¡Populismo o rebelión Ciudadana!

¡Populismo o rebelión Ciudadana!
Jesús de Dios Rodríguez
Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Actualmente jubilado. Empresario Import-Expot Sector Servicios. Titulado en Desarrollo y Dirección de Empresas en el IESE (Universidad de Navarra). Titulado en Dirección de Marketing en ESADE. Participó activamente en Política en los años 1986 a 1992. Perteneció al CDS, siendo presidente de la Ejecutiva de Majadahonda.

Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más grave crisis que a pueblos, naciones, culturas, cabe padecer. Esta crisis ha sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas.

El realismo se ha vuelto subversivo. Podríamos contemplar dos opciones: El pesimismo, que lleva aparejado ser calificado de reaccionario, o el optimismo, reservado para esos que defienden a los gobiernos actuales.

Conviene dejar claro desde el comienzo de un escrito, qué pretendemos con él. Pues bien, en mi caso es denunciar el pésimo estado de la política en España y en casi todo el mundo y como está afectando sobre la vida y el futuro de la sociedad en general. También se hace necesario y conveniente ofrecer o proponer reformas para mejorar ese estado en el que se encuentra la política en general.

Finalizada la II Guerra Mundial, el capitalismo proyectó un plan globalizador para la protección y expansión de sus intereses economicistas, para ello no dudó en someter a la sociedad a una manipulación bien orquestada y dirigida a través de los distintos medios a su alcance y sobrepasar el poder político estableciendo unas estructuras de control y formación económicas, laborales y culturales. Las consecuencias de esas políticas de mentalización globalizadora han terminado por arrastrar a la ciudadanía a un estado de indefensión y marginación inimaginables, han ido minando el interés participativo y coartando sus posibilidades reivindicativas ante cualquier proyecto político y social de futuro que se les ofreciera, se ha condenado a la sociedad a aceptar sin más opciones este tipo de políticas excluyentes limitándola a sobrevivir de la mejor manera posible,

La globalización ha sido la causante de la eliminación de la clase media, que para España había sido el gran soporte y motor que hizo posible la transición de la dictadura a la democracia y el principal baluarte en el establecimiento del estado de bienestar, que con gran esfuerzo se había conseguido. La clase media fue un sector de la sociedad decisivo para la construcción y consecución de la Unión Europea entre otros muchos logros.

Por tal motivo no puede extrañarnos la radicalidad de estos movimientos extremistas de repulsa que se vienen produciendo en todo el mundo, son la consecuencia de la brecha y el vacío que se ha producido entre ricos y pobres. Los sombríos y poco atractivos planes de futuro y las limitaciones a las que nos vemos sometidos cada día son mayores, por tal motivo podemos entender que el movimiento de protesta y de insumisión este justificado sobradamente. Ha nacido el nacional populismo. ¿Se podría esperar otra cosa ante tal situación de marginalidad y desoladora perspectiva de futuro?

El ejemplo más claro como insólito e inesperado, ha sido el asalto al Capitolio en Washington, en los Estados Unidos, (un país de referencia democrática por excelencia) donde las masas insatisfechas irrumpieron en la sede del Congreso, violando la seguridad y ocupando partes del edificio durante varias horas. Los manifestantes que han sido calificados como populistas, traspasaron la seguridad para entrar al Capitolio, ocupando la cámara del Senado que había sido evacuada inmediatamente, varios edificios del complejo del Capitolio fueron posteriormente bloqueados. En Europa, recientemente, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, declaraba: “Nunca antes, desde la II Guerra Mundial, Europa ha sido tan necesaria. Y, sin embargo, nunca ha estado tan en peligro”.

Deberíamos hacer una seria reflexión y encarar la realidad y preguntarnos ¿asistimos a una reacción contra el sistema democrático?, ¿estamos ante la decadencia imparable de las sociedades occidentales?, ¿está capitulando la democracia ante los intereses económicos de los grupos financieros y las oligarquías capitalistas?, ¿está el capitalismo apoyándose, manipulando y dirigiendo a los populismos extremos para conseguir sus fines? Muchas preguntas que requieren meditadas respuestas y contundentes soluciones.

Es esta la tendencia políticamente interesada y en extremo simplista que tiende a presentar el problema como si se tratara de una amenaza concentrada en ese cajón de sastre que denominamos “populismo”. Si realmente fuera así sería sin duda un problema menor, porque estaríamos hablando de una cuestión menor, un problema solo del 15% aproximadamente, ya que es lo que puede significar el número de votos que han obtenido los partidos denominados populistas en las elecciones europeas e igualmente la representación obtenida a nivel mundial, con la agravante de estar, además, fragmentados en distintos grupos parlamentarios y de ideologías cruzadas e intereses encontrados y opuestos.

La cuestión es mucho más compleja y la conocemos, los principales causantes de las crisis que padecemos y el nacimiento de estos movimientos “populistas” no son los outsiders que recogen aspectos de las reacciones adversas, todo lo contrario, son los insiders de los poderes establecidos, que constituyen las causas.

Son múltiples las reacciones de protesta y de violencia, por una parte, de la sociedad que, abandonada, excluida y hastiada, se empiezan a extender y a rebelar contra el sistema por diversos lugares del mundo, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Polonia, Holanda, Alemania, España, Rusia, Israel, Bulgaria Italia, Argentina, Brasil, Turquía, Hungría, Austria y muchos otros más.

La consecuencia de la implacable lucha entre los dos bloques de poder (anglosajón por un lado y asiático por otro) que se están disputando la supremacía mundial ante la pasividad de una Europa Unida, clasista, falta de contenido y sectaria, que mirándose el ombligo permanece en fuera de juego claramente,

La globalización-deslocalización, la masiva y descontrolada inmigración, carente de la más mínima voluntad y preparación para su adaptación a las nuevas costumbres del lugar, una irrupción de personas poco cualificadas que ha generado una bolsa de mano de obra barata y como consecuencia una competencia laboral salvaje que ha ocasionado el detrimento en la oferta salarial y por consiguiente la pérdida de poder adquisitivo, está situación está generando grandes cambios que la sociedad no acierta a encajar. La brecha entre ricos y pobres aumenta día a día y las consecuencias ya la estamos sufriendo, las reacciones de descontento social por esta situación de deterioro e incertidumbre motivada por el empobrecimiento y la falta de soluciones y proyectos no han tardado en ser calificadas como “populismo”.

Esta situación que se está produciendo, esta sublevación popular, es un movimiento revolucionario de desigual ideología en la sociedad mundial, es consecuencia de una acción de repulsa y protestas generalizadas como consecuencia del fenómeno producido por la globalización, que ha afectado sobremanera a los sectores económicos, culturales y educativos tanto de los países desarrollados como de los que están en vías de desarrollo, provocando más que un aumento en la calidad de vida de la población, el crecimiento progresivo de la pobreza y las desigualdades sociales. ¿hasta dónde nos llevará este movimiento de repulsa? ¿Qué consecuencias traerá para el futuro? Las respuestas deben ser analizadas en profundidad.

“El fenómeno populista” es el hartazgo de una sociedad que ha perdido sus raíces, sus referencias culturales y morales, asfixiada y presionada por la falta de expectativas de futuro, de recursos, el de una sociedad severamente castigada por la corrupción de sus gobernantes, de una clase política amparada y promocionada bajo el paraguas de un sistema caduco, ruin y mezquino. Un sistema y un poder de muy baja calidad y moralidad, reducido a la localidad nacional y suplantado, a nivel mundial, sibilinamente por las oligarquías capitalistas y los grupos financieros.

La falta de lucidez y realismo y la nula implicación de una sociedad acomodada y permisiva, adicta a los viejos postulados y anclada en las viejas y desfasadas ideologías que son tendenciosamente manipuladas, está permitiendo con su absentismo a que estos grupos de poder nos introduzcan en la más pura especulación economicista del beneficio, provocando nuevamente una situación de riesgo generalizado que no sabemos bien a donde nos lleva ni como acabara. Estamos obligados a reflexionar sobre nuestras vidas, sobre nuestra relación con el mundo y sobre el mundo mismo.

El futuro imprevisible se está gestando hoy. Ojalá se traduzca en una regeneración de la política, una protección del planeta y una humanización de la sociedad: es hora de cambiar de sistema.

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