuyos fondos no se extravíen por el camino al bolsillo de algún conmilitón; y seguir avanzando en la mejoría de la calidad del empleo mediante la lucha contra el Fraude y el refuerzo de los incentivos a la contratación y conversión de contratación temporal a indefinida.

Si vamos a tener que estar hasta el 24 de junio oyendo propuestas, por lo menos que sean sensatas, viables, plausibles, útiles y realistas. Y no me parece que haya muchos capaces de ponerlas en marcha.

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