Junqueras, Podemos y López Madrid. ¡Que vuelva la Primera República!

José Joaquín Flechoso
Articulista de la actualidad política en diversos medios. Fundador y presidente de Cibercotizante. Experto en networking sobre cuya actividad dirige jornadas entrevistando a personajes del mundo empresarial, administración, cine y moda.

Mucho se ha escrito sobre la Segunda República de 1931, entre otras cosas porque cambio el rumbo de la historia al producirse un golpe de estado que desembocó en una guerra civil, pero de la Primera República, aquella que, entre otras cosas, no cambio el color de la bandera de España, ha pasado por la historia como más desapercibida. Ese periodo sin embargo, tiene capítulos que nos hacen reflexionar y especialmente el peculiar comportamiento de su primer presidente, así como la situación territorial con Cataluña que ahora, como entonces, siempre ha sido un elemento de tensión difícilmente comprensible, si bien en aquellos tiempos de mediados del Siglo XIX, ya existía el concepto federalista, el cual aún no se ha puesto en práctica nunca. Yo al final, no sé si es un concepto viejo, nuevo o inviable.

En febrero de 1873, la renuncia de Amadeo I de Saboya al trono español en medio de una gran inestabilidad social había supuesto la proclamación de la Primera República y con ella, el nombramiento de Estanislao Figueras y Moragas como su primer presidente, un republicano federal de gran prestigio, catalán de Barcelona.

En 1855 fue elegido diputado a Cortes, defendiendo la instauración de un régimen republicano y abogó en favor de la descentralización del Estado. En 1867 fue condenado a prisión por sus ideas para aquel entonces tachadas de revolucionarias, lo cual motivó su fuga a Portugal en una especie de condena-destierro, hábilmente negociada. A su regreso un año después, ingresó en el Partido Federal liderado por Pi y Margall, y fundó el periódico La Igualdad, desde cuyas páginas defendió su doctrina federalista.

En febrero de 1873 fue elegido presidente de la Primera República, cargo que ocupó hasta junio del mismo año, en que la crisis económica, así como la división interna en el seno de su propio partido y la proclamación del Estat Català, que sólo pudo revocar aceptando la disolución del ejército en Cataluña.

Según se tiene conocimiento, en una reunión del Consejo de Ministros celebrada el 9 de junio de 1873 y después de numerosas discusiones sin llegar a ningún acuerdo para superar la encrucijada institucional que atravesaba el país y que le había llevado a sufrir varias crisis de gobierno e intentos de golpe de estado en menos de cinco meses, el presidente Figueras había agotado su paciencia y, en un momento de la sesión exclamó: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros». Acto seguido, abandonó la sala.

Al día siguiente, al ver que no se presentaba en la sede gubernamental, los ministros Castelar y Pi y Margall ordenaron que fueran a buscarle a su casa. Allí, los criados aseguraron a los enviados, que la noche anterior Figueras había hecho las maletas y había tomado un tren con destino a Francia, dejándolo todo en un “ahí os quedáis y resolverlo vosotros que yo estoy harto”.

Venga esta mitad anécdota y mitad esperpento como hilo conductor de lo que sentimos en nuestro fuero interior muchos españoles. Asistimos a un proceso en donde con pasmosa frivolidad van pasado los días y todos aquellos partidos políticos que consideran que es urgente formar gobierno por el bien de la nación, solo generan titulares periodísticos, sin aportar solución alguna.

Es muy lamentable ver pasar los días de uno de los períodos más anómalos que recordamos desde la muerte del dictador, donde sumidos entre el caos institucional con un gobierno en funciones, una Cataluña jugando a ser lo que es inviable, un partido como Podemos que hace aguas y un cortesano de los nuevos monarcas en el disparadero, no salimos de nuestro asombro.

El papelón jugado por uno de los defensores a ultranza de la independencia de Cataluña como es Oriol Junqueras, pidiendo le auxilio al ministro De Guindos para que este interceda ante la agencia S&P para que Cataluña no baje más del bono basura, quedara para los anales de la historia y regocijo de la España cavernícola, como la segunda Rendición de Breda, pero sin Velázquez para inmortalizarlo.

Junqueras que aseguraba a los cuatro vientos que la independencia de Cataluña es viable económicamente, ha pedido socorro a los pérfidos españoles del Gobierno, porque la Generalitat entraría en quiebra si no es por el respaldo del Estado. La Generalitat de Cataluña se encuentra con calificación de BB- y necesita que la banca española acepte financiarle a largo y que se ofrezcan garantías de pago a través del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA). A este paso, la hoja de ruta de la desconexión de España, tal vez se convierta en un apagón por falta de pago.

Pero si en Cataluña las cosas van mal, en el resto del estado, tampoco podemos sentirnos contentos. Podemos el partido que proclama la regeneración democrática, se ve envuelto en una lucha de poder al más puro estilo de los partidos de la casta, donde los implicados tratan de imponerse esgrimiendo democracia interna asamblearia. Lo acontecido en Madrid en los llamados seguidores de la corriente anticapitalista, pueden llevar al traste las expectativas y la coherencia de sus planteamientos, máxime en un partido mirado con lupa en todos y cada uno de sus movimientos por políticos, prensa y electores. Ante esta tesitura, difícilmente Pablo Iglesias podrá llevar ninguna alternativa razonable pues no se sabrá a ciencia cierta con que ala, sector o segmento del partido se está hablando y que solidez tiene cualquier acuerdo al que se llegue con dicha formación.

Y rematamos el esperpento sumando la filtración de los mensajes dirigidos al yernísimo de Villar-Mir, Javier López Madrid:” Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde”, como escribe la Reina Letizia al empresario poco después de conocerse sus gastos con la tarjeta ‘black’ que tanto han indignado a los españoles, pero que escasamente han avergonzado a los usuarios de tan bochornoso despilfarro. No se ha visto ni oído un solo signo de arrepentimiento y perdón en los usuarios de la tarjetas de la vergüenza, pero sí un montón de argumentos exculpatorios por parte de los beneficiarios. Tenga en cuenta Majestad, que lo que se escribe, escrito queda y además, es tan poco digno de la primera dama, ser grosera en francés, como en español.

Si a esto añadimos que el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy ha vuelto a tener un lapsus, esta vez en una charla por el Día Internacional de la Mujer, para agrandar la brecha entre la inteligencia masculina y la femenina , con esa extraña frase que no acaba de entenderse. “Hay que fabricar máquinas que nos permita seguir fabricando máquinas, porque lo que no va a hacer nunca la máquina es fabricar máquinas”, una frase que llega tras las sonadas “un plato es un plato”, “los catalanes hacen cosas” o la magnífica pregunta de “¿y la europea?”…

La verdad es que parafraseando al mencionado primera autoridad de la Primera Republica, Estanislao Figueras y Moragas, voy a serles franco, diciéndoles que yo también estoy hasta los cojones de todos nosotros y de nuestra santa paciencia.

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