“El efecto Peruggia”, o cómo hacer un arte del robo o la estafa con las obras de arte

El efecto Peruggia
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.

Toda obra de arte, incluso las que se consideran piezas maestras, sean literarias, pictóricas, escultóricas o arquitectónicas, no son admiradas solo por su valor intrínseco sino en buena parte por las historias que las envuelven. Esas circunstancias son las que multiplican su valor, a veces hasta convertirse en incalculable, popularizan su exhibición y acrecientan la fascinación de quienes acceden a su contemplación.

En la escala criminal el robo de tales obras de arte se considera a su vez un arte refinado, que confiere a sus autores un aura especial, una especie de aristocracia de la delincuencia ilustrada, capaz de dispensar en la conciencia del gran público la realidad delictiva de la acción. Mueve más aún a la indulgencia cuando, aparte de la codicia, concurren motivaciones sentimentales, sean de tipo nacionalista, de venganza histórica o incluso del mero afán de conseguir mucho más que dinero y poder: el disfrute espiritual de gozar de una contemplación individual e íntima, de la que queda excluida toda la humanidad.

El robo de este tipo más famoso de la historia es el ideado por Eduardo Valfierro y realizado por Vincenzo Peruggia el 21 de agosto de 1911. El retrato de Lisa Gherardini, esposa de Francesco del Giocondo, La Mona Lisa, desapareció aquel día del salón carré del Louvre. La peripecia de los 2 años y 111 días en que la obra más famosa de Leonardo da Vinci estuvo en paradero desconocido es el argumento con el que Juan de Oñate Algueró (Madrid, 1975) teje su novela El efecto Peruggia (Entrelíneas Editores, 375 páginas).

Fiel a su faceta de historiador, el autor condensa una copiosa documentación en una trama en la que va desgranando con fluidez las pesquisas policiales, las conspiraciones e incluso el aprovechamiento propagandístico del suceso por parte de la Alemania imperial, para refrescar la memoria del lector sobre las grandes obras de arte, al tiempo que le ilustra sobre las técnicas de falsificación, verificación y autentificación.

Superpone en un relato alternativo una ficción, que tiene como eje el Museo del Prado y una de sus obras renacentistas más sobresalientes, El tránsito de la Virgen, de Andrea Mantegna, en la que emerge el debate entre lo auténtico y lo falsario, entre la supuesta verdad y la percepción subjetiva, sin dejarse en el tintero las más variadas técnicas de la mercadotecnia, en especial las del escándalo para provocar la atracción popular. Todo ello convierte a esta primera novela de Juan de Oñate en un auténtico thriller, en el que se visualiza sin esfuerzo un formidable guion cinematográfico.

Aquel robo del Museo del Louvre provocó incluso el arresto de un joven pendenciero llamado Pablo Picasso, que no se perdía una buena reyerta. El genio malagueño ya poseía antecedentes por haber encargado el robo de unas figuras ibéricas que le servirían de modelo para su explosiva Las señoritas de Avignon, título mal asimilado con el que se conoce una obra en la que en realidad Picasso hacía referencia a las damas de una casa de citas de la calle Avinyó de Barcelona. Con este y muchos otros detalles el novelista aprovecha para restablecer la verdad histórica de determinados hechos.

Una narración que provoca deseos de revisitar el o los museos en los que alguna vez contemplamos obras que nos emocionaron, siquiera para ver si aún permanecen en su sitio, además de incitar a conocer más a fondo las historias, reales o inventadas, que las envuelven.

3 Comentarios

  1. Todo lo concerniente a Leonardo ha sido objeto de mercadotecnia cultural. Como señala el autor, hasta la leyenda de las cinco “Giocondas” de Valfierno añade ceros a la cotización (que no a la valoración) del artista. Hoy conocemos ya por fin la localización de otra supuesta obra de Leonardo: “Salvator Mundi”en el yate de un jeque árabe, que ha pasado también por otra “desaparición” previa novelesca. La cuestión es si estamos hablando de obras autógrafas de Leonardo o de obras de sus alumnos. Sabemos que el maestro parecía cansarse de pintar y de ahí la escasez de su producción….. Un saludo

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