
¿Podremos tener la esperanza de que llegue un momento en el cual lo que tenga peso en la vida política y ocupe el primer plano de los debates sean auténticas propuestas de cambio económicas, sociales y culturales que puedan hacer frente a los descomunales problemas que padece la humanidad en general?
Esperemos que sí, porque resultan ya decepcionantes y frustrantes todas esas batallas, esas disputas vacías de contenido entre personas y grupos sin otra finalidad evidente que no sea la de dañar y destruir al oponente. El objetivo fundamental no es otro que la ambición de disputarle su espacio dentro de las instituciones. Son disputas y enfrentamientos lamentables por producirse, cada vez con mayor asiduidad, entre representantes de formaciones que hipotéticamente reiteran su compromiso en la defensa de los Derechos Humanos, la Igualdad y la Libertad. La realidad nos está demostrando la falta de compromiso y capacidad para generar esperanzas en un futuro de buena vida y de apoyo mutuo entre personas.
Entendiendo que formamos parte del problema, la encrucijada por la que atraviesa la política española nos debería de llevar a la necesidad de implicarnos más directamente para hacer un replanteamiento general. Hay que reconducir nuevamente una situación que viene derivada como consecuencia de las dificultades que hubo para alcanzar los acuerdos oportunos entre todas las partes que intervinieron en la transición de 1978.
Parece ser que las dificultades existentes en aquellas fechas, la presión que hubo que soportar por parte de la cúpula militar, el Bunker franquista y el nacionalcatolicismo condicionaron sobremanera la redacción de la Constitución española de 1978. Aquella debía de ser la norma suprema del ordenamiento jurídico español a la que están sujetos todos los Poderes públicos y ciudadanos de España. La redacción de la misma tenía por objeto reunir un conjunto de principios, normas y reglas con la pretensión de establecer la forma de un Estado de Derecho. La pretensión era que fuera la que debía garantizar y definir el régimen de los derechos y libertades de todos los ciudadanos, así como delimitar los poderes e instituciones de la organización política.
Pues bien, han pasado ya casi cinco décadas desde que dio comienzo la transición política y la redacción y aprobación de la Constitución Española. Ha quedado suficientemente demostrado que los cambios políticos, estructurales y económicos que se han venido produciendo, tanto a nivel nacional como a nivel mundial, hacen necesario hacer reformas en nuestra Constitución. De igual manera seria oportuno hacerlos en el sistema electoral que se acordó en aquellos momentos. No deja de ser esta una operación tremendamente complicada, dado el consenso necesario que requiere llevar a cabo cualquier cambio o reforma de la misma. Según el artículo 167 de la Carta Magna, para reformar la Constitución se requiere el voto de las tres quintas partes de Senado y Congreso. Tal y como está hoy estructurada la composición del Senado y el Congreso, formado por una importante cantidad de partidos con postulaciones e intereses muy dispares y diversos, se antoja imposible conseguir el quórum necesario para llegar a un acuerdo.
Para ello resulta del todo imprescindible involucrar a todas las organizaciones sociales y concienciar a la sociedad misma, con el fin de exigirles a los partidos y políticos que nos representan en las instituciones, que tomen las decisiones oportunas que hagan posible llevar a efecto esta compleja y complicada tarea.
Hay que poner freno a la situación de desconcierto por la que atraviesa nuestro sistema democrático, la crispación que está generando la gobernabilidad del país por la dificultad que supone lograr poner de acuerdo a partidos con criterios e intereses tan dispares, algunos de ellos de pensamiento nacionalista excluyente, que priorizan sus exigencias para defender los intereses de sus territorios y no los del conjunto de la sociedad española, partidos que ofrecen su apoyo al gobierno a cambio de concesiones extremas, sobrepasando descaradamente y para su propio beneficio la legalidad que marca la actual Constitución Española.
Es conveniente recordar que la Constitución por la que nos regimos, fue sometida a referéndum el 6 de diciembre de 1978 y aprobada por mayoría absoluta en todas las comunidades que conforman el estado español, posteriormente el 27 de diciembre de 1978 tiene lugar la sanción y promulgación real. El Proyecto fue aprobado por el 87,78 % de votantes, que representaba el 58,97 % del censo electoral. Pues con esos mimbres dio comienzo la Transición democrática postfranquista.
Es conveniente que, recurriendo e inspirándonos en el pensamiento liberal más puro, se pueda establecer un sistema que, fundamentado en unos valores y unas normas elementales de comportamiento ético, permitan a cualquier ciudadano o entidad, por grande, mediana o pequeña que sea, disponer de los medios necesarios que le permitan actuar en igualdad de condiciones y posibilidades como cualesquiera otros, sea cual sea su carácter, procedencia o potencial. Es necesario establecer una normativa que evite, dificulte o pueda impedir la libre proyección de cualquier iniciativa privada, salvo, las que, por la propia incompetencia o desconocimiento de sus promotores, así como por la utilización de malas praxis impidan su correcta implantación y desarrollo.
La transición de 1978 dio lugar a un bipartidismo imperfecto que provoco una corrupción institucional sin parangón; el favoritismo y la ventaja que se le concedió a muchas empresas y grupos financieros a cambio de prebendas millonarias así como el establecimiento de las puertas giratorias y el enchufismo que se instaló con el fin de garantizar el futuro de políticos una vez finalizado su andadura política, además de familiares y amigos. El crecimiento paulatino de esta corrupción incontrolada fue motivo por el que ha acabado generándose una crisis estructural, moral y social muy peligrosa, la sociedad española, con su indiferencia y beneplácito, no quiso ver el recorrido que realmente tenía. Las consecuencias de la misma se dimensionaron sobremanera como consecuencia de la explosión de la Crisis Financiera mundial que estallo en 2008 y, aunque en teoría se ha dicho que fue superada en el año 2014, aun seguimos padeciendo y pagando las consecuencias de la misma.
Es necesario puntualizar que el comienzo de esa crisis se remontaba más allá del bluf de las hipotecas subprime en el verano de 2007. En realidad, fue como resultado de ese largo período que ya se venía produciendo de desregularización y liberalización, un plan economicista incontrolado que se fue aplicando a ultranza, teniendo efectos perniciosos sobre la economía mundial que estamos pagando actualmente.
Todo esto ha dado lugar a que nuevamente nos veamos inmersos en una nueva ola de escepticismo y desafección en relación a la vida política, aun así, no deja uno de ser optimista y tratar de luchar a favor de una sinóptica lista de posibles espacios de actuación sobre las raíces del sistema con la intención de buscar soluciones y cambios, tengo el convencimiento de que nos sobran motivos para pensar que es posible encontrar alternativas adecuadas que faciliten nuestra manera de vivir y convivir.
La complejidad de la situación por la que estamos atravesando nos ha llevado a dudar y poner en cuestión el sistema democrático por el que nos decantamos. En la actualidad, una gran parte de la sociedad se está planteando si tiene sentido pensar en el derecho de resistencia que existe en las sociedades abiertas, así como en el ejercicio de la participación política que implica el actual sistema democrático que elegimos. Pero lo más preocupante es esa otra gran parte de la sociedad, generalmente joven, que se siente al margen de cualquier tema político sea democrático o totalitario. La evolución de los extremismos radicales así lo demuestra.
Entiendo que merece la pena plantearse esta cuestión con seriedad. Está quedando claramente demostrado que «por muy consolidadas que estén las instituciones de garantía, vemos con impotencia y resignación como la sociedad está aceptando, de una forma indolente, la confusión y el sometimiento del controlador al controlado», o también «de que otros poderes sociales se hagan tan fuertes que sean constitucionalmente inmunes y puedan verse beneficiados tras eludir en la práctica cualquier forma de control eficaz, sobrepasando de una forma impune los límites impuestos por las normas más elementales del sistema».
Todo esto que estamos viendo y viviendo, padeciendo y sufriendo estoicamente, viene promovido como consecuencia de la dejadez y la falta de madurez e implicación que tuvimos en lo que suponía el establecimiento de un sistema realmente democrático. Elegimos muy alegremente con gran alborozo y entusiasmo, un sistema confiando plenamente en el proyecto que nos vendieron sus promotores. Les concedimos nuestros votos alegremente, sin entrar en el detalle. Cincuenta años después seguimos ingenuamente creyendo que la situación que se ha generado como consecuencia de las carencias del proyecto inicial, la van a cambiar los mismos que las crearon, nuestra indolencia sobre este tema la están aprovechando para sus propios intereses políticos.
Somos conscientes de que cada partido lucha sin contemplaciones por conseguir el poder para beneficio de sus políticas y sus políticos, intereses que están muy por encima de los intereses de los ciudadanos que les votan y los de la ciudadanía española en general. Los ciudadanos han de tener en cuenta, que por encima de los intereses de los/sus partidos, están las políticas y los intereses que más benefician al país en general. Se viene demostrando día a día que no es aconsejable apoyar políticas que no sean las más adecuadas y a políticos que no se considere sean los más fiables para cumplir con eficacia los cargos que aspiran ejercer.
Deberíamos de estar más atentos y analizar con más detalle y atención las políticas y los programas que nos ofrecen y un seguimiento en la aplicación de los mismos durante los mandatos que asumen. No se trata de dedicarnos a hacer política, se trata de hacer que los que se dedican y viven de ella cumplan con sus obligaciones. Nuestro voto es el arma más mortífera con la que contamos para combatir los incumplimientos y los abusos, tanto legales como ilegales, que cometan los representantes a los que hemos votado. Da igual quien sea el político de turno y el partido que represente. Resulta completamente grotesco defender a personajes que utilizan la mentira, la descalificación, el insulto y la patraña para ocultar sus incompetencias y conseguir sus espurios intereses. Hay que combatir por encima de cualquier ideología política, teorías y prácticas que lleven implícitamente una falta de respeto y una carencia de valores inadecuada en los comportamientos de personajes que están llamados a actuar «en nombre y representación del pueblo».
El cuarto poder. La mayoría de medios de comunicación están dirigidos y al servicio del poder político, no es de extrañar que las encuestas que se están publicando estén casi todas manipuladas. Hay desconfianza y desconocimiento por parte de los encuestados a la hora de dar sus repuestas en temas políticos. Hablan con más seguridad y exigencia sobre los temas que más afecta y preocupa a la sociedad en general como son: El desempleo, la vivienda, la sanidad, la economía y la corrupción y la violencia. En realidad, el problema de los nacionalismos, Cataluña y la amnistía solo preocupa seriamente a no más de a un 3% de la población.
La consecuencia de esta realidad se basa en que las personas más interesadas en los temas políticos consultan y toman como referencia los programas y medios de comunicación para pulsar las opiniones de personajes afines a su ideología política e intereses y que lógicamente son de su agrado. El director de la tertulia mañanera de la COPE decía que su éxito consistía simplemente en contar diariamente lo que sus oyentes querían escuchar.
Con la intención de comprobar la repercusión que pueden tener los programas de los medios de comunicación, a nivel político, reflejo a continuación los datos de audiencia en TV un día de potentes estrenos en la televisión en abierto: Ganó la serie Entre tierras, con un 14,5% de cuota de pantalla (share), frente a GH Dúo -12,7% y Bake Off: famosos al horno -9,8%. Las tertulias políticas en general quedaron muy por debajo, lo que demuestra que solo grupos interesados y relacionados en asuntos políticos son sus fieles seguidores, el resto tienen una audición escasa, solo curiosa e inapetente y dedican su atención a los programas deportivos, del corazón, los concursos y la prensa rosa. Y si hablamos de las redes, destacan sobremanera, el streaming, los podcast y canales en los que priva el porno, las relaciones entre chicos y chicas, maduros y maduras que buscan pareja, TikTok, Amazon, Netflix, Facebook, X, la Wikipedia y otros canales poco creíbles.
Todo está medido y calculado. El share es la cantidad media de espectadores que ven un programa que se está emitiendo, es el reparto de audiencias reales expresado en porcentajes. Responde a la siguiente pregunta: De todos los televidentes potenciales que hay en España (no de los que están viendo la televisión ahora, sino de la totalidad) ¿cuántos están viendo un determinado programa? Es normal, por tanto, que a un share de un 20% le pueda corresponder un rating de un 3%. Valga como muestra los datos de un día cualquiera con respecto a las noticias en TV, según los datos de share que se publican (algo confusos pero es lo que dan) nos pueden servir para hacernos una idea aproximada según el medio, el programa y la hora:
- Tele 5.- Informativos Telecinco: Con el debut de Carlos Franganillo batió su récord, anotando un 11,5% de cuota de pantalla y 1.559.000
- Antena 3.- Espejo Público: 12% y 348.000. Entrevista a Yolanda Díaz: 12.5% y 306.000. Noticias: 19% y 2.585.000
- La Sexta.- Al rojo vivo: 12.1% y 536.000. Noticias 14h: 8.8% y 883.000. Noticias 20h: 7.2% y 807.000. Más vale tarde: 6.9% y 621.000
- TVE La 1.- La hora de La 1: 11.6% y 247.000. Entrevista a Pedro Sánchez: 13.3% y 275.000. Telediario 2: 10.7% y 1.469.000
- TVE La 2.- Estuvo de estreno con la llegada de Marta Carazo al Telediario de las 21:00h: 10,7% con 1.469.000
- DATO MENSUAL: Antena 3 -12,6%, La 1 -10,5%, Telecinco -9,5%, la Sexta -6,1%, Cuatro -5,5%, La 2 -2,9%…
Con respecto a la prensa escrita los datos varían poco, pues según la ideología que representan y las noticias que difunden, un mismo lector suele escuchar y leer las noticias de varios medios que vienen a defender lo mismo, y divulga y comparte las mismas noticias en grupos de igual pensamiento, lo que hace que la difusión de estas noticias y el intercambio de opiniones sea estéril y poco efectivo. Hay que volver al boca a boca, al buzoneo y a las reuniones y aperitivos de antaño. El COVID-19 nos encerró durante dos años desconectándonos completamente de las tertulias en persona, cara a cara. ¿fue todo casualidad o un experimento?













