‘Ministro Perejil’ como indicio

‘Ministro Perejil’ como indicio
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— P U B L I C I D A D —

‘Ministro Perejil’ es un invento de Macarena Olona, diputada de Vox en el Congreso de los Diputados, que usa como burla, puro pitorreo, contra el ministro Bolaños. En el diario de sesiones está recogido varias veces. Pulla, incluso desprecio. Lo es. También es el juguete dialéctico con el que, sesión tras sesión y pleno tras pleno, Olona ha atizado y sacudido al ministro. El uso del apodo podría tomarse como normal en la refriega verbal entre oradores. Chufla arriba o cuchufleta abajo, es un mote con el que satirizar o zaherir. Que chinche Olona si es lo que pretende y que Bolaños lo aguante como quiera o pueda. Pero no basta, ambos y los que están alrededor no pueden usar a un ministro español, sea éste u otros, como un bacín en el que desaguar mugres o verter chanzas.

Ministro perejil’ es un mote chusco que satisface a unos e irrita a otros. Referido a un miembro del Gobierno, el apodo afecta a uno de los poderes del Estado. Es cierto que el Gobierno tiene defectos, el de Sánchez más, y que en él no sería muy extraño titulares de carteras ministeriales con connotaciones culinarias. Perejil, tabasco, ñoras; hasta un ministerio para ajos, cebollas o azafranes. Hay veintitrés ministros, alguno con programas sin conocer, titulares que nadie sabe por qué lo son y propósitos inexplicados. Pero son parte de uno de los poderes del Estado; y como tal conviene respetarlos, protegerlos y defenderlos. A todos. No es lo que ha ocurrido y ocurre con el ‘ministro perejil’. Cuando salió a la palestra en el Pleno del Congreso de los Diputados, la presidenta tuvo la oportunidad de corregir. La Mesa del Congreso, después, pudo tratar de enmendar el entuerto. El Presidente del Gobierno, ministros, portavoces parlamentarios. Fiscalía. Se pudo hacer algo. Pero nadie ha hecho nada. Se tolera como si solo fuera la boutade que no es. Es la afrenta a una entidad nacional que conviene proteger.

Estamos en momentos difíciles. Con un Gobierno de coalición que a lo largo de la legislatura ha trampeado ante una realidad que le sobrepasó. Con la mentira como base y disculpa para acciones que no tuvieron ni tienen otra justificación que el egoísmo. Expertos, que no existieron, para justificar vaya usted a saber qué. Estados de Alarma suprimiendo derechos constitucionales. Aumento de gastos. Desborde de previsiones improvisadas. La realidad actual, visible desde lo que ‘enseñan’ unos medios de comunicación financiados, precisa veracidad, fortaleza y pragmatismo.

En esta situación, el ‘ministro perejil’, con independencia de la valía o falta de ella de Bolaños, no puede convertirse en un títere. Ni existir. Atañe a todos, Bolaños y Olona en primer lugar y sobre todo a la responsable de lo que ocurre en la Cámara en que apareció, poner coto a una situación que perjudica a España, integrada en la UE y en puertas de una cumbre OTAN convocada en Madrid. Corríjase, pues, como deba y pueda situación y mote. Después, y porque conviene evitar afrentas y recuperar la entidad nacional dañada, parece necesario que los poderes del Estado busquen la forma de resarcir pérdidas. En un Estado de Derecho como el nuestro hay órganos (Poder Judicial y Fiscalía) y previsiones legales (Nuestro ordenamiento jurídico) capaces para ocuparse de la situación y obrar como conviene. A título de ejemplo y sin agotar iniciativas, parece necesario exigir responsabilidades principales a: La Segunda autoridad del Estado, el presidente del Gobierno Sánchez que nombra y mantiene a un ministro convertido en ‘ministro perejil’, sin ver el daño que causa a España. A la tercera autoridad del Estado, Batet, que en su momento no tuvo la inmediatez o inteligencia precisas para corregir el mote. Y a todos lo que, viendo la situación o sin verla, no han sabido evitarla.

Dejar que esto pase no es sólo el mamoneo del ridículo a un ministro. Lo merezca o no, y esté próximo su relevo por este u otros motivos, si no se evita el conformismo con un ‘ministro perejil’, lo que ocurrirá, si no está ocurriendo ya, es algo incompatible con el bien hacer, el respeto a las normas, la verdad y la responsabilidad. Es algo grave que, hasta con un Gobierno como el actual, hay que evitar. Porque el invento de Olona es un síntoma: ‘Ministro Perejil’ como indicio.

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