La confesión de un banquero

Fundación Emprendedores
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Hace unos días se presentó en Madrid la novela “La confesión de un banquero”, cuyo subtítulo dice, “Crónica de cómo se fabrica una cabeza de turco y su doble”. Su autor, Jorge Serrano Martínez, es Doctor en Ciencias Económicas y especialista en la obra de Fiodor M. Dostoiévski.

El punto de arranque de “La confesión de un banquero” es el crack financiero de 2008, con la narración de un hecho real de corrupción propuesto en España, seguido del relato ficticio cuyo origen se sitúa fuera de nuestro territorio, con su onda expansiva proyectada sobre la industria maderera española, siendo trampolín para el sector de la construcción en la costa mediterránea, con rendimiento de sus anhelados frutos en operaciones que volatilizadas se dispersan por paraísos fiscales.

Se trata de un ámbito espacial que en la novela tiene su epicentro en Madrid, aunque con ramificaciones se expanden por varios continentes, al fin y al cabo muestra de cómo la globalización es el medio natural en el que se mueve el dinero ilegal.

En el texto se afirma: “En el mundo de las finanzas hay una regla que dice que el principal valor del empleado financiero reside en la confianza que su comportamiento debe inspirar al cliente. Pero también hay un principio no escrito que dice que si has logrado ganarte esa confianza y hay un clima financiero apropiado puedes hacer lo que quieras con los dineros del cliente”. Se trata de un comentario que se ajusta a las prácticas que en los últimos años han sufrido confiados inversores de banca y cajas, cuyos dineros frecuentemente se han evaporado tras productos financieros revestidos con atractivos cebos, como las preferentes, que en ocasiones han aprovechado la codicia del inversor.

Además del espacio en el que se mueven sus personajes, la novela hace especial énfasis en el factor tiempo en tanto en cuanto es el espejo que nos retrotrae al pasado, proyectando en la sociedad su cuota de culpabilidad.

La soledad en la toma de decisiones, los vaivenes empresariales en los que la corrupción es referente del mercado, la angustia de quien se plantea cómo compensar el mal, los deseos manipuladores del corruptor situado en el trasfondo de lo que sucede en tanto que actor y cómplice, la confabulación de empresarios y políticos para arrancar de la sociedad beneficios ilícitos, el recurso al crimen para allanar corrupción y venganza, estructuras administrativas que permiten legalmente ocultar al perseguido de la justicia, son algunas características que se destacan en unas páginas, que, en suma, reflejan conflicto, muestran una galería de emociones y relaciones humanas y abren un entorno de intimidad en el que las cosas no suceden como se imaginan.

En su contraportada se puede leer: “Desde hace unos años el idealismo en nuestra sociedad ha desaparecido. Hubo otra época de milagros y excesos que explotó con el crack financiero llevándose por delante ilusiones, obligando a la mayoría a apretarnos el cinturón. Quienes vivimos la plenitud de aquellos años experimentamos una sensación de espanto cuando echamos la vista atrás, nos miramos en el espejo y recordamos el tiempo en que sí disfrutábamos de la vida y sentíamos que éramos partícipes de los cambios que estaban teniendo lugar. Pero hubo otros quienes se emborracharon con excesos pensando que la vida les sonreía gracias a sus dotes”.

Jorge Serrano no ha pretendido narrar un caso más de corrupción, sino que ha tratado de penetrar en el comportamiento del corruptor, el corrupto y la víctima, dando a esas figuras un carácter generalizable en la sociedad española. La novela pone de relieve cómo la corrupción, catapultada por la crisis financiera, se ha llevado por delante tantas ilusiones que, incluso, han incidido en el terreno más íntimo: el familiar.

Hay preguntas que surgen con el relato: ¿Estamos dispuestos a conseguir a cualquier precio un buen golpe económico?, ¿hasta dónde nos limitan nuestros principios si se trata de recurrir incluso a medios inmorales? ¿La respuesta es exclusivamente personal o tiene derivaciones sociales?

Digamos que lo narrado está inexorablemente vinculado a nuestra más inmediata realidad.

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