Memoria histórica de la Iglesia española

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El cura, nacionalista vasco, fusilado en 1936 José de Ariztimuño, segundo por la izquierda, junto al lehendakari Aguirre (Fundación Sabino Arana)
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Internet está ofreciendo con el título de “Otra Iglesia” un vídeo de hora y media sobre la Iglesia de los tiempos de la Segunda República. Hacía falta algo de eso en el panorama de la tan traída, llevada y tergiversada “Memoria histórica”. Porque además de la cara A de los obispos bendiciendo la Cruzada y sus cañones, otro sector de la Iglesia estuvo al lado de los perdedores y sufrió en sus carnes las venganzas de los ganadores.

El texto que ofrece Internet en “Otra Iglesia” resulta un tanto estrecho, porque se limita a narrar los avatares del clero y deja de lado al otro sector de la Iglesia española que forman los millones de laicos, o soldados rasos, o seglares.

Don Miguel de Unamuno escribió sobre la Agonía del Cristianismo, rimó versos de lirismo sublime al Crucificado del Gólgota. Y ese mismo Unamuno coqueteó con el marxismo y el socialismo. El gran compositor Manuel de Falla fue un devoto ferviente de María Santísima, y gran amigo de García Lorca, y terminada la guerra “incivil” se exilió voluntariamente de España porque su patria ya no honraba a María Santísima.

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Por lo menos Euskadi contó con un gobierno demócrata cristiano y se alineó al lado de la República en la guerra civil.

La misma Institución Libre de Enseñanza no andaba tan lejos de los ideales cristianos de un país en el que Iglesia y Estado mantuviesen una relación de respeto mutuo…

Tal vez sería interesante repasar la actividad radiofónica del canónigo Olaso desde Radio París en los tiempos del franquismo, y su actividad ante la Santa Sede durante la República y la Guerra civil, como portavoz del Gobierno Vasco, y sus encuentros y desencuentros con las oficinas del Vaticano.

Pero hay más, para los años 1930 la cultura española se había abierto a Europa, las corrientes existencialistas eran conocidas aquí. Y con las corrientes existencialistas coexistían, entre los pensadores católicos y cristianos, posturas antifascistas y socialistas presentes también en un sector de los intelectuales españoles. Unamuno estaba no muy lejos de Kierkegaard o del francés Meunier… Y no hablemos del filósofo Zubiri, alumno de Ortega y Gasset, sacerdote un tiempo y secularizado después, ejerció un largo magisterio en la universidad española con tesis de signo próximo al Marxismo, que luego fueron reeleboradas por el jesuita portugalujo Ignacio Ellacuría en un cuerpo compacto hoy llamada Teología de la Liberación Tesis que compartió el bilbaíno General de los Jesuitas Ignacio Arrupe, con el reproche y crítica del Papa polaco, Juan Pablo.

Desde el Vaticano se han prodigado las beatificaciones masivas de víctimas de fusilamiento por parte de los vencedores de la guerra considerados católicos. Pero se intenta ocultar que 16 sacerdotes vascos fueron fusilados por los vencedores de la misma guerra tras la ocupación de Euskadi por las tropas del General Mola. O el franciscano Antonio Bombín.

Hay otro aspecto a mi entender muy importante: la presencia en España de Iglesias como la evangélica o luterana, que fueron víctimas de la represión franquista desde 1936. El libro “Aquí nunca pasó nada” de Jesús Vicente Aguirre, cuenta el martirio del Pastor evangélico de Pradejón, Simón Vicente Vicente, y de su familia; el cual pastor era íntimo amigo de un anarquista de Calahorra apellidado Marceliano Belloso Navarro, que también fue fusilado. Y de un franciscano del convento de Casalarreina, junto a Haro, que tras unos años en Sudamérica volvió muy socialista y colaboró con la izquierda socialista de la Rioja, y terminó también fusilado.

Vale la pena también valorar en el lado positivo y el negativo la presencia de la CEDA como partido político entre la extrema derecha y un cierto sentido democrático, y de sus figuras como el Director de El Debate, Herrera Oria, futuro cardenal, o la saga Gil Robles.

Vale la pena también recordar que la HoAc (Herrmandad Obrera de Acción Católica) y la JOC (Juventud Obrera Católica) surgieron en los años 1940 a las espaldas de antiguos militantes de izquierda socialista y comunistas supervivientes. Como el insigne catalán Guillermo Rovirosa y no pocos dirigentes nacionales de la HoAc.

Y que Claudio López Bru, marqués de Comillas, fundó en ese municipio cántabro la Universidad que quiso que fuese un seminario para pobres… Y en parte lo fue, aunque posteriormente con Franco se convirtió en un criadero de hijos de sindicalistas del sindicato vertical de Solís

Y que Fidel García Martínez, obispo de Calahorra, colaboró con el Gobierno vasco de Aguirre y acogió a muchos sacerdotes exiliados tras el año 1939.

Finalmente, cabe subrayar también que hay un hilo de continuidad entre lo de antes de la República y lo de después, hasta nuestros días. Hay una iglesia abierta al pueblo, un poeta como Blas de Otero o Gabriel Aresti, una poesía social. De alguna manera, la que hoy llamamos Transición democrática no fue sino la continuidad de aquella Iglesia perseguida de los tiempos pasados.


FOTO: José de Ariztimuño (2ª Izq.), cura nacionalista vasco fusilado en 1936, junto al lehendakari Aguirre [Vía: Fundación Sabino Arana / LAICISMO.org ]

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