Funeral de Estado

La liturgia laica ha eclipsado la dimensión trascendental de la muerte

Funeral de Estado

Si Dios no existe o no es relevante y la Iglesia es un camelo, era blanco y en botella que el funeral laico terminaría por llegar. La liturgia, cuidada. El fuego, las flores, las palabras bonitas y la música. Nada de mirar al Cielo y pedir consuelo. Ni siquiera llorar ante la pregunta sin respuesta. Nada de pedir porque los nuestros que se fueron estén bien. Nada de nada. Sólo flores y palabras bonitas.

El minuto de silencio es la oración laica impuesta hasta en la Conferencia Episcopal… Lo lógico era que el paganismo llegara hasta la mismísima muerte. Nos acostumbramos a vivir como si Dios no existiera. Pero ahora nos atrevemos a morir como si Dios no existiera. Un salto cualitativo que ningún hombre –ni el más primitivo- se atrevió a dar jamás. El hombre siempre ha enfrentado la muerte con visión trascendente. Puede haber vivido alejado. Puede haber cometido todo tipo de desmanes. Pero llegado el momento definitivo busca la trascendencia; la eternidad.

La nuestra es el recuerdo emotivo, la palabra bella, el fuego incandescente, los círculos concéntricos y el traje de ceremonia. Los políticos apelan a la unidad; los sanitarios al esfuerzo realizado; las familias, al dolor por la pérdida. Bueno y bonito. Pero pobre. ¿Unidad por qué y para qué?, ¿qué es exactamente lo que nos une?, ¿quizás la humanidad?, ¿quizás que somos hijos de un mismo Padre?, ¿a lo mejor es esta la base de la fraternidad?

Arranca a la Verdad de su esencia y obtendrás ideas y sentimientos desordenados, vacíos o pobres. Y esto es lo que pasó ayer. Por lo demás, imagen de unidad y ceremonia bella, más bonita que el funeral religioso para muchos. Todo un revulsivo para la Iglesia. No para que convierta en show las ceremonias, sino para que las dignifique y solemnice como se merecen.

Y todo esto como una especie de paréntesis entre la pésima gestión gubernamental del covid, la ausencia de transparencia en los rebrotes, una crisis histórica y un verano atípico. Y por si fuera poco el caso Corinna como serpiente de verano. El último capítulo: el Rey le pidió que le devolviera el regalo de 65 millones de euros y le acusó de robarle sus bienes. Lo dicho: no hay nada más peligroso que una mujer despechada.

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