El Parto de la Moncloa

El Parto de la Moncloa
Antonio Imízcoz
Periodista.

Pedro Sánchez, el felón, tenía cinco años y medio cuando se aprobaron, en octubre de 1977, los Pactos de la Moncloa. Así que no se puede esperar que tenga un conocimiento directo de la intrahistoria de los acuerdos que sirvieron para restaurar la democracia, la convivencia pero, sobre todo, la economía de aquella España necesitada de altura de miras, estatura política y claridad de ideas, amén de generosidad y grandeza para aplicarlas.

Y va el indocumentado y aparece en su mitin/sermón de los sábados a contarnos que va a proponer unos nuevos “Pactos de la Moncloa”. Porque Sánchez, que es fundamentalmente un iletrado que firma tesis doctorales que no ha escrito, al que le dictan las consignas populistas y las grandes ideas demagógicas para que las casque sin procesar, así, en bruto, no tiene ni idea de lo que fueron los Pactos de la Moncloa, ni cómo se hicieron ni lo que costaron a quien, él sí, sabía lo que necesitaba España en ese momento y cómo y quién podía proponer las soluciones. Era un hombre que se llamaba Adolfo Suárez para el que pensar si quiera en él, Sánchez debería lavarse la boca. Porque dudo que llegue a lavarse también el cerebro, en caso de que lo encontrara.

A ver, presidente, melón, alma de cántaro: para que tú o cualquiera de los lideres políticos que en España sois a esta fecha de abril de 2020, pudierais reeditar nada ni lejanamente parecido a lo que fueron los Pactos de la Moncloa, de suyo la base de nuestra vigente Constitución de 1978, tendríais que empezar por iros a casa tú y el noventa y nueve por ciento de los tuyos (por salvar alguno). E indicar el mismo camino a tus socios de Gobierno y a quienes te auparon con su apoyo parlamentario a esa Moncloa desde la que pares sandeces.

La gente del 78, empezando por Suárez y siguiendo por Felipe González, Santiago Carrillo y -sí, entérate- Manuel Fraga, tenía algo que tu no lograrás ni en los sueños de blando colchón -espero que ahora, por mor de la cuarentena, sin la proximidad de Begoña-: tenían el compromiso de salir de una dictadura para instaurar en España una democracia para todos, alejada de los conflictos de las dos Españas que ahora os empeñáis en resucitar, y enfrentar una situación económica que, por más que lo estéis intentando, ríete tú de la que nos vais a dejar cuando esto acabe.

Y había sentido de estado, y estatura política, y compromiso ético. Conceptos que ya puedes hacer que te explique tu consejero áulico, porque dudo que entiendas jamás.

En aquel mes del 78, se supero por la derecha la legalización del partido comunista, por más que a su frente estuviera un asesino como Carrillo. Y se superó por la izquierda la presencia del Fraga que mandaba a la policía en los días de Vitoria, que a lo mejor has leído algo alguna vez. Hasta se supero, como un encaje de bolillos, las reticencias que tu partido, si, el PSOE, tenía de que participara el Partido Comunista en ese proceso, porque se quería quedar con la representatividad toda de la izquierda.

Como bien ignoras, presidente, aquel fue un trabajo digno de las tareas de Hércules, con la diferencia de que no había un semidiós -ni nadie que se lo creyera, como tú haces- limpiando los establos de Augías del estiércol de cuarenta años, capturar vivo al jabalí comunista de Erimanto, domesticar al toro Fraga de Creta o hacerse con la Cierva socialista de Cerinea mientras abrevaba en la ilusión del poder.

Dime tú, presidente, si para someter (que es lo que hace falta) a tus socios independentistas catalanes, a los taimados vascos del PNV o a tus compañeros de Gobierno de Podemos sabes quién es el león de Nemea, quién la Hidra de Lerna y cuáles las aves de Estínfalo.

No tienes ni idea. Pero ni aunque, como el Hércules que no serás jamás, tuvieras que matarlas para conseguir una nueva base de democracia, paz y progreso para este país, sabrías cómo hacerlo. Te falta músculo, cerebro y talla.

Así que, chavalote, aplícate lo de la memoria histórica que tanto cacareas, con menos populismo y menor distancia, y procura aprender. Convoca un Gobierno de convergencia, con técnicos -como Suárez echó mano de José Luis Leal, Manuel Lagares, Luis Ángel Rojo o Blas Calzada- aunque no sean de tu cuerda y menos podemitas. Espabila. Porque los españoles no te vamos a esperar en los balcones, sino en los juzgados.

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