¿De qué país hablamos?

¿De qué país hablamos?
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Somos la izquierda que no se avergüenza de la palabra España”, dijo Pedro Sánchez hace poco al presentar la campaña electoral del PSOE para las elecciones del 10 de noviembre. Está muy bien que lo diga el Secretario General de los socialistas españoles, pero ello revela, al mismo tiempo, una gran vulnerabilidad de la izquierda española.

En efecto, le cuesta a la izquierda no socialista (y, a veces, también a algunos socialistas) acatar la bandera, el himno y otros símbolos que nos hemos dado tras la desaparición de la dictadura y su sustitución por una democracia representativa bajo la fórmula de una monarquía parlamentaria.

El propio Secretario General del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, zanjó el debate tras la muerte de Franco aceptando la enseña rojigualda y la monarquía. Igual que los socialistas. Fue, además, el PSOE el que negoció con la UCD, el partido de Adolfo Suárez, el escudo que está en nuestra bandera.

Sin embargo, una nostalgia equivocada lleva a muchos en la izquierda a seguir profesando por los símbolos de la Segunda República una reverencia que desborda el respeto histórico que se merecen esos símbolos legítimos que fueron del pasado, pero que no son del presente. El resultado de esta actitud apocada con los símbolos de nuestra actual democracia ha sido el de haber dejado en manos de la derecha y, lo que es peor, de la ultraderecha, su uso, y por ello, su abuso.

Con ello se ha llegado al absurdo de considerar “facha” a todo aquel que exhibe una bandera española en la muñeca, en la solapa, en su balcón o en la correa del perro cuando este tipo de actitudes abundan en otros países de nuestro entorno democrático. Muchos españoles se sienten a veces cohibidos y prefieren abstenerse de mostrar los colores nacionales no sea que les tomen por simpatizantes de la ultraderecha.

Probablemente un ejemplo de este tipo de “no españolismo” lo acaba de dar Iñigo Errejón. Se presentó este año a las elecciones madrileñas con un partido denominado “Más Madrid”. Ahora que se presenta a nivel nacional ha optado por llamar su nuevo partido “Más País”. ¿A qué país se refiere? ¿A éste? ¿Al nuestro? ¿A España? ¡Pues, dígalo! ¿No se llama su partido madrileño “Más Madrid” en lugar de “Más Capital” o “Más Ciudad”?

¿Le parecería facha llamarlo “Más España”? Será legítimo bautizarlo “Más País”, pero llama la atención el rechazo a una fórmula que parecería más lógica después del precedente de “Más Madrid”. De nuevo asoma la sospecha de que dan vergüenza y renuencia España y sus símbolos en cierta izquierda que no por ello deja de ser española. Quizás hubiera sido más sincero llamar a su nuevo partido “Más Errejón”.

Esta frialdad nacional facilita que derecha y ultraderecha atesoren gratuitamente fórmulas como “España Suma” o “España Siempre”. Por ello se agradece que Secretario General socialista reivindique el españolismo, algo legítimo y que, además, cuando no se abandona en otras manos, constituye un elemento de unión de todos los españoles cualesquiera que sean sus credos y convicciones, un españolismo que, asimismo, se puede reconocer en un necesario europeísmo.

No obstante, convendría que Sánchez, su partido y sus simpatizantes sigan haciendo gala con continuidad, insistencia y perseverancia de este sano españolismo. No basta con hacerlo episódicamente en la presentación de un programa o como cuando, hace años ya (2015), Sánchez apareció con una enorme bandera española detrás suyo. Hace falta una constante machaconería al respecto para no entregar nuestros símbolos democráticos a unos pocos que, además, añoran la dictadura franquista.

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