Un helicóptero sobre Cuelgamuros

Un helicóptero sobre Cuelgamuros
José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

El pasado 24 de octubre quedará como una fecha imprescindible para nuestra historia de España. Ese día de sensaciones encontradas, fue el designado para la exhumación de aquel general admirador de Hitler y que murió un 20 de noviembre de 1975, o al menos, así quisieron comunicarnos ese día a los españoles la muerte de Franco, coincidiendo con el aniversario mortuorio del fundador de la Falange Española José Antonio Primo de Rivera. Recuerdo de aquellos días que según la agonía de Franco avanzaba inexorablemente hacia la muerte, los muchos falangista y adeptos al régimen del dictador, bromeaban con la posible coincidencia del obituario, como finalmente fue.

En las televisiones que retransmitían en directo el traslado de la momia del dictador, frecuentemente se ponían aquellas imágenes de los fastos funerarios del día de su fallecimiento. Multitudes salieron a la calle a ver el cortejo fúnebre y allá en la explanada del Valle de los Caídos, lo más selecto del régimen acompañaba en su penúltimo viaje a Franco. Aquella fosa abierta donde se depositó el ataúd y la enorme lapida de granito de 1.500 kg anunciaba el fin de una época.

¿Habrá franquismo sin Franco?, se preguntaban los diarios de la época y los controlados tertulianos que por aquella época comentaban los estertores del régimen. Evidentemente y como no podía ser de otra manera bajo multa, arresto o destierro, se presumía de aquella máxima del “atado y bien atado” que se decía por entonces. Unas Cortes llenas de camisas azules y hombres del Opus Dei, un presidente del Gobierno como Carlos Arias Navarro, antiguo director general de Seguridad y hombre duro y franquista hasta la medula y un Juan Carlos I nombrado a dedo por el inquilino de El Pardo, daban la sensación de que la continuidad estaba cosida, pero solo estaba sujeta con finos alfileres. El resto ya lo conocemos y la transición dinamitó las supuestas ataduras con Franco y su ideario (¿?) porque la democracia iba a irrumpir de manera inexorable.

Tal vez el pasado jueves hemos asistido al capitulo final de la figura de Franco, con el traslado de sus restos a un lugar mas apropiado en estos tiempos. Ahora algunos dicen que porqué ha tenido que hacerse ahora cuando ha habido dos presidentes del Gobierno socialistas y ninguno de ellos han movido un pie para sacar a Franco de su madriguera, pero ¿se podría haber hecho antes? Felipe Gonzalez fue presidente un año y nueve meses después de la entrada de Tejero pistola en mano un 23-F de 1991 y no parecía lo más oportuno mentar a la bicha, no fuera a ser que hubiera algunos ”Tejeros” más. José Luis Rodríguez Zapatero puso las primeras piedras con la Ley de Memoria Histórica, algo imprescindible para iniciar la reparación a las victimas de la dictadura y sobre todo para iniciar la recuperación de los miles de cuerpos de fusilados que siguen en alguna cuneta o pared de cementerio donde fueron ejecutados.

Es necesario resolver el tema del Valle de los Caídos, pero también era urgente sacar a Franco de allí y se convirtió en una cuestión de honor para Pedro Sánchez, que solo ha visto retrasado su cumplimiento por las garantías que un estado de derecho ofrece a sus ciudadanos, poniendo la justicia al servicio de los múltiples recursos que la familia del dictador interpuso para impedir su exhumación.

El protocolo seguido en la ceremonia, ha sido impecable, digno y sobrio como corresponde a un gobierno democrático y respetuoso. Se mantuvieron las distancias entre familiares y autoridades como era entendible. La cobertura mediática fue enorme, pero se conservó la intimidad de los momentos delicados de la extracción del cuerpo de la tumba. Solo vimos imágenes desde la salida del féretro hacia su destino y una imagen que quedará en mi retina para siempre cuando el helicóptero alzaba el vuelo junto a la gigantesca cruz que corona Cuelgamuros. Esa imagen representa el fin definitivo de una época de nuestra historia ¡Franco por los aires! Pero no tras un atentado como Carrero Blanco, sino tras un impecable proceso democrático donde han intervenido los tres poderes del Estado, legislativo, ejecutivo y judicial.

Cualquier demócrata de izquierdas, debería de estar contento de como se ha hecho y en ningún caso se puede catalogar como acto de exaltación al franquismo. Salió a hombros de sus familiares, lo cual no es nada irregular. El féretro llevaba encima el guion de Franco y en ningún caso la bandera que simboliza su mandato de casi cuarenta años y los honores militares que reclamaban sus herederos para con la momia, se quedaron en nada, como no podía ser de otra forma. Los cuatro nostálgicos que fueron a los alrededores de Mingorrubio, no llenarían un par de autobuses…

Ha habido críticas desde Podemos sobre este acto, pero entiendo que son fruto de la confrontación electoral. En la derecha, el PP y Ciudadanos dicen que es una pérdida de tiempo y dinero, pero sus votantes (76,4% PP y 49% C`s) están claramente en contra de este hecho, con lo cual al final solo Vox dice en voz alta que el 100% de votantes, militantes y folklore de la España cañí, se oponen dando la cara. Estos últimos a los cuales no voto como es fácil de imaginar, son los únicos coherentes con su ideología y son parte del franquismo latente que aun se mantiene en España, pero los llamados centristas (son de derechas), dejan mucho que desear.

Ahora queda exhumar la fortuna de la familia del dictador que durante su mandato llenó a espuertas sus arcas en una actuación inversa a la de Luis Candelas, aquel bandolero que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. También un recuerdo para aquellos joyeros que tenían que sindicar sus pérdidas cada vez que la mujer del llamado “caudillo” Carmen Polo, acudía a uno de los establecimientos y arramplaba con lo más apetecible del muestrario.

Pero tras la salida de Franco del mismo lugar donde el verdugo coexistía con sus víctimas, queda de manera urgente resolver el triste relato de aquellos que tienen a sus seres queridos enterrados sin identificar y que ya viene siendo hora de poner solución. Aquellos cuerpos que fueron trasladados al Valle de los Caídos y que se encuentran en cajas semidestruidas, mal clasificados y dudosamente identificados no podrán ir en hombros de sus familiares. Es urgente taponar esa herida por donde sangra la democracia.

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