
Yo, de verdad se lo digo, estoy ya deseando que pase el 28 de mayo. Y no sólo para darle a Pedro Sánchez una patada en el culo de sus barones autonómicos y municipales, que también; no, sobre todo para no tener que seguir aguantándole el espectáculo de prestidigitación, la exhibición de sus consumadas mañas de trilero malo, al que, por más que mueva con rapidez y soltura los cubiletes, se le ve la bolita, de tan acostumbrados que estamos a sus manejos.
A Sánchez, el felón, le han debido convencer ahora de que lo de la vivienda y el agua (pero solo en Doñana, oiga, que de Valencia, Castilla La Mancha o Murcia no hablamos, por si acaso) son bonitas bazas para, de cara a las elecciones que vienen, intentar hacer olvidar todos sus desmanes anteriores, desde los indultos a los independentistas a la excarcelación de violadores que ha permitido su —sí, su, de su gobierno— Ley del Solo Sí es Sí, devenida por su mal hacer, en Ley de Vete tú a Saber.
Pero es que, a estas alturas, a Pedro Sánchez se le ve la bolita del trile desde lejos, y resulta que las bazas que juega vienen, como no podría ser de otra manera en manos de un tahúr tramposo, marcadas y en lugar de triunfos se convierten en algo tan inútil como los doses y treses en el mus que, los que nunca aprendieron a jugarlo tal como se inventó en Navarra los convirtieron en ases y reyes, para así ligar jugada más fácilmente.
Porque Sánchez, que promete más y más viviendas, ahora de la SAREB, el “banco malo”, ahora de construcción oficial en terrenos del Ejército, está convencido de que los españoles no le cazamos el birli-birloque de la falsedad. Y es que la competencia en viviendas oficiales es de las Comunidades Autónomas, de esas en las que gobierna el PP y de las que va a perder el PSOE a finales de mayo. O sea, que Sánchez juega a la engañifa de “yo invito y tú pagas”, mientras no dice nada de las ventajas que la propia Ley de la Vivienda, ya calificada como nefasta por los expertos inmobiliarios, otorga a los okupas amigos de sus socios de Gobierno.
Y Doñana, oiga, el agua en Andalucía, pero también en Murcia, y en las dos Castillas, y en Aragón… El agua es un problema de toda España, que los políticos de cualquier signo utilizan, como si esto fuera la Batalla Naval de Vallecas, como arma arrojadiza, según les vaya en ello. Pero Sánchez, el fullero enfermizo, ha creído ver en la propuesta de la Junta de Andalucía una gatera por donde desgastar al gobierno andaluz. Tanto que, para que no le vieran votar junto al PP la reforma de la malhadada ley del Sí es Sí, se escapó, porque es un cobarde, nada menos que a Doñana. Eso sí, sin mencionar mucho que el asesor que en Bruselas está comiendo la oreja al Comisario de la cosa es un hijo del desastre de Ministro de Agricultura español Luis Planas.
Y estoy convencido de que Sánchez, incapaz de autocrítica, de verse feo en un espejo, ensimismado en su poder y entregado a su mismidad, no parará mientes en que los palmeros (los de Canarias, no los de Moncloa, que esos ya van bien aviados) aún esperan que cumpla su promesa de viviendas para los afectados por el volcán, que el Levante español se muere de sed y su agricultura se muere de pobreza, mientras su gobierno se dedica a destruir pantanos, embalses y azudes. Y es porque el individuo este con quien tenemos que cargar —aunque espero que ya no mucho— todo se le va en estratagemas, subterfugios, ardides, argucias, artimañas, trampas y tretas, en trucos de fullero, en mañas de trilero.














Gracias Antonio!
Qué arte de trilero tiene este fullero.