Una lectura del voto nacionalista del 20D

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— P U B L I C I D A D —

El éxito de Podemos en las tres comunidades históricas podría dar a entrever un giro significativo en la lectura que quizá se podría hacer del significado del voto nacionalista, entendiendo como nacionalista lo que se refiere a las nacionalidades históricas, en contraposición al nacionalismo de signo español.

Es como si el concepto de nacionalismo se hubiese deslizado de una voluntad firme y tenaz de independencia con respecto al Estado español hacia una interpretación favorable a la cohabitación de las tres nacionalidades históricas en un solo Estado, junto con el resto de la España actual.

Vengamos a los hechos y a los resultados electorales del 20D. En Euskadi, Podemos se ha alzado como primera fuerza, con el 26% de los votos y 5 diputados, frente al PNV, segundo, con el 24% de los votos pero con 6 diputados, por mor de la ley electoral en vigor.

En Cataluña, En Comú-Podem ha obtenido 12 diputados, y por detrás de él ERC con 9 diputados, Democracia y Llibertad 8, PSC 8, y Ciutadans 5.

En Galicia el PP ha bajado de 15 diputados en 2011 a 10 en este 2015, Podemos y las Mareas han conseguido 6, el PSG otros 6, y Ciudadanos 1.

Estos resultados se han producido en un cuadro general de subida de la participación del 66% en 2011 al 71% en este 2015, y una caída generalizada del porcentaje de votos de los partidos nacionalistas con relación a las generales de 2011. En Euskadi, PNV bajó de un 27% de votos a un 24%, Bildu de un 24% a un 15%, PSOE de un 21% a un 13%, PP de un 17% a un 11,5%.

No son pocas las voces que reprochan a Podemos haberse embarcado en una línea roja como la del Derecho a decidir, y de un Referéndum en Cataluña, que en este momento hace difícil o imposible un acuerdo «a la portuguesa» con PSOE para formar gobierno, y según otros atenta gravemente contra la unidad de España, por más que Podemos jure y perjure que ellos están por la convivencia de todas esas nacionalidades en un mismo Estado.

Pero los hechos están ahí, muchos votantes de los partidos nacionalistas de Galicia, Cataluña y Euskadi han preferido la propuesta de Podemos antes que las de sus partidos de toda la vida. Y dentro del Partido Socialista, frente a las proclamas en favor de la unidad de España y contra todo intento rupturista y todo referéndum que lanza Susana Díaz, surgen voces antiguas que pretenden recuperar las tesis de los Jáuregui, Mario Onaindía, Egiguren, o un Pascual Maragall y otros socialistas catalanes, más abiertas a un diálogo con la nacionalidades históricas, o la misma de Pedro Sánchez que acaba de girar un visita a Lisboa con un cierto «sabor» a pacto de izquierdas…

Frente a la unidad a toda costa, intransigente e intolerante con cualquier modulación fuera del coro, los resultados del 20D parecen reclamar una vuelta a empezar, una reflexión más profunda y concienzuda sobre la deseable y posible unidad de esta Piel de Toro de nuestros dolores.

Ahí queda esta lectura del 20D como una hipótesis de trabajo, por si a alguien le pudiese interesar.

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