La cocina del CIS

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— P U B L I C I D A D —

El valor referencial que se le otorga al Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nace de dos suposiciones respecto a las encuestas electorales: La 1ª es que tratándose de un Centro Oficial con funcionarios competentes cuya misión es la investigación sociológica, sus dictámenes deberían ser los más fiables como resultado de un trabajo en la “cocina” que estaría presidido por la máxima objetividad. La 2ª suposición es que existe una razón añadida para otorgarle esa fiabilidad, pues no hay razón para que su pronóstico tenga que agradar a quien paga el encargo, como a veces ocurre en las encuestas que publican algunos medios, cuyo resultado suele favorecer sospechosamente al partido con el que dicho medio simpatiza por ideología.

Partiendo de esta premisa no deja de sorprender que en la reciente publicación de la encuesta del CIS de noviembre otorga al PP el 28,6% de los votos y al PSOE un 20,8 %, casi empatado con Ciudadanos (19%) y deja muy distanciado a Podemos que no llegaría al 10%. La sorpresa vendría dada porque este pronóstico, elaborado por la “cocina” del CIS, no guarda la congruencia que cabría esperar con el resultado de las respuestas obtenidas en las 15.000 entrevistas de que consta la muestra, sin duda la más completa en cuanto a número de todas las realizadas por otros consultores y expertos en demoscopia. La aparente incongruencia se aprecia en los datos de voto directo más simpatía, pues con la respuesta espontánea de los encuestados el PP suma 32,9 puntos (16,2+16,7 y el PSOE 33,8 (14,9+18,9). Y si a ello se añade que a la pregunta ¿Quién le gustaría que ganara? Los encuestados responden en porcentaje del 18.9% que el PSOE y en el 18% que el PP, no parece tan lógico para el lector que la “cocina” del CIS otorgue 8 puntos de ventaja al PP en el resultado esperado para el 20D.

El lector bien informado que tiene criterio independiente y sigue sin pasión ideológica el desarrollo de la campaña, seguramente forma parte de ese 41% que no tiene decidido aún el voto, y cree con razón que en ese alto porcentaje se ocultan muchos votantes que no tienen ninguna duda respecto al destinatario de su voto, pero prefieren ocultarlo con una respuesta piadosa al encuestador de turno. Es, en la llamada cocina del CIS, donde los sociólogos que interpretan las variables del extensísimo cuestionario, extraen los puntos que añaden a la respuesta directa para publicar el resultado que, en su prolijo estudio de 23 páginas, anuncian para las elecciones del 20D. El riesgo que asume el CIS para su credibilidad no es baladí, pues partiendo de lo dicho se ha aventurado a dar éste pronóstico:

Resultado de los partidos estatales (CIS) Horquilla de escaños que obtendrán
PP 28,60% 120-128
PSOE 20,80% 70-89
C’s 19,00% 63-66
PODEMOS 15,70% 45-49
IU-UP 3,60% 3-6

Y es que resulta, al respecto, que desde hace tres meses, si uno se molesta en recopilar diversas encuestas publicadas en medios que no se identifican ideológicamente con PP y, para dar mayor seguridad al resultado extrae la media de dichas encuestas, el pronóstico es significativamente distinto:

Resultado (No afines PP)
PP 23,20%
PSOE 22,73%
C’s 20,37%
PODEMOS 17,57%
IU-UP 5,50%

Un último ejercicio le queda por hacer al lector escéptico que se resiste, porque lo considera un insulto a su inteligencia, a la manipulación a que quieren someterle unos y otros. Para ello recopila otras encuestas del mismo periodo, realizadas en este caso por encargo de medios más identificados con lo que representa el PP. Y el cuadro que obtiene es el siguiente:

Resultado (Afines al PP)
PP 28,66%
PSOE 22,42%
C’s 18,18%
PODEMOS 13,98%
IU-UP 4,56%

A la vista de tan dispares trabajos estadísticos el lector extrae la conclusión provisional de que el CIS se juega un importante grado de credibilidad al haber realizado un cocinado de la encuesta con tan notable diferencia entre el PP y el PSOE, una diferencia que, como se aprecia en el último cuadro comparativo de medias, es incluso muy superior a la que asignan los medios más propicios al PP en su línea editorial. Otra cosa es que la credibilidad sea un bagaje de escasa importancia en estos tiempos de fugacidad líquida.

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