
En el llamado “plan antiguo” de escolaridad, recuerdo como el sistema de memorizar las lecciones era cantar con monotonía los textos escolares. Así nos acostumbramos a decir que el Sol “es una estrella que nos da luz y calor”. Muy simple, muy claro y muy entendible desde la enseñanza primaria.
Luego, de adultos, la frase parece haberse transformado: “es la causa de que nos vayamos de vacaciones a la playa porque hace calor”. También muy claro pero alejado de las consecuencias: las radiaciones solares y las cremas necesarias para protegerse de ellas, so pena de graves daños para la piel.
Recientemente, ya metidos en “saraos” políticos, tenemos que escuchar que “el calor del Sol mata” para justificar el gran negocio surgido del “calentamiento climático”, las “emergencias climáticas” o las “crisis climáticas”, todas ellas con el corolario parecido: subir impuestos para la “lucha contra el cambio climático”.
Un hábil procedimiento de mezclar miedo con confiscación de rentas.
Curiosamente nadie parecía haberse apercibido del gran papel que el Sol y el CO2 tenía en el mantenimiento de la vida y la salud de los seres vivientes. Sólo la intuición popular y su gran conocimiento natural, sabía que el hecho de “sentarse al sol” un rato tenía efectos positivos en nuestros procesos vitales, al igual que el andar en nuestros procesos fisiológicos y dinámicos. El tomar el Sol prudentemente equivale a tomar dosis reforzadas de nutrientes y defensas naturales.
La gente entendía que esa estrella brillante (a la que no puede mirarse directamente), era un simple decorado que se podía poner o quitar a conveniencia de la Humanidad. Para eso (se supone) que somos una cultura basada en la tecnología y en los algoritmos, con capacidad de dominar por medio de unas teclas o de unas leyes nada menos que al Cosmos.
La supina ignorancia de unos y la soberbia prepotencia de otros, hicieron que respectivamente pareciera desconocerse que “la vida en la Tierra está conectada directa e íntimamente al Sol” (Paul Davies). Desde la formación del sistema solar y la integración en el mismo del planeta Tierra hace unos 5.000 millones de años, todos los planetas del mismo, han quedado sujetos en mayor o menor forma gravitatoria entre sí, pero sobre todo con el astro solar que, ya los griegos, bautizaron con el nombre de “Helios” en la mitología griega.
Durante miles de millones de años, la vida en la Tierra fue conformándose en base al cambio producido en la atmósfera, a la energía solar y a los procesos de formación de las primeras células a partir -sobre todo- del carbono y su química orgánica, para producir finalmente la fotosíntesis en el mundo vegetal y la generación de oxígeno (que ahora pretenden reducirse con el pretexto de la “”salvación del planeta” eliminando el CO2 de la atmósfera). Más tarde, los seres vivientes irían adaptándose a la situación medioambiental que les hubiera tocado. Un poco más cerca, el Sol se convertiría en objeto de adoración para muchas civilizaciones y culturas, reconociendo su dependencia.
Muchos años de Ciencia, estudio y conocimiento que hicieron progresar a la Humanidad, nos llevaron a la pretensión tecnológica de “ser como dioses” , por el simple hecho de manejar unos pequeños artefactos o juguetes (cuyo peligro real no alcanzamos a vislumbrar por nuestra adolescencia permanente). Ya sólo importa nuestro ombligo terrestre y nuestra supuesta capacidad de adaptar el Universo a nuestros caprichos o necesidades. Cambiamos el talento por la herramienta. Pasamos de la inteligencia natural a la “artificial”, sin darnos cuenta de la regresión evolutiva intelectual que esto supone. Preferimos que las máquinas “piensen” (eso es lo que creemos) a pensar nosotros.
De pronto, unas incidencias normales en el Cosmos y en la actividad planetaria o solar, más otras cuestiones relacionadas con la de la Tierra (órbita,ciclos, movimientos, bamboleo del eje, etc.) nos hacen ver que, quizás, hemos tocado techo evolutivo y ahora solo queda esperar las consecuencias. De forma inmediata los trastornos producidos de forma natural, cada día, cada minuto y cada segundo se han considerado de origen “antropogénico” y, por ello, las “comisiones” de expertos carecen de verdaderos “connoisseurs” científicosque puedan explicar (por ejemplo) la paralización de todos nuestros sistemas de redes, conexiones e instalaciones eléctricas, a causa de las tormentas geomagnéticas producidas en la superficie del Sol al estar éste en el punto máximo de su ciclo.
Día a día, minuto a minuto, ese ciclo es monitorizado y seguido por organismos internacionales en todo el mundo, como son en EE.UU. (por ejemplo) la NOAA o el SWPC que, en relación al reciente día 4 de junio de 2025, dicen: “ La actividad ha sido baja durante las últimas 24 horas. Actualmente hay cinco regiones de manchas solares. Se espera que la actividad solar sea baja con posibilidades de erupciones de clase M y una ligera posibilidad de erupción de clase X en los días 5,6 y 7 de junio”. Como vemos son pronósticos muy diferentes a los que los medios de comunicación habituales proporcionan en sus espacios de “El Tiempo”. De hecho, para millones de personas en el mundo, la actividad solar es precisamente un espectáculo maravilloso.
Una de las características más destacables del Sol es su estabilidad durante cinco mil millones de años, emitiendo al espacio radiaciones continuas, lo que produce una sensación de confianza y de seguridad para todos. Se supone que está situado en el centro de la galaxia y puede ser controlado en su actividad visualmente por medio de telescopios. Exteriormente es una enorme bola de fuego, en cuya capa “coronal” se dan todo tipo de fenómenos geomagnéticos: erupciones, llamaradas, turbulencias, eyecciones de masa coronal, etc. En esa superficie se pueden ver los llamados “agujeros coronales” y “manchas solares”, de actividad desigual que es mayor en la mitad de su ciclo de 11 años.
Interiormente es un enorme fuente de energía procedente de su núcleo, cuya presión puede hacerlo expansionarse en función de su temperatura interna en busca de su estado de equilibrio. En todo caso, la actividad solar parece estar reducida visualmente a su superficie y su repercusión en la Tierra es moderada gracias a la protección natural del planeta por su propio campo magnético. Eso proporciona la seguridad deseada ajena a los excesos alarmistas con que nos intentan amedrentar y someter ahora que lo han descubierto. Y “mola”…













