El dilema socialista

Antonio Imízcoz
Periodista.

Si alguien, en especial alguno de esos tres millones de españoles que se declaran indecisos en las encuestas, esperaba al Debate para determinar el sentido de su voto, espero que tuviera a mano tres cajas de “Nervocalm”, el fármaco que inventó Quino para el sufrido padre de Mafalda, porque hoy tendrá más dudas, más inquietud y, además, la aparente responsabilidad, arrojada sobre sus espaldas por los candidatos, de saber que de su decisión depende el futuro de España.

Aparte de la relativa sorpresa de que Rivera ejerciera de mamporrero de Pedro Sánchez —relativa porque ya se veía venir— la única duda que quedó a indecisos y francamente decididos, es qué hará el todavía líder socialista a partir del 27 de junio si los resultados se parecen a lo que dicen los sondeos, como señalara el por otra parte enmudecido Pablo Iglesias, “Pablo, Pablito, Pablete”, que dijera el inolvidable José María García.

Porque el gran dilema de estas elecciones no lo tienen, que también, los indecisos, sino el Partido Socialista, o socialdemócrata, que ya no sabe uno.

Si la coalición multiconfluencias les saca un solo escaño, siquiera un solo voto, Pedro Sánchez y su pizpireta esposa deberían, por una cuestión de elemental dignidad, irse a su casa la noche del 26 para nunca más volver. Eso o serán los suyos los que lo desalojen con cajas destempladas por ser el Secretario General que hundió un partido con un siglo de historia y una trayectoria de mejor o peor, pero leal servicio a España.

Porque sólo tendrá dos opciones: o apoyar y hasta entrar en el gobierno con ese peligro que son los neocomunistas populistas, chavistas y antisistema (ahora parece que también peronistas, que no sea por adjetivos); o apoyar expresa o tácitamente el gobierno de la lista más votada por los españoles, que parece comúnmente aceptado que volverá a ser la del Partido Popular

El problema ya no es Pedro Sánchez, que se convirtió en cadáver político, en zombie electoral no sólo con su “no, no y diecisiete veces no” al pacto que se le ofreció el 21 de diciembre pasado; sino, sobre todo, cuando se emperró en querer ser presidente contra toda razón y lógica.

No, el problema es el PSOE, que a ver qué hace ahora con la nefasta herencia que en imagen, votos y credibilidad va a heredar del paso de semejante individuo por el despacho principal de Ferraz.

Creo que todos esperamos de los responsables socialistas dignos de tal nombre, precisamente un ejercicio de razón, de lógica, de altura de miras. De responsabilidad, al fin y a la postre. Sánchez los ha dejado al borde del precipicio y lo que menos necesitan, ahora, es dar un paso al frente. Al menos en el sentido equivocado.

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