El Camino de Santiago y el Anillo de Giges

El apartado Historias Jacobeas aprovecha el lenguaje de los dibujantes actuales para renovar en formato historieta las narrativas del Camino

El Camino de Santiago y el Anillo de Giges
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.
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Xacobeo doble, este y el próximo año. Para ponerse en ruta y recorrer la madre de todos los caminos de Europa, la Biblioteca Nacional de España (BNE) ha inaugurado una singular exposición en la que, a través de la explosión de la cartelería de principios del siglo XX, reconecta el Camino de Santiago con su tradición celta y pagana. Se explica así en gran parte el creciente interés por el Camino de Santiago, que no es de nadie y es de todos, en particular de los que unidos bajo la denominación genérica de peregrinos emprenden y consuman una senda absolutamente personal de autoconocimiento. 

A través de los carteles expuestos en la BNE se refleja su recuperación. Convergen fuerzas disímiles pero misteriosamente unidas en esa empresa común. Artistas gallegos como Carlos Sobrino, Juan Luis Castelao, Carlos Maside y Camilo Díaz Baliño rescatan el celtismo y los mitos medievales aprovechando los últimos coletazos del romanticismo del siglo XIX. Y dan paso a un Camino en el que se incrusta su recorrido como actividad turística. Lo atestiguan las obras de Eduardo Santonja o Hipólito Hidalgo de Caviedes, que ya en los supuestos felices años veinte aspira a atraer a propios y extraños con lemas como “Visite España” o “España es diferente”, inventados mucho antes de que el desarrollismo franquista los utilizara en sus campañas publicitarias para atraer al turismo internacional.

De la Guerra Civil y su posguerra se exponen dos formidables carteles: uno de 1937 de José Caballero, el íntimo amigo de Federico García Lorca, y autor de todo el entramado escénico de las obras del poeta granadino, este último también representado por un original dibujo. El otro, elaborado por el publicista José Morell Macías, exhibe un Santiago teatral durante los años cuarenta.  Anteceden a los carteles de diseño y fotográficos de los años cincuenta, en los que hay obras de José García-Ochoa, de Julián Santamaría, “el mago del Letraset”, fundador del Grupo 13, y del Premio Nacional Francesc Catalá-Roca.  

Será en los años ochenta, los de la Movida, cuando el eclecticismo posmoderno y la profesionalización de la cultura aporten grandes cambios al Camino de Santiago, que se convierte así en un fenómeno global. El viejo cartel incorpora entonces lenguajes gráficos procedentes del comic, de la arquitectura, del videoclip, del cine y de la moda. Es lo que enseñan los carteles de Ángel y Álvaro Bellido, del publicista Luis Carballo Taboada, creador del eslogan “la arruga es bella” y que diseña en 1993 la mascota de Pelegrín, o de tres artistas emblemáticos de los ochenta, y que elaboran obra reciente de inspiración jacobea: Ana Juan, Javier Mariscal y Ouka Leele.

Dentro de la exposición, el apartado Historietas Jacobeas aprovecha el lenguaje de los dibujantes actuales para renovar en formato historieta las narrativas del Camino, trayendo a nuestro tiempo la tradición, para llegar a un público más juvenil, sin olvidar a todos los peregrinos caminantes se siempre que realizan el Camino de Santiago, procedentes de todos los rincones del mundo.  Los peregrinos heterodoxos de los que no se acordaba nadie 

Coincidiendo con la apertura de la exposición, que se anuncia viajará a otras capitales españolas tras su paso por la BNE, su comisario, José Tono Martínez ha sacado a la luz su última obra, ‘El anillo de Giges. Las peregrinaciones heterodoxas por Santiago’ (Ed. Evohé). Un homenaje a Valle-Inclán y a J.R.R. Tolkien y a la tradición del anillo iniciada por este pastor tracio, si hemos de creer a Platón.  

El autor busca alejarse de la imagen edulcorada del peregrino antiguo (y a veces del moderno) en cuanto a ser piadoso y santo, y se centra sobre todo en los heterodoxos y alquimistas, entre otros en Arnau de Vilanova, Raymundo Lulio o Nicolás Flamel, intérpretes del Cuerpo Hermético y buscadores de la Quintaesencia.

También comparecen los olvidados, las peregrinas, pues toda mujer que peregrina es una rebelde, las beguinas de Hildegarda de Bingen, brujas y hechiceras, depositarias del saber antiguo. Y asimismo otros grupos invisibilizados por la historia ejemplarizante del peregrino medieval: los chicos y jóvenes, los mendigos, los del precariado y el oculto peregrinaje gay.  

Exposición y lectura del libro de Tono ayudan a concluir que el Camino de Santiago no es un combate con un ser eterno, o con una geografía contingente, sino ante todo un combate desde uno mismo o contra uno mismo. El mapa importa poco; la guía, menos. Y, como afirma el propio autor, “es preciso ser, sobre todo, muy paciente, pues el Camino está adentro, no lo olvidemos”. 

Original y también de gran interés es el mural final de la exposición, un gran collage compuesto por las fotos enviadas por miles de peregrinos, cada uno con su propia y particular visión de un detalle que se le ha fijado en la retina. Una aportación masiva y popular, por lo tanto, que acentúa la realidad de que el Camino es efectivamente de todos y de cada uno el que lo recorre total o parcialmente en cualquiera de sus tramos extendidos ya por tantos países y continentes.  

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