Ecologismo de salón

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

De un tiempo a esta parte, el uso o el abuso manifiesto de términos con base científica para retorcerlos y utilizarlos en beneficio de intereses particulares, ha condicionado la vida de las sociedades sometiéndolas a la manipulación mediática constante, confiando que la ignorancia de los ciudadanos no pondrá objeción a cualquier disparate, más aún si éste parece avalado por cualquiera que se considere a sí mismo “experto”.

No sólo eso, el mundo del “marketing” político o corporativo, ha encontrado un filón para sustituir la publicidad clásica, por un montón de “sloganes” vacíos en su fondo, que impresionan y, sobre todo, hacen subir los precios o los impuestos. La banca siempre gana.

La ciencia de la Ecología ha sido quizás una de las más prostituidas por el uso torticero que unos y otros están haciendo de ella. “La constitución de una ciencia va unida al cultivo del espíritu y al desarrollo de la civilización” dice Ramón Margaleff, uno de los científicos más reconocidos en esta materia que retrotrae la Ecología a los pueblos cazadores del Paleolítico que, como especie, ya conocían el medio ambiente y explotaban la Naturaleza, con fines de supervivencia. Desde entonces y hasta ahora, la adaptación de las especies al medio natural, ha sido una constante para la evolución de todas ellas, incluidos los seres humanos.

Se atribuye al biólogo alemán Ernst H. Haeckel (1834-1919) la introducción de la palabra “ecología” en el año 1869, entendiéndola como “el estudio de las relaciones de un organismo con su ambiente inorgánico u orgánico”. Es decir, en lo que se conoce como “ecosistema”, sometido a permanente transformación natural, donde se producen las interrelaciones de unos elementos con otros en una continua adaptación mutua: “las diversas especies manifiestan determinados síndromes de adaptación” dice Margaleff. En definitiva, la Ecología es una ciencia de síntesis de otras muchas ciencias que comprenden el estudio coordinado de todas ellas. “La propaganda actual a favor de la conservación de la naturaleza, ha inducido a usar el término de manera poco precisa” señala de nuevo Margaleff y ésto es lo más grave: el abuso y la violación de las ciencias, puestas al servicio de intereses espurios.

Todos hemos comprobado cómo han surgido los alimentos calificados como “ecológicos” y a muchos no nos ha sorprendido que quienes los fabrican, distribuyen y comercializan, no parezcan tener mucha idea de lo que eso significa (más allá de su precio más alto). Lo mismo ocurre con el prefijo “bio” aplicado también con profusión al mundo alimentario o el término “sostenible” aplicado a todo: desde la camioneta de reparto, hasta el vestido, desde una maleta hasta un juguete, desde una bicicleta a cualquier artefacto tecnológico.

Una notable mezcla de “churras” y “merinas” sirve para sembrar el caos en el mundo de la supuesta información a los sufridos consumidores y para su sometimiento a nuevas creencias y dogmas, desde los numerosos púlpitos institucionales como las recurrentes “cumbres del clima” o las “agendas” que propagan unas supuestas buenas intenciones que siempre han estado ahí, pero que ahora se presentan con envolturas diferentes.

En esta confusión intencionada que esconde filosofías “dejá vu”, se intenta ocultar (o quizás simplemente se ignore) lo que es y significa el término “ecología” que ha pasado de los verdaderos estudios de campo, a los salones y fiestas de la llamada “jet set” que es en realidad donde se deciden políticase intereses particulares, bajo el lema “el que paga, manda”. Cuando la explotación de beneficios tradicionales del capitalismo decrece, hay que sacar de la manga otras cuestiones, modelar las mentes en ese sentido y explotar nuevas vías de negocio. La Ecología y sus poliédricas materias, han sido elegidas y hasta han conseguido cambiar el color de nuestro planeta, pasando de “azul” a “verde”, aunque no se sepa porqué.

En el mundo planetario de nuestro sistema solar, se han venido aplicando en algunos casos un calificativo cromático a la identificación de algunos elementos del mismo. Así Marte es el “planeta rojo” debido a la preeminencia de este color y la Tierra ha sido el “planeta azul” como consecuencia de la abundancia de agua en la superficie y en la atmósfera, que predomina sobre el color verde de la vegetación. Así podríamos “colorear” para mentes infantilizadas el resto de planetas, satélites, etc.

Lo más chusco del tema es que el intento de cambio de color de la Tierra del azul al verde, se está realizando en clara contradicción al declarar al CO2 como nocivo y, por lo tanto, perseguible de oficio por quienes son simples marionetas de los poderes e intereses mundiales. En el caso del CO2 que está en el origen y mantenimiento de la vida, me permito traer a colación el artículo “El desierto del Sáhara cambia para bien” de José Ramón Ferrandis, en el que documenta con datos reales la transformación que, gracias a la abundancia de CO2, ha venido experimentando la masa vegetal en ese desierto “aproximándose a como era hace 9.000/8.000 años: una gran extensión de pastos. La situación actual es más proclive a la reducción del desierto durante los últimos 40 años. En 2018 estudios realizados por Venter otros, registraron un 8% de aumento de vegetación (equivalen a más de 700.000 Km2) un área mayor que España”.

Si quienes imponen el “Planeta Verde” como bandera de un ecologismo de salón conocen estos datos (ya que proceden de instituciones solventes propias), nos encontraríamos ante una manipulación descarada de la Ciencia a favor de los “planes quinquenales” (agendas) que en el mundo soviético eran la guía de pobreza y miseria en la época bolchevique, por no hablar de la persecución de la Ciencia y los científicos honestos. Pero, hay más,

En España, siguiendo la inercia de protección de la naturaleza, existieron y se formaron científicos e instituciones como el ICONA (Instituto de Conservación de la Naturaleza) o el CEOTMA (Centro de Estudios de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente) de donde partieron los primeros estudios de impacto ambiental de las obras públicas, compatibilizando las actividades de la especie humana, con la preservación de la Naturaleza y sus ciclos. Eso es precisamente la Ecología: la adaptación y consiguiente evolución de la especie “sapiens” junto al resto de seres vivos (desde los más elementales a los más complejos), a unas condiciones y ciclos del entorno en que viven y se desarrollan.

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