El papelón de las CUP en Cataluña

Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
Publicidad

Tras el deshojar de la margarita asamblearia con que las llamadas CUP de Cataluña alardeaban de democracia directa y de transparencia en sus decisiones, la cruda realidad electoral es que han hecho un “papelón” final que se ha llevado por delante la supuesta coherencia política que muchos respetaban, aunque no estuvieran de cuerdo con sus ideas.

Las reuniones escondidas, los pactos secretos y toda la parafernalia atribuida a la “casta” en cuanto falta de transparencia política, han sido el denominador común en el parto sin sentido de la investidura de un representante del “capitalismo burgués”, por un partido proclamado “anticapitalista”. Todo ello con el esperpento añadido de supuestas asambleas decisorias que, milagrosamente, empatan en sus resultados y que son en todo caso obviadas en los momentos en que de verdad se deciden las cosas.

Claro que, todo lo que hemos podido presenciar desde el resultado de las elecciones autonómicas en Cataluña, parecía más un “vodevil” de puertas que se abrían y cerraban misteriosamente para esconder escenas de adulterio político y cuya muestra más ilustrativa ha sido la imagen de la sede de las CUP, con la persiana medio cerrada, que obligaba a los “cuperos” a doblar el espinazo para el acceso al local. Quizá obedezca a un ritual místico de humildad en la entrada del templo del supuesto anarquismo catalán.

Un líder carismático que parecía tener muy clara la posición de su grupo, se ha visto primero en la situación de dimitir “por no estar de acuerdo con la posición de su grupo” sin especificar si, con lo que no estaba de acuerdo era en apoyar o no la investidura de Convergencia, escamoteada tras esas pretendidas siglas del “Juntos por el Sí” en las que se confunden una aspiración secesionista con las propuestas políticas de un proyecto de gobierno regional. Una aspiración (incluso legítima si no estuviera sufragada por los presupuestos públicos) de independencia mezclada con los muchos problemas sociales que sufren los ciudadanos. Su afirmación taxativa a la hora de la votación junto a la de sus compañeros, ha roto en mil pedazos cualquier ilusión de verdadero cambio político en Cataluña.

El mago Artur Mas (¡chapeau!) ha demostrado una vez más su enorme capacidad de seducción, de embaucador con “seny” y encanto, de actor consumado y de superviviente político y social, urdiendo las maniobras necesarias para que “lampedusianamente” se cambie su persona por un alumno aventajado de su clase y que todo siga igual, cubriendo con un tupido velo las verdaderas razones de su conversión independentista desde hace unos años. Se ha hecho con un espacio tal en las páginas de huecograbado (incluso de fuera de España) y en las audiencias mediáticas, que supera en popularidad al “famoseo” más recalcitrante de nuestras “estrellas” televisivas y logrando que, gracias a eso, Cataluña sea conocida “del uno al otro confín” de la Tierra. ¡Chapeau! de nuevo maestro.

Pero el esperpento ibérico (mal que le pese al purismo de sangre), va más allá en la proclamación del nuevo presidente de Cataluña, con un calendario u hoja de ruta donde sólo aparece en primer plano la gestión de la independencia cuando todos saben, por activa y por pasiva, que están haciendo un verdadero “brindis al sol”, ingenuo quizá en algunos casos, pero enormemente peligroso por su coste de fragmentación social y de engaño a los ciudadanos en otros. No son los ciudadanos (presuntamente representados por esas siglas ANC que han sido el motor de enganche del separatismo a base de subvenciones públicas) los que requerían con urgencia un nuevo estado cuyos mimbres aún son desconocidos. Los ciudadanos normales están más en resolver sus cuestiones diarias familiares, profesionales o laborales que en recorrer los muy diversos vericuetos de la política nacionalista y así lo demostraron el día que fueron convocados para apoyar el estatuto catalán. Son todos los “paniaguados” que, emboscados en organizaciones de todo tipo, han venido percibiendo su remuneración como “apaludidores” enfervorecidos de la idea de independencia.

Las CUP además, para mayor sonrojo, han tenido que pasar por el trago casi surrealista (esto es la España más genuina) de que la investidura votada, ajena supuestamente al estado español, deba ser “comunicada a S.M. el Rey” (al jefe del estado que no reconocen) en palabras de la propia presidenta del parlamento catalán. ¿De qué independencia hablan entonces? Si ellos dicen y aseguran que sólo reconocen el mandato del pueblo catalán para hacer un estado catalán ¿porqué la necesidad de comunicarlo al jefe del estado no reconocido? Pues porque los despropósitos alrededor de este “nacionalismo” nacen de su misma inconsistencia donde se mezclan los inocentes, respetables y legítimos nacionalistas de toda la vida, con los espabilados que se esconden (ellos sabrán el porqué) en un nacionalismo que ellos mismos no se creen.

Ahora sólo queda esperar que el rosario de actuaciones administrativas, legislativas o políticas de este nuevo/viejo gobierno de Convergencia, continúe su camino hacia la nada, ganando eso sí tiempo, fama y repercusión mediática diaria, con cada decisión o propuesta que deba ser revocada o sancionada a continuación por el Tribunal Constitucional, en un ping-pong donde la pelota no va a parar ni a tener descanso y va a servir de entretenimiento y justificación de la actividad del nuevo/viejo gobierno del partido de Convergencia, travestido ahora de Democracia y Libertad, de Juntos por el Sí o de cualquier otra forma de eludir responsabilidades pasadas como el célebre 3%.

Sus adversarios políticos, tanto ERC como las CUP, les han dado el “sí”.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.