Un Gobierno negligente y varios errores a pagar

Un Gobierno negligente y varios errores a pagar
Eladio del Prado
Tras pasar por PRISA y Tiempo, fue fundador del diario económico NEGOCIO, donde ejerció como director adjunto y jefe de opinión hasta su cierre. Ahora es corresponsal de 'Crónica Global' en Madrid".

Un país en estado de alarma. O más bien en estado de sitio. Unos ciudadanos encerrados contemplando la incapacidad de su gobierno. Esta crisis del coronavirus es global. Pero los ciudadanos observan, observamos, que en España tiene mayor incidencia que en otros países. Ya hemos superado a China en número de muertos. ¿Por qué? Es la pregunta del millón. ¿Por qué en España el Coronavirus tiene más incidencia que en otros países? Seguro que la secretaría de Estado de Comunicación limaba la pregunta a Sánchez si hubiera oportunidad de hacérsela en esas pseudo ruedas de prensa. Negligencia informativa que se está volviendo en su contra. Mucha negligencia y bastantes errores en la lucha contra el Coronavirus. En la lucha por la vida. En la batalla perdida por muchos españoles, que no la tenían que haber perdido, porque todavía no era su hora.

“Se ha reaccionado tarde y mal. Faltan camas hospitalarias, falta personal médico, faltan respiradores, y falta también transparencia en la información oficial. En nuestro caso los periodistas tienen incluso que soportar que sus preguntas al poder sean filtradas por el secretario de Comunicación de la Moncloa” denunció Cebrián hace unos días en el periódico oficial El País. Tremendo. Peligro.  Seguro que han temblado las paredes de Moncloa. También lo denuncian desde los hospitales. No hay camas. Ni en Leganés, ni en Albacete, ni en Madrid, ni en Barcelona. Y los sanitarios cayendo como moscas por el Coronavirus. No ha dado la talla este Gobierno. No hay funerarias para enterrar tanto muerto. Pero alguna quedará para enterrar a este Gobierno. Eso sí ocurrirá, seguro. 

La opinión pública empieza a pasar factura a Pedro Sánchez y a su vicepresidente Pablo Manuel Iglesias. Ya están marcados. Las comparecencias televisivas del presidente se han vuelto en contra. ¡Vaya consejeros! El comportamiento de Iglesias al saltarse su obligada cuarentena para dejarse ver por las pantallas le ha puesto en la diana. Se comparte por WhatsApp la dirección del domicilio de Iglesias y su compañera Irene para que se envíen los datos para las pruebas el Coronavirus. Con basura en los sobres. También han quedado marcados los marqueses de Galapagar. Poco a poco se irá sirviendo la venganza de los ciudadanos. En platos fríos y pequeños. Pero se servirá. Y cuando aparezca el socavón económico lo normal es que desaparezcan todos estos gobernantes. De las grandes crisis no se salva nadie. Pregúntenle a Churchill. Y ésta es grande, muy grande, más de lo previsto. Y los errores la van a incrementar.

Todos sabemos que en tiempos de crisis hay que cerrar filas con el Gobierno para salir cuanto antes del agujero. Incluida la prensa. Eso ya lo sabemos todos. En China seguro que fue así. Pero en Europa, en las democracias, la prensa debe tener un papel fiscalizador, incluso en tiempos de crisis. Esa es su razón de ser. Pero no se ve hoy en España, comenzando por la televisiones. Hay excepciones, claro que sí. Y muy honrosas. Hoy se precisa más fiscalidad de la prensa que nunca para bajar de sus pedestales a estos políticos de camisa fina e ideas rotas. Más que nunca. Se ayuda al Gobierno criticando sus errores. Son muchos.

Nuestros políticos se han pasado varios meses riéndose de la crisis china —la hemeroteca no engaña— sin observar la gravedad del virus y su casi segura visita a  nuestro país. Ese pecado lo cometieron también los medios de comunicación. Era un problema chino. Pues ya es un problema español. Y no se tomó ninguna precaución. Nada. Nada de previsiones. Para preparar hospitales, para preparar equipos, para preparar al personal sanitario. Falta total de previsión. El Gobierno, ministro de Sanidad, consejeros de Sanidad de las Comunidades… eso es de los chinos. Hasta el ya famoso Fernando Simón, al que Sánchez hace caso en todo, dijo a mediados de febrero que “No hay razón para alarmarse con el Coronavirus (…) es una enfermedad con un bajo nivel de transmisión”. Gracias profeta.

A comienzos de marzo Italia ya estaba ardiendo.  Nuestro Gobierno no se enteró, o no quiso enterarse. Para no actuar. Venía el 8-M. Ya teníamos casos. No importa. Venía el 8-M. Que dé señales el guapo que le lleva la contraria a las mujeres. Sobre todo en su día señalado. Nadie se atrevió. Ahí están los resultados. Las manifestaciones de muchas damas conocidas sobre la necesidad de ir a la manifestación del 8-M quedarán para la historia. Y para el bochorno de bastantes. Ahora no se quieren oír. Ese fin de semana se celebraron 72 manifestaciones en España, un congreso de VOX, partidos de fútbol, fiestas… Todo lo que se les ocurrió a los irresponsables. ¿El Gobierno? No estaba. Sólo estaban las damas gobernantes en la manifestación y algunas ya pagan las consecuencias. ¡Vaya fin de semana! Irene, sigue repartiendo besos.

Entre tanto beso ya había desconfiados que pensaban que el lunes cambiaba la historia. Y cambió. El Gobierno tomó medidas. Pero pocas y débiles. ¿Por qué no lo hizo el sábado anterior? Que respondan Pedro y Pablo. Hoy no. Ya lo haréis en otoño. Ese lunes el foco estaba en Madrid. Cientos de infectados. Pero no se cerró Madrid. La presidenta Díaz Ayuso decidió cerrar colegios, guarderías, institutos, universidades. Vacaciones. Todos los estudiantes se fueron a sus pueblos. Se llevaron el virus a otras  zonas. Nadie se atrevió a cerrar Madrid. ¿Dónde estaba el Gobierno? Ausente. Y con las vacaciones se esparció el virus por toda España. Otro error.

Luego vino el estado de alarma. Algunos dicen que es un estado de sitio. Mal y tarde. Muy tarde. Se anuncia la alarma y no se ejecuta. Todo el mundo al coche y a su pueblo, playa o montaña. Fueron mal recibidos. Pero ya estaban allí. Con el virus. ¡Qué error! El virus extendido. Y ya que está extendido, cerremos el país. Muchas medidas tomadas ahora, pero se podían haber tomado antes. En enero o febrero. Y no reírse de China o de Italia. Muy lentos, Pedro y Pablo. Faltos de reflejos. Muchos errores. La cifra de muertos se ha disparado. Y falta de todo en los hospitales por falta de previsión. Vosotros sois los culpables, Pedro y Pablo. Que un enfermo duerma en el suelo por falta de camas es indignante. Y la culpa es vuestra y de las Comunidades y sus consejeros. Estabais en fuera de juego. Otro error.

Muchos errores y muchas negligencias. Muchos muertos en las espaldas. Tenemos una gran sanidad, pero con carencias importantes. Una de ellas es la falta de camas. Si hay enfermos tirados en los pasillos o durmiendo en sus bancos algo falla. Han fallado muchas cosas. Principalmente los dirigentes. Ante esta gran epidemia, como dijo Churchill tras el pacto de Chamberlain “os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra”. Os lo podéis aplicar Pedro y Pablo. Tendréis la guerra de los ciudadanos españoles. Todos. Asistiremos a vuestro entierro (político).

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