Cataluña en Carnaval

El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma (Pieter Brueghel el Viejo, 1559)
Antonio Imízcoz
Periodista.
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Febrero es lo que tiene: aún no has acabado de recoger la decoración navideña (pero vamos a ver, ¿dónde demonios se guardaba todo esto?) y ya estás mirando de reojo el calendario porque, en circunstancias normales, hay que ir poniéndose de acuerdo con los amigos, a ver de qué salimos disfrazados, este año, en Carnavales.

En circunstancias normales, ya digo. Y las que vivimos no lo son, que no sabe uno si este año no acabará haciendo bueno al malhadado dos mil veinte. Que no busques disfraz, vaya; que no hay carnaval.

Salvo que seas catalán, claro, que ahí sí, ahí se preparan unas carnestolendas del carajo, de mucha acción, de mucha risa, ya verás.

Para empezar, el Gobierno de Sánchez, decidido a aprovechar el efecto Illa —como si todos los efectos causados por ese desastre de ministro no hayan sido catastróficos para la sociedad española—, va a volver a caer en la metedura de pata que provocó la primera ola de la pandemia. Empeñados, contra toda razón, en celebrar las elecciones catalanas el 14 de febrero, los resultados serán como los de la festiva celebración del 8-M. Porque aún creen que mata más el machismo, o el separatismo, o la CocaCola, que el coronavirus. Total, como no reconocen que más de 100.000 españoles han muerto ya por la pandemia que no solo no controlan, sino que alientan con sus actitudes…

La siguiente agrupación del peculiar desfile carnavalesco del Día de los Enamorados no podía ser otra que la chirigota de los golpistas excarcelados por la cara y la falta de vergüenza del Gobierno; a los que solo falta un disfraz carcelario con rayas preferentemente rojas y amarillas y una estrella en el sombrero, entonando su glorioso himno “ho tornarem a fer”, éxito de público y crítica, sobre todo en los ampliamente subvencionados medios de comunicación catalanes, vendidos al independentismo, dimitidos de su deber a la verdad y la información, con cada vez mayor número de ocurrentes sin otro oficio ni mayor habilidad, conocimiento o arte que vomitar bilis contra España que, ya sabemos, les roba a todos, menos a los que se llenan el bolsillo en el pesebre de la Generalitat.

Para terminar, claro, con el día de la votación, que ha consagrado el sindiós sanitario de que puedan acudir a votar positivos, confinados y demás parientes e interesados; porque aquí las normas que nos afectan a todos los españoles, las que tienen crucificados en el Gólgota de la ruina al sector turístico y hostelero del país, no rezan para que los partidos políticos, todos, que concurren a las elecciones catalanas de Carnaval, miren para otro lado.

Pero que no se les olvide una cosa: después del Carnaval, agotadas las risas, los bailes y las cuchufletas, viene el Miércoles de ceniza. Y ahí será el llanto y el crujir de dientes. A ver cuántos muertos, cuánta incineración, nos va a costar esta estupidez.


FOTO: El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma (Pieter Brueghel el Viejo, 1559)

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