MASH 2020

MASH 2020
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

MASH fue una serie cómica televisiva americana de los años setenta y ochenta que subrayaba absurdos y contradicciones empleando un ámbito médico castrense en la guerra de Corea. Vivimos, ahora, en España una tragedia sanitaria y económica que se desarrolla por fases salpicadas, también, de sainetes políticos que dejan tan atónito al respetable que los sondeos reflejan su inmovilismo electoral. Unas elecciones mañana arrojarían, dicen, un resultado semejante al de noviembre pasado. Claro que, solo son sondeos.

Bastantes analistas subrayan la falta de empatía de Sánchez en intervenciones frías, técnicas, largas, farragosas y reiterativas en las que parece más bien un opositor desgranando un tema ante el creciente aburrimiento del tribunal y de una audiencia que, desconcertada, vuelve a sus preferencias previas al no ser concluyentes los nuevos méritos o deméritos. Suspenso en comunicación.

Ello es fruto de dos factores. En primer lugar, el pecado original de la formación de un gobierno que el propio Sánchez había demonizado durante meses tras las elecciones de abril de 2019. Arremetió tan fuertemente hasta las de noviembre contra Iglesias que su “volta face” instantánea, contradictoria y engañosa tras estas últimas, lastra su gobierno Frankenstein en el que la influencia de Podemos, buena o mala según cuestiones y opiniones, es sentida, por desconfianza, como perniciosa incluso por votantes socialistas, descontando, naturalmente los incondicionales que como en todas las formaciones políticas confunden su partido con su club de fútbol preferido.

En segundo lugar, asistimos asombrados a dos fenómenos. Por un lado, el comportamiento adolescente del Partido Popular que sólo ejerce su legítimo derecho de discrepar, a veces con razón, sin mostrar una clara disponibilidad para ayudar a salir de la crisis y abordar la reconstrucción económica del país que se beneficiaría del entendimiento entre el gobierno y el principal partido de la oposición que, con sus brazos cruzados, renuncia a liderazgo alguno. Prefiere la inacción a emprender con el PSOE la senda deseada por la mayoría de los españoles. Apuesta, obviamente, por no pringarse si la pareja Sánchez-Iglesias topa con otra catástrofe.

Por otro lado, nuestro país es tan complejo políticamente que el binomio gobierno “versus” oposición en la capital del Reino no solo se multiplica por 17 autonomías, sino que en las mismas la gobernanza, con sus competencias sanitarias y económicas incluidas, está repartida de tal forma que, finalmente, todos los partidos españoles gobiernan de un modo u otro el país. No tiene sentido ignorarlo. 

Una cosa es ejercer las competencias directoras del Gobierno central y otra realizarlo de una forma ajena a consultas que no sean ficticias o inexistentes con la oposición en las Cortes y con todas las Autonomías, poniéndose de manifiesto que el líder supremo socialista, que tiene el partido y el gobierno que quiso, solo sabe mandar y apenas concertar que es lo que exige el esquema constitucional español, incluso con una mayoría absoluta que no tiene Sánchez. El peso vuelve a caer directamente en los españoles de a pie que, con algunas lamentables excepciones, siguen disciplinadamente las indicaciones gubernamentales preguntándose cómo será en el futuro su seguridad sanitaria y económica si en una crisis tan magna los políticos son como verduleras.

MASH es demasiado antigua como para visionarla actualmente como remedio humorístico, pero los absurdos que subraya y que asimismo constatamos ahora a diario cuando nos cuentan lo que ocurre en ese mundo cerrado de la casta política que tanto denostaba Iglesias y a la que él y los suyos tan bien se han adaptado, pueden quizás encontrar consuelo en los chistes que diariamente circulan, aunque no en la amargura de bulos falsos y rencorosos. Saldremos ahora prudente y disciplinadamente del marasmo del coronavirus, “desescalando” el confinamiento, aunque sin la claridad deseable mientras falten no sólo los “tests” imprescindibles sino también remedios verdaderos y vacunas milagrosas. Velas a Santa Rita para ahuyentar rebrotes. Llegará, también, la hora de las responsabilidades de quienes condujeron frívolamente el coche, recientemente y antes, y que no solo lo embarraron imprudentemente, sino que nos admonizan diariamente sin pudor para sacarlo del fango.

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