Hace calor

Por
— P U B L I C I D A D —

«Ciencia es el conjunto de conocimientos racionalmente relacionados, con el fin de alcanzar la verdad»

Bianchi Lischetti

Pues sí…. hace calor que es lo que corresponde a la situación estacional del año en que nos encontramos y… ¿cómo no? es consecuencia del “cambio climático” (antes “calentamiento global”) que acabamos de descubrir con los ojos “infantilizados” en estos últimos años, después de miles de años de civilizaciones conocidas, de millones de años en la historia de los humanos, de cientos de millones de la existencia de vida sobre la Tierra y miles de millones de años de edad del planeta.

Y, como en el caso de la pandemia, surge la pregunta: ¿qué ocurría antes? Por lo visto antes nadie se moría en el mundo y por lo que parece es ahora cuando empieza el cambio climático. ¡Qué casualidad que nadie se percatase del mismo a lo largo de la Historia! A lo mejor eran sociedades maduras capaces de responder de forma simple a las circunstancias climatológicas. A lo mejor no había medios de manipulación de mentes y masas para provocar pánico. 

Hace unos días, encontré entre los muchos restos de trabajos dedicados a la consultoría de Ordenación del Territorio, Ecologia y Medio Ambiente de mis años mozos, unos simples datos referentes al clima de la provincia de Sevilla: “las máximas rebasan ampliamente los 40ºC de Junio a Septiembre, habiéndose llegado a 49º C en el observatorio de Dehesa Norte en julio de 1958 y a 47ºC en Ecija en julio de 1957”.

La curiosidad me llevó a buscar en datos históricos de esa misma provincia donde ya en el siglo XIX existían registros por encima de los 50ºC… ¡Caramba! En aquellos años el parque automovilístico (origen actual de todos los males) era tan reducido que hasta se podía aparcar delante de las casas. Es más, por seguir en tierras andaluzas: en Jaén ya tenían 46º en el año 1939. Claro que tales datos había que rastrearlos en tablas origen de los “Excel” actuales, accesibles a cualquiera y el Instituto Nacional de Meteorología (como tantos otros centros públicos) atendían o facilitaban de inmediato las consultas (hoy la presidencia de la AEMET me ha dicho desconocer su estructura interna y sus teléfonos). Y es que los tiempos adelantan que es una barbaridad….

No obstante las dificultades (es más, espoleado por las mismas) he seguido adelante encontrando un “histórico de datos meteorológicos” recogidos por una de las estaciones del centro de España, desde 1 de enero de 1950 hasta 31 de diciembre de 2000. Cincuenta años en una excelente gráfica de evolución de temperaturas máximas y mínimas donde se mantiene un ritmo semejante que oscila entre los 40º C de máxima y los -10ºC de mínima a lo largo de los años, salvo las llamadas “efemérides” o situaciones puntuales llamadas “olas de calor” (diez contabilizadas desde el año 1975 hasta la actualidad según el propio organismo oficial).

Cuando las medias de las temperaturas máximas desde el año 1973 hasta el 2021, se mueven en una horquilla semejante año tras año (20,1ºC/22,6ºC), es evidente que nos encontramos ante un ciclo climatológico similar anualmente, con las variaciones naturales estacionales que no tienen porqué ajustarse a nuestros esquemas administrativos surgidos de la necesidad de certidumbres que tenemos. “Nadie es perfecto” es la frase final de la magnífica película “Con faldas y a lo loco”. Pues el clima en la Tierra tampoco lo es: “Nunca llueve a gusto de todos”. Unos prefieren el invierno, otros el verano. Unos no pisarán la arena de una playa en plena canícula para broncearse, otros -cual chuletas a la parrilla- forzarán a su piel para conseguir un tostado que les “mole”. Unos eligen vivir en zonas frías y húmedas, otros prefieren las zonas cálidas y secas. Unos prefieren las montañas, otros las playas, otros las selvas o los desiertos , otros los núcleos urbanos, aunque la elección sea forzada por las circunstancias muchas veces.

Parece mentira que, a estas alturas, haya que recordar el origen de los llamados “cambios climáticos” en nuestro planeta “azul” (al igual que en el resto de planetas de los miles de millones de galaxias y de sus sistemas solares), situado a casi 150 millones de kilómetros del Sol al que rodea en una órbita oval, acercándose más o menos a sus radiaciones (variables) según la situación orbital y recibiendo en consecuencia más o menos energía. Una energía que ha servido para la aparición de la vida en la Tierra y para su evolución y desarrollo posterior.

Se ha achacado la mayor o menor proyección de energía a las conocidas “manchas solares”, causadas por disturbios en el campo magnético del Sol, que originan actividad como destellos y eyecciones de masa (tormentas solares). Unas manchas de formación diversa en cantidades, tiempos y formas con unas temperaturas de  más de 5.500ºK (grados Kelvin) en superficie, que calentarán la Tierra (y otros planetas) en la medida de su aproximación al astro solar. En el caso de la Tierra, la cantidad de radiación se reflejará y chocará con la superficie, así como con las nubes, afectando al clima. El ciclo solar se calcula en unos 11 años. Cuando hay menos manchas solares el Sol genera menos energía (la Tierra se enfría) y cuando hay más manchas solares hay más actividad (la Tierra de calienta). Se conoce incluso una “pequeña edad de hielo” hace más de trescientos años. 

Nuestro planeta por su parte tampoco se ajusta a “certidumbres” en sus movimientos alrededor del Sol, tanto en el plano orbital excéntrico, como en el movimiento de rotación donde se parte de una inclinación del eje de 23,5º que a su vez queda sometida al “bamboleo” del mismo (con más de 100 movimientos secundarios por clasificar) a medida que se produce el giro sobre el eje, lo que afecta también al clima en las diferentes regiones y en distintos ecosistemas.    

Pues bien, en ese caótico panorama se mete la política. Sobre todo los que están en ella como forma de resolver su propia vida y situación personal. Los que se agarran a cualquier teoría que sirva para mantener su trasero unido al sillón y la retribución vitalicia. Y, en vez de informar desde la Ciencia la ponen al servicio de sus intereses particulares por medio de su “compra” o “alquiler” con los impuestos de los ciudadanos. Para ello se basan en la supuesta ignorancia de la totalidad de la población a la que bombardean mediáticamente con todo tipo de rimbombantes “slóganes”: “Lucha contra el cambio climático”, “Planeta verde” o “Descarbonización” en este caso, se traducirán en las aportaciones pecuniarias extras de cada ciudadano, que irán a parar a los muchos “chiringuitos especializados” que son los beneficiarios finales (ni qué decir tiene que el clima seguirá adelante con sus peculiaridades ajenas a la “política” y a las élites “divinizadas” que juegan con ello).

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