Una valija casi discreta

Una valija casi discreta
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

En 1971 Luis Buñuel ganó un Oscar por su película “El discreto encanto de la burguesía”. En la misma, el Embajador de la Republica imaginaria de Miranda introducía cocaína, disimulada en cajas de puros, a través de la valija diplomática. Ni Delcy Rodríguez, Vicepresidenta de la Venezuela de Maduro, que tiene su entrada prohibida en la UE por violar derechos humanos en su país, ni José Luis Ábalos, Ministro de Fomento, exhalan un discreto aroma burgués, pero, como muchos que toman el ascensor social a través de la política, sí destilan el deseo de llegar a una respetabilidad aburguesada.

La escala de Delcy, como todos le llaman para simplificar, no debiera de haberse producido porque el vuelo tenía que haber sido redirigido a un país no comunitario desde el momento que se supo (al menos, cuatro horas confiesan, más de tres mil kilómetros) que ella iba a bordo del avión alquilado para llevarle de Caracas a Estambul con escala en Madrid para desembarcar a su ministro de turismo que quería visitar FITOUR. Faltaron arrestos para desviar la aeronave.

La ausencia de transparencia en una noticia extraída con fórceps, sobre la que Ábalos dio innumerables versiones, ninguna aparentemente definitiva; la confusión sobre las verdaderas razones que propiciaron el encuentro entre los dos responsables gubernamentales; la inquietud sobre lo tratado entre ambos en una o varias reuniones (no se sabe); y bulos ciertos, falsos o semiverdaderos, han convertido este asunto en una ópera bufa o sainete ridículo propiciado por la falta de contundencia gubernamental en esta materia. Gobierno y oposición se desgastan tontamente defendiendo unos a Ábalos y otros criticando la sutileza diplomática, certificada por el propio Sánchez, del ministro.

Así las cosas, se cruzó la llegada del venezolano Juan Guaidó que ya no se sabe si es Presidente “encargado” (Sánchez hace un año), Jefe de la oposición (Iglesias y, ahora, Sánchez) o las dos cosas a la vez, como el doctor Jekyll y el señor Hyde, en un vano intento reconciliador, no se sabe si con equidistancia, eclecticismo o magia potagia, de la Ministra de Exteriores (de Sánchez y de Iglesias …), Arancha González Laya. ¡Menudo embolado le sirvieron en bandeja de hojalata su Presidente y su Vicepresidente! Con esos amigos, para que querrá enemigo alguno.

Guaidó, inteligentemente, agradeció cualquier gesto por parco que fuese viendo el vaso medio lleno y no vacío, como podía haberlo visto (así lo habrán considerado en Caracas) al haber sido degradado de Presidente a opositor por el mismo que le encumbró a lo primero arrastrando en ello a otros europeos que le siguen recibiendo, no como, sorprendentemente, Sánchez. ¡Lo que hay que aguantar cuando no se tiene ni la sartén ni el mango! En efecto, en Venezuela, país ahora fallido, empobrecido, saqueado y dividido por bolivarianos chavistas y maduristas, el fiel de la balanza está en manos de unos militares corruptos a los que se tienta para que se alisten en el bando democrático prometiéndoles cerrar los ojos sobre su pasado y su enriquecimiento bolivariano. ¡Vaya tela marinera!

Sin embargo, nadie debe tenerlas todas consigo, y de ahí que circulen con credibilidad subjetiva afirmaciones según las cuales la nomenclatura empoderada sin una clara legitimidad estaría preparando sus colchones de seda en el extranjero por si la suerte les abandona. Y aunque no les abandone. Tener fortunas ocultas en paraísos fiscales sigue siendo atractivo para los mandamases de repúblicas bananeras. Petrolera, en este caso.

¡Cuarenta maletas repletas de oro y dólares habría vomitado, dicen, el avión de Delcy en su escala madrileña a modo de valija diplomática. ¿Será cierto? A decir verdad, la cuestión no es ya tanto que sea o no verdad como que pueda serlo por el mero hecho de que, si bien en Venezuela dominan las clases populares, a decir de los partidarios del trampantojo bolivariano, el comportamiento sectario de sus dirigentes permite creer cualquier cosa.

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