Catedrales y Mezquitas

Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Del extremo este al oeste del Mediterráneo, dos monumentos religiosos de fama mundial padecen una tormenta apocalíptica de debates que implica a dos religiones en encarnizadas luchas fraternales milenarias. Santa Sofía de Estambul fue desde el año 360 hasta el 1453 el templo cristiano más insigne del Oriente europeo bizantino, para desde 1453, con la conquista de Constantinopla por los turcos, pasó a ser Mezquita, y en 1935, con la secularización y europeización de Turquía por Kemal Ataturk quedó en un simple monumento histórico, hasta que este año de 2020, por obra del presidente Erdogan, ha recuperado su pasado como Mezquita.

Por su parte, la hoy Catedral de Córdoba construida por los reyes godos al convertirse al catolicismo, al conquistar los árabes España hicieron de la catedral cordobesa mezquita, y con la reconquista los cristianos del norte volvieron a consagrarla como catedral en 1238,

Y mientras los cristianos ortodoxos de Oriente protestan contra la decisión de Erdogan, los musulmanes expulsados de España reclaman que se les devuelva la Mezquita de Córdoba.

En ambos casos, política y religión envenenan el ambiente, y los espectadores del mundo civilizado reniegan de divisiones evidentemente contrarias a la profesión de fraternidad universal que dicen defender la mayoría de los creyentes de ambas religiones y la Europa unida que desearía incorporar a Turquía al concierto de la UE, deseo compartido por muchos turcos, se enfrenta a un muro infranqueable que prolonga sine fine el ambiente de las Cruzadas medievales en que los europeos se empeñaban en recuperar Jerusalén y arrancarlo de las manos del Islam.

Un drama mucho más sangriento envenena la relación de los pueblos, afecta a tantos millones de musulmanes y judíos que fueron expulsados por los reyes de España en los siglos XV al XVII, y que hoy siguen añorando su patria perdida. Mientras muchos de ellos conservan las llaves de la casa que ocupaban en España, los judíos siguen fieles a la lengua española que hablaban en su niñez sus antepasados y se autodenominan sefardíes y llaman sefardí la lengua que hablan por toda Europa y América y Asia.

Mientras tanto, unos capítulos del Libro más español y universal, El Quijote, recogen en los capítulos LIV hasta el LXV de la segunda parte el reencuentro del Morisco Ricote con su paisano Sancho Panza, con una bota de vino como testigo de la españolidad que sueñan los árabes expulsados de España en medio de debates entre cristianos y musulmanes vecinos de un mismo pueblo en La Mancha, Murcia, Valencia, la Rioja y Aragón. 

La historia de España y de Europa, desde Constantinopla, Bizancio hasta Estambul, desde dos monumentos históricos de primerísima categoría, desde las voces de tantos musulmanes que viven en Europa y de tantos sefardíes que también vivieron la persecución nazi, reclama sin ninguna duda la superación de enfrentamientos sin sentido, y de un sentido de fraternidad universal que buena parte de cristianos y musulmanes sueñan.

Y toda a los políticos, a los pensadores de todos los pueblos afectados conducir el debate en términos de reencuentro y convertir a Europa y a España, al cristianismo y al Islam, en constructores y ejemplos de la paz universal. Seguramente Miguel de Cervantes, el Manco de Lepanto, soñó también en vida ese noble sueño.

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