Vuelta a las andadas

Antonio Imízcoz
Por
— P U B L I C I D A D —

Vuelta la burra al trigo y el francés más irracional a los arcenes. Otra vez, veintitantos años después, nuestros productos hortofrutícolas, los de la huerta de Europa, los que no consiguen en cantidad ni en calidad los frutales franceses, ni las hortalizas holandesas, ni el tramposo vino alemán edulcorado mediante la chaptalización (echarle azúcar al vino, o sea, porque su uva no tiene ni la tierra, ni el sol ni el calor de la nuestra) derramados por esa cuadrilla de animales que son los agricultores galos que, no sabiendo cómo poner en valor, o producir mejor, el fruto de su tierra, se vuelven contra quienes sí lo saben hacer, que son los agricultores españoles.

Veintisiete años después, nuestros agricultores y nuestros transportistas no tienen al frente una Loyola de Palacio que se enfrente al torpe francés de turno (de hecho, el peliteñido ministro galo de la cosa, Marc Fesneu tenía, por entonces dos añitos), como lo hizo la carismática ministra de Agricultura, Pesca y Alimentación española, que se plantó ante su homónimo francés, en el primer Consejo de Ministros de Agricultura al que asistió, con una cestica de fresas y, plantándose en los morros le preguntó, en un correctísimo francés “Pourquoi les camions espagnols sont-ils tombés à la frontière?”, que si quieren se lo traduzco, pero ni falta que hace.

Hoy, nuestros agricultores, esos que se desloman desde Murcia a Andalucía, desde Castilla la Mancha hasta Aragón, la Rioja o Navarra, tendrían que esperar (desesperar) de un gesto así del pisaverdes de Luis Planas. Por no hablar del desamparo de nuestros transportistas, la mayor flota de Europa, si han de fiar del ministro de la cosa, el matasietes de Oscar Puente, más dedicado a la diatriba, el insulto, la chulería y la descalificación que a la defensa del sector cuyo nombre lleva en la cartera de la que presume.

El campo español, y su flota de camiones, vuelve a las (mal)andadas de los años del primer socialismo en el gobierno, a la orfandad de quienes pretendieron negociar la entrada en la Unión Europea maltratando, por ejemplo, al sector lácteo, a las huertas de Levante, a los cultivos hidropónicos de Huelva o Almería.

Sí, claro que sí, nuestros agricultores y nuestros transportistas tienen todo el derecho al cabreo, al pataleo, a emular —salvo en las formas— a sus colegas gabachos. Pero, mira, tal y como están las cosas, mejor que bloqueen Barcelona y les defienda Puigdemont.

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