La Unión Europea y las constituciones nacionales

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

«Lo que la Ciencia ha edificado lentamente, la ignorancia lo destruye en una hora»

George Eliot

Podríamos muy bien sustituir el término “Ciencia” por “Civilización” para encontrarnos con la misma destrucción por ignorancia, estulticia o “buenas intenciones” (de las que el infierno está lleno).

El caso es que el llamado “nuevo orden mundial”, ha llevado a la realidad lo que desde “La decadencia de Occidente” de Oswald Spengler, seguido por diversos autores como Arnold J. Toynbee, Yubal Noah Harari o Hannah Arendt más recientemente, ha llegado a nuestros días con obras como “La debacle de Occidente” de Eduardo Olier o “La derrota de Occidente” de Emmanuel Todd. En todas ellas se analiza la agónica realidad de deriva imparable de ese espacio geográfico bautizado como “occidente” donde, desde la religión cristiana, se crearon culturas que rivalizaban con otras del mundo oriental e histórico.

Tal espacio comprende sobre todo el continente europeo que, a base de trabajo, guerras y sufrimiento de sus poblaciones, era capaz de crear “renacimientos”, “descubrimientos” y “siglos de luces” cuyo intercambio fue consolidando con la Ilustración el mundo occidental y la incorporación de nuevos territorios y colonias a lo largo y ancho del planeta durante las épocas imperiales.

Europa, junto al imperio ruso, formaban el más formidable conjunto de riquezas, recursos, poder político y económico y extensión geográfica del resto de naciones, países, estados e imperios (como el persa o el chino), extendidos por la corteza terrestre. Por ello fue objeto de deseo y de su consiguiente “rapto” por quienes tenían ambiciones imperiales más amplias: los USA o Estados Unidos de América, cuya visión mesiánica de la democracia y su gran potencial económico, los convertían en “ejemplos” a seguir y acatar.

La Constitución Americana se erigió como el ejemplo a seguir, a pesar de la existencia de otras constituciones más o menos contemporáneas en Occidente, como es el caso de las francesas o españolas (como simples ejemplos). El estilo de vida americano (“American way of life”), era la referencia obligada de otros países donde el modelo capitalista triunfaba y se propagaba por todos los medios de comunicación. Así las cosas, los países soberanos europeos se encontraron entre la destrucción de la 1ª y 2ª Guerras Mundiales libradas en el territorio europeo y la posibilidad de emigración al otro lado del Atlántico, lo que fortaleció la sociedad y la economía americanas.

EE.UU. y sus intereses geopolíticos y geoestratégicos formaron un bloque imperial que pudo imponer a Europa una forma de colonización blanda (pero de efectos indudables) para la neutralización del imperio bolchevique de la URSS. Capitalismo contra comunismo supuso la “guerra fría” política socialdemócrata que llevaría a las naciones europeas a una especie de pensamiento único disfrazado formalmente de pluralismo democrático.

En España el cambio de régimen no fue ideológico, ya que el anterior era una socialismo de raíz cristiana del mismo tipo, tal como demuestran los textos fundamentales donde se protegían al mismo tiempo los derechos de los trabajadores, los derechos de propiedad, derechos de intervención del Estado y fomento de la iniciativa privada en lo que se llamó “movimiento nacional”: “una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista”.

“España se constituye en un Estado Social y Democrático de Derecho” empieza el artº 1.1. de la Constitución del año 1978 donde “se propugnan como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” y donde “la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”.

En Europa por su parte, había surgido la Sociedad de Naciones (Tratado de Versalles de 1919) (precedente de la posterior ONU) tras la 1ª Guerra Mundial, donde la competencia de los antiguos imperios austrohúngaro y británico en las respectivas colonias, culminó con el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando y su esposa Sofía extendiendo el conflicto a toda Europa, con la idea siempre presente de la recuperación de la paz. Intento que se plasmaría en el Tratado de París de la Comunidad Europea del carbón y el Acero (CECA) en 1951 tras la 2ª Guerra Mundial, reconvertido en varias ocasiones y tratados hasta el de Maastricht (1992) que formó la UE. Europa se convierte así en una confederación de estados con moneda común, libertades y derechos de sus ciudadanos recogidos en sus ordenamientos respectivos, con una política exterior y de seguridad común y unas instituciones al servicio de estos objetivos sin ideologías estrambóticas.

Nada de eso fue una iniciativa original europea (salvo la CECA). Desde principios del siglo XX había una mano que “mecía la cuna” de una Europa infantilizada, sin pulso ni nervio político, anómica, destrozada por dos guerras y totalmente rendida a EE.UU. que, desde sus muchas redes, tutelaban, organizaban, imponían e influían en las políticas (antes soberanas) de las naciones europeas, sujetas cada vez más a órdenes o directivas de obligado cumplimiento, hasta el punto de forzar la modificación de las constituciones nacionales. La UE ya no responde a los intereses generales de sus estados miembros recogidos en el tratado fundacional, sino a las instrucciones ideológicas particulares de los que de verdad son “los putos amos” (concepto que aclara y resume la situación).

Y las constituciones con sus principios, valores y derechos europeos, fueron violadas desde los propios gobiernos encargados y juramentados para defenderlas, con una visión servil hacia teorías, ideas, dogmas, leyes y religiones de nuevo cuño, contrarias a lo que la Ciencia y la Cultura habían edificado lenta, gradual y rigurosamente en el transcurso de muchos años, para destrozar lo construido con exigencias políticas absurdas y despropósitos acientíficos (cuando no distópicos), que se han llevado por delante las bases de la convivencia y la paz logradas en el mundo occidental, donde respirar libertad va quedando atrás en la Historia (reformulada convenientemente).

La UE es una fábrica de normas donde los partidos (herramienta fundamental para justificar el pluralismo ideológico) juegan ya con cartas marcadas de antemano por esos grupos de presión cuyo poder económico les permite equipararse a ser como dioses en unas sociedades blandas, ignorantes, con la única instrucción de lo “correcto” en el mundo tecnológico preparado para “modelar mentes” (Mao) a través de la propaganda (Edward Bernays) para el nuevo y pretencioso “orden mundial” que, en la realidad objetiva, queda cada vez más reducido al lado de los nuevos y potentes bloques de poder que se configuran en todo el planeta.

Por esa razón, las elecciones al Parlamento Europeo no dejan de ser para una buena parte de los ciudadanos una especie de consulta “democrática” (con listas cerradas) con que seguir cubriendo las verdaderas intenciones de quienes manejan la batuta de esta gran orquesta.

2 Comentarios

  1. Estimado Jesús: gracias por tu amable comentario.
    Como sabes «quien se olvida de su propia historia, está obligado a repetirla».
    Y sobre nuestra historia como especie humana o como ciudadanos de este mundo occidental se han vertido ( y cada vez más) falsedades que confunden a unas poblaciones impotentes ante el alarde de propaganda mediática procedente de las mismas manos que mueven los peones (marionetas) a su disposición.
    Datos y documentos contra «relatos» es la gran tarea pendiente de abordar para desmontar mentiras alquiladas por esa «plutocracia» sobre la que hablas.
    En eso estamos.
    Pero si continuamos entretenidos en el corral de comedias de supuestas izquierdas y derechas y de los personajes que las dicen representar, será el «galgos o podencos» que acabará con nosotros.
    Un saludo.

  2. Estoy de acuerdo con lo expuesto en su artículo.
    Solo recalcar que quizás deberíamos en esforzarnos con mayor esfuerzo en lo actual que en analizar tan detenidamente lo ya pasado.
    Es necesario conocer la historia pero creo que en estos momentos, y como muy bien expone, resulta ya imperdonable no volcar nuestros esfuerzos en combatir la trágica situación que «ese grupo reducido de poder» nos está generando.

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