Uso electoral del poder

Uso electoral del poder

Si Celaá no tiene empacho en utilizar la mesa del Consejo de ministros para lanzar mítines, ¿cómo no va a utilizar Sánchez el dinero de Hacienda para hacer campaña? Hacienda lleva semanas negando a las CCAA el dinero que les corresponde. Argumentan que estando el gobierno en funciones no tienen margen legal para realizar la transferencia. Pero, ¡tachán! Llega Pedro Sánchez a un mítin y anuncia el maná.

El gobierno siempre es un plus electoral para quien lo ostenta. Pero hasta ahora se guardaban las formas. Ahora se ha abandonado todo pudor. Si el ciudadano medio consume mediocridad y zafiedad televisiva a razón de 3 horas y media al día, ¿cómo no va a digerir estas faltas de respeto?

La Junta Electoral Central ya ha amonestado a la ministra portavoz. Probablemente hará lo mismo con Sánchez. Pelillos a la mar. ¿A quién le importa una tarjeta amarilla habiendo parné? Así que cabe esperar que la estrategia continúe hasta el 10 de noviembre. Y como “el dinero público no es de nadie” —constitucionalista dixit— ‘Juan Mamachicho’ percibirá que ‘papá’ llegó con la paga para las chuches…

Lo que no le perdonan en —ni en el resto de España— es que confunda el jamón serrano con el ibérico. ¿De verdad que aspira a presidir España? El ‘dormilón’ cree que España es una nación de naciones. Normal que no distinga el ibérico… Por lo mismo, tampoco distingue arancel de multa. Así será difícil defender el vino, el queso y el aceite español frente al proteccionismo de nuevo cuño.

Pero sacó a Franco. O pretende hacerlo a pesar de la petición de aclaraciones al Supremo y del previsible recurso ante el Constitucional y del casi seguro recurso ante Estrasburgo. Las cautelares para los cautos. Esa es la única baza electoral de Sánchez. Ni empleo, ni economía, ni productividad, ni solución mágica para Cataluña. Donde esté un muerto histórico que se quite la realidad presente.

Esa es nuestra desgracia. Pero a diferencia de las siete plagas de Egipto se puede revertir el 10 de noviembre. La democracia tiene la virtud de permitir el cambio de jinete cada cuatro años sin derramamiento de sangre. Si el ‘dormilón’ no cambia de colchón después de tanto es porque la oposición no está a la altura.

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