Rajoy en la casilla de salida y el dilema de Sánchez

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— P U B L I C I D A D —

A pesar del júbilo con el que la dirección del PP ha acogido la firma del acuerdo con Ciudadanos y, aún a riesgo de calentarles el cava, conviene que algunos vayamos recordando que Mariano Rajoy se encuentra, exactamente, en el mismo punto en el que dejó a Pedro Sánchez hace poco más de cinco meses. Con una mayoría minoritaria que, tal como se ha puesto la política en España, puede parecer ‘fastuosa’ pero que no supone más que un magro consuelo; 170 apoyos que conducirán al presidente en funciones al mismo lugar al que fue a parar el líder del PSOE con 161… al fracaso. Tan es así que‚ a estas alturas‚ ya nadie en España considera el debate del martes más que como un trámite, preceptivo legalmente pero nada más, para pasar a la siguiente fase. La que permita a Rajoy alcanzar su anhelada poltrona —ya veremos si ocuparla durante la legislatura completa porque una cosa es conseguir ser investido y otra poder gobernar con comodidad— o cosechar un segundo fracaso que le inhabilite ya‚ seriamente, como aspirante a la jefatura del Gobierno por tercera vez. Rajoy volvía el domingo tras la firma del ‘pacto de las 150 medidas’ a reivindicarse como líder único‚ temeroso como está aunque nadie hable aún de ello de que la pérdida del poder le aboque a un congreso de su partido —que ya debió haberse celebrado— en el que las cañas se vuelvan lanzas contra él.

Muchos, entre los que me encuentro, siguen considerando que, por encima de la idiocia de nuestros politicos en general y de la incapacidad de los ‘cuatro tenores’ en particular, el principal tapón para el desbloqueo de actual laberinto español en particular‚ sigue siendo Mariano Rajoy. Lo fue ya tras el 20 D, cuando Ciudadanos tendió su mano en primer lugar al todavía inquilino de la Moncloa para negociar una salida a la endiablada aritmética que dejaron aquellas urnas a cambio, «solo», de su sacrificio personal. No parecía un precio demasiado alto, salvo para el propio interesado y su guardia pretoriana. Enrocado en grado sumo, desairó al propio Jefe del Estado y se quitó de enmedio dejando el fracaso a un Pedro Sánchez cuyo sentido del Estado o cuya ambición‚ táchese lo que no proceda‚ le llevó a jugar una mano para la que no tenía cartas. Entonces, como ahora hacen los populares, el líder socialista pidió en vano —por el bien de España— una abstención que Rajoy le negó.

Presiones antidemocráticas

Ahora es el presidente en funciones quien se ve en una situacion similar, por mucho que se empeñe en presentarla como diferente. Y Sánchez, en una actitud no exenta de cierto rencor, niega su ayuda. Por no atender, ni siquiera atiende las llamadas. Solo a la luz de lo ocurrido durante estos últimos ocho meses puede enmarcarse, que no explicarse, la mayor y más antidemocrática campaña de presión hacia un partido soberano -el PSOE- en la historia de la aún joven democracia española. Una maniobra que, tratando de confundir los intereses generales de España con los de un grupo de poder que lo ostenta en toda la plenitud de su mayoría absoluta desde hace cuatro años pero cuya hora puede haber pasado ya tras dos elecciones fallidas, busca volver a enfrentar a los españoles en dos bloques irreconciliables. Y es que Rajoy ha conseguido divider España en dos: los ‘hooligans’ de la abstención de Sánchez y los que porfían que son muchos más —13 millones largos— los que no votaron a Rajoy que los ocho que sí lo hicieron.

Doble salida

Pedro Sánchez podrá finalmente propiciar la abstención de su grupo —o de al menos 11 de sus diputados— o podrá votar en contra del aspirante Rajoy; y ello será más o menos beneficioso para España. Pero haga lo que haga lo habrá decidido en el libre ejercicio de su responsabilidad como cabeza del segundo partido de este país. Y si se ‘suicida’ o no políticamente, será su problema y no el de quienes susurran a su oído lo que según dicen conviene al líder del PSOE cuando lo que en realidad buscan es satisfacer sus intereses personales o de grupo.

Claro que el dilema es endiablado para Sánchez; en términos taurinos, el joven profesor de economía solo tiene dos salidas: la puerta grande o la enfermería, pero será su elección. O Sánchez persiste en su ‘NO’ hasta el final y trata, tras propiciar el fracaso de Rajoy, de hacer confluir su proyecto con el de Podemos y los nacionalistas, articulando así una mayoría posible, o va de cabeza, como los demás, a una tercera convocatoria con un mensaje radicalizado, para intentar laminar a Podemos y obtener un resultado que le permita mirar al PP mucho más de igual a igual. En ambos supuestos, lo que pudiera quedar de Ciudadanos tendría la clave.

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