Gil Lázaro entre Fallas y Resurrección

Gil Lázaro entre Fallas y Resurrección
María del Olmo
Colaboradora de Fundación Emprendedores.

Como estamos en periodo electoral, entre Fallas que se convierten en cenizas y Resurrección con Semana de Pasión, no es de extrañar que las noticias que inundan la prensa a diario traten de chalaneos y otros tratos que se basan en ofertas y demandas aunque no precisamente, ni sólo, de dinero y economía. Dicho esto y aplicado a la política, lo cierto es que en los tiempos que corren se está llegando al límite de lo ‘políticamente correcto’. 

En los comienzos de nuestra llamada “democracia”, que por cierto ya han pasado cuarenta años como el que no quiere la cosa, las convocatorias electorales eran unas fiestas a las que acudíamos con gusto y en las que se participaba con entusiasmo. El pueblo llano, dedicado a sus tareas, era el protagonista; y eso era un logro que proporcionaba alegría y satisfacción. Nos sabíamos ciudadanos útiles para algo más que mantener un buen trabajo con el que ganar el sustento de cada día. Eso de reunirse con amigos y en tertulia para hablar de política se convirtió en un auténtico placer. Evaluar a candidatos y analizar candidaturas suponía una delicia que se añadía a la tarea cotidiana. Se vivía el entusiasmo de votar, de elegir a quienes iban a ser los gestores de incidencias y problemas.

Así surgieron las agrupaciones políticas. Con afán de superar el sistema y mejorar la vida de los españoles, para unos; o para ver la luz que se había negado, para otros. Se trataba del llamado “cambio de régimen”, cambio que en la Comunidad Valenciana tuvo un significado especial por haber sido capital de la República entre la decadencia de la monarquía y la dictadura del general Franco. Es decir, se trataba de un terreno abonado para instalar la democracia. A ella acudieron las opciones políticas surgidas de las diferentes ideologías, cada una con sus ideas y postulados. Pero últimamente, en los tiempos que corren, lo de las ideas y postulados va brillando por su ausencia.

El candidato Ignacio Gil Lázaro nos ha venido a aclarar cuál es la excepción que confirma la regla. Formado políticamente desde su juventud en las filas de Manuel Fraga, ALIANZA POPULAR, después PARTIDO POPULAR de la Comunidad Valenciana, ha formado parte de candidaturas al Congreso y Senado. Obtenido “escaño popular”, ha asumido las importantes competencias de los cargos. Y es de justicia reconocer un trabajo brillante que mereció la felicitación pública del presidente del Congreso, Félix Pons, por su precisión en las exposiciones y ser el mejor orador del arco parlamentario.

Pero, los vaivenes de los últimos tiempos en la vida política española a Gil Lázaro le han afectado de lleno. Como a una parte de los componentes de las más altas  instituciones, incluidas las de la Comunidad Valenciana. Hay que decir que Gil Lázaro ha recibido de la política lo debido a su valía, capacidad y trabajo; e incluso más. Pero, acaso al margen de la realidad de los tiempos que corren en su formación política, el ex-cargo popular, no ha sabido asumir la enseñanza del filósofo para superar pasados y encarar futuros: “el que vaya con el tiempo trabará amistad con la sabiduría”. Dada su formación religiosa, podría seguir el consejo agustiniano hacia la virtud de la humildad “porque no habrá misericordia para los soberbios”.

Al parecer, en don Ignacio hoy cuenta que ya no está cómodo en el Partido Popular. Ya no se siente identificado con el partido, dice. Por eso se dio de baja en el PP y apareció la idea, y posibilidad, de otear otros horizontes. Ha encontrado la horma del zapato y hoy es noticia estrella en la Comunidad Valenciana su fichaje por Vox encabezando la lista al Congreso de los Diputados por la circunscripción de Valencia el 28 de abril.

¿Dónde aprendió Gil Lázaro el oficio que puede ser útil a Vox? ¿Quién le dio oportunidad para aportar su capacidad política hasta ahora? ¿Cómo obtuvo un currículo político lleno de reconocimientos y distinciones desde 1979?

En sintonía con los interrogantes, hay algo significativo del Príncipe de los Ingenios sobre los consejos que daba Don Quijote “a muchos desdichados que mal de su grado los llevaban donde no quisieran ir: de gente bien nacida es agradecer los beneficios que reciben, y uno de los pecados que más a Dios ofende es la ingratitud”.

En contra, para atemperar los vientos favorables que hoy soplan para Gil Lázaro en la formación de Santiago Abascal, hay un par de refranes que, inmisericorde, alguien ‘WhatsAppeaba’ hoy por la mañana: “Dios los cría… y ellos se juntan”. “Cuando el viento amontona, no siempre el diablo arropa”.

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