
El Rey ha hablado. Según la tradicional norma educativa «cuando hablan los grandes, los pequeños se callan». ¡Pues esta vez no! Hablaron y mucho; a viva voz o por escrito; en cuanto a los susurros, algunos con mala intención, mejor dejarlos a los suyos. Sí, el Rey ha hablado, ¿por qué no? ¿Qué hay de extraño en esto? ¿No es un ciudadano como todos, con todos sus derechos? Sí y más. Es el jefe supremo, es el jefe de estado, es el primer responsable, diga la Constitución lo que diga, porque el éxito o el fracaso del país durante su reinado se atribuye y se atribuirá a él, y quedará eternamente en su haber. Porque, lo quiera el que quiera, o el que lo niega, es el padre de la familia, responsable del bien o del mal que hacen sus hijas e hijos. Es su deber preocuparse cuando la locomotora sale de su carril y como padre responsable debe, lo diga la Constitución o no, intervenir en los límites permitidos. Porque, como viene en el consejo atribuido al profeta Mohammad: ¨Quien de vosotros vea algo reprochable que lo rectifique; con su mano, si no puede, con su palabra, si no puede, con su corazón….¨
Lamentablemente casi todo lo que se cuece en el escenario político-social español actualmente, y ha durado ya bastante, es mucho más que reprochable. Para no dejarme tachar de pesimista, o mejor de ignorante, voy a limitarme a enumerar lo que mi amigo, el gran observador comentarista don José Luis Heras Celemín, hizo en su muy sensato y equilibrado artículo ¿Por qué ahora…?, considerando su resumen de la situación en la cual se encuentra actualmente España, más que suficiente y, terminado con un etc. muy expresivo, dice mucho más. D. José Luis resumió la alarmante situación diciendo: «Gobierno en funciones tras investidura fallida. Presupuestos Generales del Estado prorrogados. Próxima sentencia del Tribunal Supremo al Procés. Parlamento nacional en grupos de difícil acople. Clase política desprestigiada. Partidocracia cuestionada. Liderazgos efímeros con líderes en ciernes, etc.» Todo esto, con su etcétera es suficiente para que el primer responsable, el jefe supremo, el padre de familia se preocupe y sienta la obligación y el deber de intervenir aunque sea con la palabra. Seguro es, como dijo la Señora Matilde en el artículo del señor Heras anteriormente mencionado: «A mí no me gusta ver al Rey en esto. Es una forma de meterse en política que no beneficia a nadie» Tiene toda la razón señora, pero como dice nuestro refrán: nada te empuja más a lo amargo, que lo que es muy amargo. Como nuevas elecciones por ejemplo. Dejando de lado la pérdida de tiempo, los gastos, que son enormes, y posibles defectos y errores, para no decir manipulaciones «invisibles», ¿quién puede asegurar un resultado satisfactorio que saque el país del abismo?
El pueblo ya ha dicho su palabra: nada de mayoría absoluta; diálogo y consenso. Pero no. Primero que se vaya alguien que no quiero, luego de una manera u otra solucionaré el problema. ¿Hay un responsable de verdad, que no se preocupe de tal comportamiento y no hace nada aunque sea solo hablar? Hasta las rocas hablarán. Y si el Rey ha hablado ahora, now, adesso, maintenant, jetzt, es porque el vaso ha desbordado y ve lo que nosotros no vemos: El amigo Sr. Heras dijo: No parece que haya ruido de sables, es verdad; pero ya no sirven los sables; hay otros métodos y medios para hacer lo mismo que los sables, quizás más. El rey ha vivido, de joven, la experiencia de su padre y es una razón más para preocuparse justo ahora porque el viento sopla fuerte ya y la borrasca está cerca. Hay que llevar el barco a puerto seguro si no, cambiar el equipaje.













