El Lehendakari y el obispo discuten

Serralaitz
Por
— P U B L I C I D A D —

«Los refugiados son personas que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y el progreso de todos» proclamó el Lehendakari Urkullu ante el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla, que días antes había advertido de que «la acogida a los refugiados no supone hacer dejación de nuestras obligaciones frente a la amenaza terrorista».

El «ciudadano» Munilla (me tomo la libertad de mirar al dignatario de la iglesia como un simple ciudadano que aquí opina sobre cuestiones ciudadanas) se despachó a gusto defendiendo las críticas del arzobispo de Valencia que anunciaba hace tiempo que entre los refugiados que vienen camino de Europa no todo es trigo limpio; y de paso abundó también en la denuncia del arzobispo iraquí de Mosul de que «existe una estrategia de infiltración del yihadismo en Europa sirviéndose de los refugiados».

Con motivo del 25 aniversario de Hurkoa, una entidad que tiene por fin atender y tutelar a personas mayores, personajes de la plana mayor del PNV salieron en defensa de los refugiados. Ángel Toña, consejero del gobierno, Markel Olano, diputado general de Guipúzcoa, Javier Galparsoro, presidente de la Comisión de Ayuda al Refugiado, se turnaron en el acto para dar la cara ante el «ciudadano» Munilla por los refugiados.

Munilla, que interviene a veces en la emisora de Radio María, tildada por algunos católicos de excesivamente escorada a la derecha y al fundamentalismo religioso, ya se había despachado previamente en esta emisora frente al «falso buenismo que se escandaliza» de la toma de postura y las prevenciones del Cardenal Cañizares de Valencia.

Hace unos meses, el mismo obispo, partidario de limitar el rol de la mujer a las labores y la vida del hogar, fue criticado también, fue objeto de críticas por parte de los medios de comunicación.

Uno se acuerda aquí de aquella parábola del evangelio en la que Jesús describe el mundo como un campo donde crecen juntos el trigo y la cizaña, y no es cuestión de arrancar la cizaña y dejar el trigo, sino que crezcan juntos para separarlos a la hora de la cosecha. En Siria hay creyentes cristianos que conviven con creyentes musulmanes: perseguir a refugiados sirios bajo la sospecha de conspiradores conllevaría o justificaría que los musulmanes hiciesen lo mismo en Siria y en todo el Oriente Medio.

Por eso, uno diría al «ciudadano» Munilla que con el Evangelio en una mano, y con la Carta de Derechos humanos en la otra, procede respetar y acoger a todo ser humano de acuerdo con las leyes internacionales de acogida a refugiados, mientras no se demuestre que actúan como conspiradores.

Esta vez, lo novedoso ha sido el enfrentamiento a cara descubierta del poder civil, del lehendakari en persona, con las palabras de un obispo, el ciudadano Munilla.

¡Eskerrik asko, lehendakari jauna!

Poco a poco vamos aprendiendo a respetarnos y a dialogar, cada uno desde su puesto y desde sus derechos y atribuciones.

 

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