¿Quién le cuenta a usted el debate?

Por
— P U B L I C I D A D —

Una metáfora poética de Federico García Lorca nos sirve para resumir la manera que, como en el bucle de los versos que siguen, nos relata la prensa el debate sobre el estado de la nación, tras pasar por el filtro correspondiente de sus filias ideológicas:

¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!
¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!

Federico García Lorca

Al igual que sugieren los versos, todos los que han hablado en la tribuna seguirán siendo vistos por nosotros como son desde nuestra percepción, por mucho que se esfuerce cada relator en contarnos cómo debemos verlos.

Si repasamos las cabeceras que se disputan el cada vez más reducido número de lectores de prensa, encontramos relatos tan dispares que no parecen referirse al mismo episodio. Veremos que en El País presentan a un Pedro Sánchez que va a ocupar el centro político, frente a una Cuca Gamarra que, según explica el columnista de turno, actuó al estilo Casado dejando desnudo a Feijóo. Por su parte ABC advierte del acelerón hacia el extremismo, por un presidente radicalizado que hace suyo el programa populista de Podemos. Sánchez solo tiene dos salvavidas, dice uno de sus columnistas, culpar a Putin de todo y exculpar a Bildu del todo. La Razón precisa que el presidente redobla el castigo a la economía y, en igual sentido las publicaciones del mundo financiero anuncian populismo tributario y castigo a las empresas, con lo que coinciden en que Sánchez destroza el discurso de Yolanda Diaz.

En el plano político La Vanguardia indica que el choque dialectico con el PP muestra que cualquier posible acercamiento entre gobierno y oposición será nulo, lo que afecta a la renovación de jueces o la ley de memoria pactada con Bildu. Enric Juliana lo comenta con un titular de su marca “Bora Bora, el Sánchez resistente se revuelve ante las encuestas” aunque en el mismo periódico se incluya como contrapunto lo que escribe Fernando Onega: “Sánchez repartió toneladas de bienestar en modo verbal”. Otra cabecera de Cataluña, El Periódico, nos dice que el riesgo de populismo está en las medidas encaminadas a su electorado, más que en dar respuesta eficaz a los problemas.

En el lado opuesto a la versión de El País, tenemos El Español que nos dice que Sánchez entrega el centro a Feijóo. Libertad Digital es categórica “ruinosa podemización” por sus propuestas de más gasto y más impuestos. En Vox Populi un columnista considera al debate una muestra de los estertores del sanchismo. Es diario nos informa que ha visto en el Congreso a un Sánchez muy tocado.

Tratando de eludir en mayor medida pronunciamientos ideológicos, los titulares más repetidos por los comentaristas económicos se limitan a dar datos y afirman que la mera mención al impuesto a la banca, que solo permitirá recaudar 1500 millones, ha hecho perder 9000 millones a los accionistas. Y también reparan en el daño que ha supuesto para el valor en bolsa de Repsol, Enagás y Endesa el anuncio de recortar márgenes a estas empresas energéticas.

El capítulo de lamentaciones que acabamos de ver se compensa con la satisfacción que ha producido el discurso de Sánchez en los diputados socialistas y en sus socios de gobierno. Todos consideran que se trata de un éxito clamoroso, así como de un cambio de rumbo que mejorará la tendencia del voto, además de facilitar la negociación de los presupuestos. De ello da fe Público y señala que esperan que tales medidas sean permanentes y estructurales.

Por lo demás, el reencontrado debate del estado de la nación, hurtado varios años a la sociedad civil por simple conveniencia del poder, vuelve en un tiempo nuevo, con la percepción del ciudadano muy refractaria a tanto intento manipulador. Si nos vale como analogía, es como una tuerca que está pasada de rosca, por lo que un esfuerzo narrativo tan dispar no sirve para hacer posible un relato unívoco.

El éxito de la comunicación política se considera un desideratum que los partidos políticos aspiran conseguir. Solo Groucho Marx supo caricaturizarlo “No va a creer usted a sus propios ojos antes que a mí”. Durante mucho tiempo la cosa funcionó porque los electores sentían la adhesión a su sigla con la misma pasión que a su equipo deportivo, de ahí deviene el bipartidismo que se mantuvo durante cerca de cuatro décadas. La experiencia democrática ha ido calando como lluvia fina y se probó por sorpresa en Andalucía, por no dirigir nuestra mirada a Francia donde han desaparecido prácticamente las siglas que ocuparon la escena política desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Y dicho lo cual el lector podría preguntarse ¿qué conclusión puedo sacar de todo esto? Solo se me ocurre sugerir con humildad que, sea usted creyente o ateo, se atenga a seguir el consejo del evangelio cristiano: solo por sus hechos los conoceréis. Porque los hechos están a la vista y se harán aún evidentes hasta para los que no quieren ver.

1 Comentario

  1. Querido Abel. El supuesto «debate» es una muestra más del «retablo de las maravillas» con que nos tienen entretenidos en ese «trampantojo» de las ideologías inexistentes pero válidas para el relato.
    El «reparto» de papeles, los textos, las situaciones y hasta la escenografía son parte de la comedia que debemos tragarnos como «ruedas de molino» y que, en la versión original, puede provocar curiosidad pero es algo demasiado visto.
    En este «vodevil» (con entradas y saluidas de escena hilarantes) sólo cabe descubrir quienes son actores consumados (desde la Guerra Fría y su «mwentira necesaria») y quienes aún creen en el personaje que representan: la soberanía nacional. Los auténticos «idealistas». Todo ello bajo la batuta parcial y sesgada de una directora de escena enamorada y a los piés de «su» galán. Un «galán» que pierde brillo de forma continua y al que el mundo mediático cepilla continuamente, a pesar de que sus balbuceos con el texto, sus gestos impostados y su vestuario «moderno», sólo revelen la gran mentira que representan el guión (escrito por otros) y el personaje (cosido de retales).
    ¿Qué pasaría si lo dejásemos al final del reparto informativo? El cartón se cuartearía y nos daríamos cuenta de la absoluta inanidad y prescindibilidad del personaje para el que ya hay un actor figurante de sustitución para seguir la misma comedia: Feijóo.
    Un saludo.

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