La Política son hechos no palabras. Acta Non Verba.

Pedro Duque
Marta Pastor
Periodista y poeta de Madrid, directora y presentadora de "Ellas Pueden" de Radio 5.

Hace unos días veía la película El Reino, y siento hacerles un spoiler sobre ella. En un momento determinado en El Reino podemos ver a una periodista preguntándole a uno de los políticos corruptos, que de pronto va de “bueno”, si durante el tiempo que estuvo robando a manos llenas fue consciente de que estaba perjudicando a la gente a la que debía representar, y que si se arrepentía de ello. Que gran silencio se produce entonces.

Hace unos días asistíamos, ya sin ninguna sorpresa, a la revelación por un medio de comunicación de la noticia que nos contaba, que Pedro Duque, hoy ministro de universidades, ingeniero y astronauta de profesión, tenía sus propiedades a nombre de una sociedad instrumental, con el fin obvio, de no pagar impuestos. Además, hemos sabido a posteriori, que el ministro parece que no está al día de sus obligaciones tributarias, ya que, a pesar de usar esas propiedades para su vivienda habitual, no consta en las cuentas de la sociedad, que tuviera ingresos por el auto alquiler preceptivo por Hacienda, con lo cual el balance que arroja esta situación, tremendamente irregular, es que Pedro Duque le “distrajo” a la Hacienda Pública por lo menos la cantidad de 82.000 euros en IRPF.

Asistimos también, a una comparecencia del Ministro en la que nos explicó, de una manera muy torpe, por cierto, como veía él la situación y cuales habían sido sus motivos para poner en marcha esta sociedad. Me temo que, si estas explicaciones las hubiera hecho como un ciudadano de a pie, ante un inspector de hacienda, a estas horas tendría abierta una inspección. Posteriormente la ministra Celaá, nos expuso, además, muy a su modo, al que ya estamos empezando a acostúmbranos, que Pedro Duque no es un político al uso, que es un astronauta. Parece ser por lo que pudimos escuchar, que en este país los astronautas no pagan impuestos. Por decirlo de una manera fina, la perplejidad cubrió mi rostro en esos momentos. No me imagino ni por un instante a un contribuyente de la “ordinary people” sentado ante el inspector tributario, indicándole que el posible fraude fiscal en el que incurre, es por el mero hecho de ser astronauta. La verdad es que he visto excusas mejores.

La realidad es demoledora y apunta a varios desprecios hacia el resto de los españoles, que tenemos que pagar nuestros impuestos sin pestañear, ni más ni menos que, por que es preceptivo por ley, y porque con esos impuestos se construye la vida de todos. Una de esas ofensas es considerar que por estar en la política o en el espacio exterior flotando al costado de una nave interestelar, el ministro con escafandra estaría por encima de cualquier ciudadano. La soberbia impertérrita del que pisa moqueta en los círculos de poder es espectacular. Ese mirar por encima del hombro al resto de los mortales que les queda como un guante, como un traje hecho a medida una vez que se asientan en el escaño o en la Moncloa. La vara de medir para todos, pero no para ellos. La obligación y la norma para los ciudadanos, pero ellos siempre por fuera. La excusa perfecta. La mentira como mantra y dicha ante un micrófono selectivo que decide quien pregunta o quién no pregunta. La historia interminable de privilegios a la carta que se distribuyen entre ellos, la casta política —si esa parte de la casta que, por ejemplo, Pablo Iglesias, olvida siempre— en la que se tapan unos a otros.

Ayer Pedro Sánchez creaba un nuevo adjetivo para su gobierno. El gobierno empático, pero me temo que desconoce la dimensión de esa palabra. Empatizar, ponerse en el lugar del otro, tener ese sentimiento que hace que alguien pueda sentir lo mismo que otra persona a pesar de no estar pasando por la misma situación. La empatía permite experimentar la realidad del otro y compartir sus sentimientos. ¿Dónde está la empatía con los ciudadanos y las ciudadanas de este país, que pagamos nuestros impuestos sin trampa ni cartón, sin ingeniera fiscal? ¿Dónde está la empatía cuando se eluden obligaciones fiscales y con ello se deja de contribuir a las necesidades sociales de las que tanto hablan últimamente?

Tal vez Sánchez y su gabinete tendrían que ponerse ante el espejo y hacerse la pregunta de la periodista al corrupto en la película El Reino ¿Son ustedes conscientes de que están perjudicando a la gente que representan y se han arrepentido de ello en algún momento? Me temo que estaríamos, como en la película ante un gran silencio. La política son hechos no palabras. Acta Non Verba.

Son las ocho de la tarde. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 22 grados.

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