El jueves 23, una Cadena de Televisión presentó a Tarancón y el Padre Ángel como personajes destacados del 1978 en el proceso histórico que culminó en la Transición democrática, y tal vez, subrepticiamente, del papel que la iglesia española desempeñó en aquel momento y estaría desempeñando en la actualidad.
Un rol quizá edulcorado y descafeinado, que oculta la crítica y las posturas de la Iglesia española real que se movió y se mueve hoy también.
La guerra civil abrió entre los movimientos populares y la Iglesia una sima larga y profunda, que el mismo Pío XII pidió a los obispos españoles que intentasen remediar. Aquella llamada de Roma y la inquietud de los católicos españoles dieron lugar a la creación de la HoAc y la JOC, cuyos militantes en buen número se incorporaron a los movimientos populares que sentaron las bases de la democracia.
Tarancón tuvo que soportar no pocas veces las quejas y críticas de estos movimientos católicos de base, y de ellos somos testigos muchos creyentes de esta hora. Tarancón no dió la talla que diera en 1936 el Primado de España y obispo de Tarragona Vidal y Barraquer, que no volvió a ocupar su sede por el veto del Generalísimo Franco. Tarancón mantuvo una discreta distancia de los sacerdotes presos en la cárcel de Zamora, y de los que dieron vida a los movimientos cristianos del mundo obrero español.
Hoy, el Padre Ángel representa una línea de acción de la Iglesia española más proclive a la beneficencia y las ONG que a una legislación más justa con las clases populares que con las ambiciones desmesuradas del IBEX 35 y la Banca española. Una Iglesia que en la actualidad ha recogido el testigo de aquella de los años 1960 y 1970 más comprometida con los pobres.
En tiempos de Tarancón se luchaba en algunos sectores por una Transición democrática audaz y en otros por unos ligeros retoques al sistema de la dictadura. Hoy el dilema se sitúa en otros términos, una reforma de la Constitución con ligeros retoques, o algo más profundo y serio. Hoy el partido en el Gobierno utiliza a las autonomías para hacer valer sus propuestas, repartiendo premios a los que le siguen la corriente.
La Iglesia de Tarancón, sigue eclipsando a esa otra más comprometida con las causas populares.













