Diógenes y la pareja de La Navata en sus toneles

Diógenes en La Navata.
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

¿Saben aquella pareja española que vivía en París una portería y tuvieron gemelas a la primera, y luego una amiga de ella se metió con ellos y tuvo una niña con un senegalés, que desapareció, y la pareja y su amiga criaron a las tres juntas, y hoy ellas tienen un buen trabajo y dos hijos cada una y la amiga tiene dos nietos y vive en una casa de campo junto a una gran ciudad?

¿Saben aquello del paraíso comunista que anuncia Marx en sus obras y dice que cuanto llegue ese paraíso “a cada uno se le exigirá según su capacidad, y a cada uno se le dará según sus necesidades”?

El gran sabio griego Diógenes se pasó un pelín viviendo en un tonel, desnudo, y con su axioma o pronunciamiento: “¡De cuántas cosas no tengo necesidad!”.

¿Saben aquello que cantaba Víctor Manuel, el asturianín, con toda su mala rabia: “¡Aquí cabemos todos, o no cabe ni dios!”.

La verdad es que el planeta tierra no da de sí como para que todo el que espera gemelos al primer parto o al último exija para criarlos un chalet de 600.000 euros en la Sierra de Madrid. Pero entre el tonel de Diógenes como única vivienda y el chalet de 600.000 en la sierra de Madrid cabe un término medio, sobre todo si nos ponemos de acuerdo en aplicar programas de control de la natalidad…

Por otro lado está aquello de la “meritocracia” que dicen aplicar los de China, que aseguran a la población entera unos mínimos vitales, y al país un segundo puesto entre las economías más boyantes, y a los que se empeñan en ser multimillonarios vía libre para alcanzar tan ambicioso objetivo. Bueno, eso dicen, que uno no ha estado en China para comprobarlo…

Porque en lo que se refiere a la meritocracia, entre nosotros los hay que se proveen de master por la vía rápida, “por ser vos quien sois” como dice una oración de los que se confiesan. Pero por lo menos la ley garantiza unos derechos laborales y unos salarios o remuneraciones según el trabajo y capacidad del trabajador. Que es en lo que se apoyan algunos para justificar su status social y sus ingresos económicos, su coche de alta gama y su chalet en la Sierra de Madrid.

Y por ese lado no hay nada que reprocharles a los tales, solo podemos despotricar contra los que calificamos de corruptos y se adjudican sueldazos en “B” o “en negro” o a modo Gurtel, o a modo de jubilaciones millonarias…

O sea que, mientras uno se mantenga dentro de la ley y exija los emolumentos que dicha ley le reconoce, nada que objetar. Solo recordarles que no hay sitio en el planeta para vivir todos en un chalet de 600.000 euros con piscina y yacuzzi y jardín, que no hay recursos energéticos suficientes para tanto coche de alta gama, que cientos de miles de personas o se mueren de hambre allí donde nacieron o se ahogan en el Mediterráneo al buscar un sitio donde poder vivir, o se mueren antes en la travesía del desierto, o se encuentran a la Europa del bienestar cerrada a cal y canto, porque aquí, con tanto chalet en la sierra y tanto consumo y lujo, con tantas catedrales, y palacios, vaticanos y paraísos fiscales, no hay sitio para nadie más, ya no cabe ni un alfiler de punta…

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