
La investidura es ese procedimiento por el que el Parlamento otorga plenos poderes al presidente. Este nombra y cesa ministros a su antojo. La única manera de cesar al presidente es una moción de censura. En definitiva: es un cheque casi en blanco por 4 años.
Primera estación para Podemos: anunciar una nueva vicepresidencia que diluye todavía más la vicepresidencia de Iglesias. Al tratarse de una vicepresidencia de transición ecológica le hace difícil a los de Iglesias elevar la queja: ¿cómo se van a molestar por elevar de rango la cosa verde?
Pero hay otro ‘run-run’ que corre por ahí todavía más grave: con la excusa de la ajustada aritmética parlamentaria y de los muchos y altos compromisos del gobierno, pedirá a todos sus ministros que renuncien al acta de diputado. O sea, Iglesias fuera del Parlamento. Esta sería la razón del retraso en la formación de gobierno.
Está por ver la veracidad del rumor y en caso de ser cierto, la respuesta de Iglesias. ¿Tiene margen para oponerse?, ¿puede salir ahora a los suyos y decirles que le han engañado y que rompe el acuerdo tras las lágrimas vertidas? No le queda más remedio que tragar porque además, tiene la gran tarea de reconstruir su partido y eso siempre es más fácil desde el gobierno. La política es así de cruel: tendrá que aceptar las reglas de juego que pretendía dinamitar.
Para destensar la relación con Podemos, Sánchez nombrará portavoz a María Jesús Montero, que mantendrá la cartera de Hacienda. Era la apuesta de los morados, la ministra socialista más podemita. Y además, le sirve a Sánchez para atar en corto a la ortodoxa Calviño, que aunque es elevada a vicepresidencia y asume la pomposa “transformación digital de la administración”, no es sino una imagen de marketing para Bruselas y los mercados. Un Solbes redivivo… Ya saben que todo gobierno es un gobierno de coalición entre el ministerio de Hacienda y el resto del gabinete…
Amaestrada la bestia, la industria verde se frota las manos mientras que banca y ladrillo buscan refugio. Mientras en Moncloa escrutan los curriculums de los candidatos para evitar ‘sorpresas Castells’ en forma de sociedades opacas, tesis fusiladas o títulos inexistentes.
Ha llegado el ‘resistente’ sin necesidad de cambiar de colchón. Nació el pacto del insomnio. Ahora toca negociar presupuestos. Y la decisión del Supremo sobre Junqueras no ayuda coadyuvar a los de ERC, que les importa “un comino” la gobernabilidad de España. ¿Para que sirve un gobierno sin presupuestos?, se preguntaba Sánchez. Le respondo: para estar en el gobierno. ¡Bienvenidos!













