Greta

Antonio Imízcoz
Periodista.

Es lo que tiene el uso y abuso del postureo, y la manipulación que se adivina detrás de la notoriedad repentina. Me refiero a la que ha alcanzado en solo un año Greta Thunberg, esa niña sueca que se ha convertido en una especie de Santísima Virgen contra el cambio climático, a la que traen y llevan como un dominguillo, tan pronto surcando el pacífico en un barco muy sostenible —como todos, oye; si no se hundiría— como ladrando un discursito ante los líderes mundiales que han acudido en Nueva York a la cumbre de la cosa. Eso lo que tiene, sí: que de enternecer la imagen de una cría solitaria con un cartón pintado a mano ante el Parlamento sueco, en agosto del año pasado, pasas a preguntarte en manos de quién ha caído la criatura, el porqué de sus formas y a qué espurios intereses la han puesto a servir.

Una investigación reciente de The Sunday Times respondía a esta última pregunta: Greta, su imagen, su mensaje, sirve y se alimenta a grandes lobbies y empresas energéticas verdes que la estarían utilizando como punta de lanza para “facilitar la transición al corporativismo verde”. Y antes de que nadie me diga que es que el cambio climático está ahí (pero menos), que se trata de la salud de la tierra y de nuestros descendientes, y toda la matraca demagógica de los concienciados en la materia, un recordatorio: hay grupos de intereses, poderosos, a los que los descendientes, la tierra y el clima les importan bastante menos que su cuenta de resultados. “Business as usual”.

Pregúntense, si no, quién es un tal Ingmar Rentzhog, magnate presidente del laboratorio de ideas (eso que se llama ahora Think Tank) Global Challenge, en el que están involucrados líderes de lobbies, ejecutivos de empresas energéticas e incluso políticos socialdemócratas suecos, y fundador de la plataforma We Don’t Have Time, con la que pretende aprovechar el poder de las redes sociales para “responsabilizar a los líderes y empresas del cambio climático”.

Fue Rentzhog el que subió a Facebook una fotografía de Greta en su solitaria y silenciosa manifestación ante el Parlamento. Dijo que se la había encontrado allí. Mentía. Tuvo que reconocer que había sido avisado una semana antes y por eso le dio tiempo a montar la cobertura que de la historia publicó esa misma tarde el periódico de mayor tirada de Suecia. Había comenzado la manipulación de Greta.

Y es que la niña (ya me dirán, quince añitos entonces) padece, aunque muchos lo callen, padece un trastorno del espectro autista, el síndrome de Asperger, como ella misma cuenta en la biografía que ya se han apresurado a escribirle.

Tengo alguna amiga con una hija que padece Asperger, que no es propiamente una enfermedad, sino un trastorno que se caracteriza por provocar dificultad para la interacción social, rutinas y conductas repetitivas, peculiaridades en el habla (como se pudo ver en el discurso de Greta en Nueva York, que daba un poco de miedito, como si fuera la novia de Chukie), y tendencia a la obsesión por temas específicos. Y, sobre todo, una acusada dificultad para relacionarse con los demás, una especia de ‘ceguera emocional’ que, como señala la pediatra Ana María Rodríguez, provoca una profunda falta de empatía e incapacidad para reconocer y responder a los gestos y expresiones de los demás, al punto de que, careciendo de las habilidades sociales necesarias para no herir a su entorno, pueden parecer groseros. Como la pobre activista marioneta en Estados Unidos.  

La sobreexposición, la manipulación a la que esos grupos de interés están sometiendo a un perfil psicológico como el de Greta tienen poco que ver con el amor a la tierra, con la preocupación por los plásticos en los mares y el cacareado cambio climático. Esta es la historia, otra más, de la utilización despiadada, desconsiderada y potencialmente fatal para ella de una niña, una menor que, con su síndrome, su inquietud y sus preocupaciones (esperemos que no ya obsesivo-compulsivas), debería estar en el colegio, atendida por sus padres, sus educadores y sus psicólogos. La alta razón (no digo que no) del futuro de nuestro planeta no debe, no puede, estar por encima de la salud y estabilidad de una de las que se dicen defender. Pero, nada, sigan ustedes aplaudiendo.

1 Comentario

  1. Enhorabuena por el artículo que denuncia la grosera utilización de una niña en situación de discapacidad para intereses económicos. Y, digo yo…. ¿qué opina la Justicia sobre ello?. Un saludo.

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