Casting en el Pleno del Congreso

José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

El Pleno del Congreso de los Diputados del día 15 de julio estaba anunciado que empezara con la comparecencia, a petición propia, del Presidente del Gobierno para informar sobre el Consejo Europeo de los días 25 y 26 de junio pasado, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 203 del Reglamento, que establece que “los miembros del Gobierno… comparecerán para informar sobre un asunto determinado”.

También se determina en el artículo anterior que, “después de la exposición oral del Gobierno podrán intervenir los representantes de cada Grupo Parlamentario por diez minutos, fijando posiciones, formulando preguntas o haciendo observaciones a las que contestará aquél sin ulterior votación”.

En principio, habiéndose tratado en el Consejo Europeo el llamado Problema Griego, era un buen momento para conocer los entresijos del asunto. Sin embargo, a estas alturas de la legislatura, interesaba, además, ver hasta qué punto “la cuestión griega” preocupa a los grupos políticos españoles y si estos, al borde de lo establecido en el Reglamento del Congreso, iban a aprovechar la ocasión para llevar el ascua del “motivo griego” a la sardina electoral de cada grupo político.

El acto comenzó con la lectura del Presidente de un discurso, de 28 folios, en el que informó, además de lo ocurrido los días 25 y 26 de junio, del resultado de las “cuatro reuniones de Jefes de Estado y de Gobierno del Área Euro o del Conjunto de la Unión Europea en las que se trató la crisis de Grecia…, (del) desarrollo de las negociaciones y del acuerdo alcanzado el pasado fin de semana.

Hasta ahí, todo normal. El presidente había relatado los hechos, conocidos por todos, desde una óptica personal: la suya.

Acabada la intervención del Presidente, los grupos parlamentarios, como es de rigor, tuvieron su turno de palabra. Y ahí fue donde se notó que el ascua del problema griego iba a convertirse en la sardina electoral de algunos grupos políticos.

Rajoy, como es costumbre en él, dejo hacer a cada uno. Con los pulgares a veces en las axilas, tomando notas en algunos casos, comentando con el ministro de justicia en otros, y recibiendo papeles y visitas en su escaño. Hasta un libro recibió, como regalo de Garzón.

El primero en contestar fue el socialista Pedro Sánchez, desabrido y con unas razones ajenas a la comunicación de Presidente:

“Usted ha sido un convidado de piedra”. En cinco días han ocurrido cinco casos que demuestran que España se ha quedado fuera (De Guindos no preside el Eurogrupo. Problema del Gobierno de la Comunidad Valenciana. Falta de escrúpulos contra el pueblo griego. No ha consensuado el problema. E insensibilidad frente al problema migratorio mediterráneo). Mentiras del Presidente a los españoles. “En Grecia hay un primer ministro que miente como usted”. Y una reflexión política: “Se ha dedicado desde el gobierno a desprestigiar a mi partido y a mi persona. No pienso como usted, ni bajo la cabeza ante usted. Al ser displicente (conmigo) manifiesta lo contrario que pretende. Hace tiempo que usted sólo se representa a sí mismo”.

Le siguió Alberto Garzón, con un discurso acorde con el tema y con sus posturas conocidas: “¿Qué necesidad había de humillar a Grecia?… Draghi es un matón europeo… Ustedes han humillado al pueblo griego… Queremos construir una Europa distinta a ésta”.

Después Rosa Diez propuso un “Fondo europeo gestionado por Europa para ayudar a Grecia, porque si no Grecia se quedará en Europa pero los Griegos saldrán del euro”.

Aitor Esteban, del PNV, dijo no entender “la estrategia griega, ni lo que ha hecho Europa”.

Los catalanes de la antigua Convergencia y Unió, CIU, divididos y matizando una postura, catalana, de ajustes.

A continuación, el grupo Mixto: Larreina, comedido. Joan Tardá, con frases: “mamporreros políticos… Chantajear al pueblo griego condenándolo a la miseria”. Baldoví, que, “Tras esperar más de tres años”, recordó el resultado de las elecciones en su municipio de Sueca venciendo al PP. Oramas, en su línea apacible. Álvarez Sostres, en la suya: asturiana. Y el navarro Salvador, lozano, colaborador; y fresco al final de San Fermín.

Y, acabando, Rafael Hernando, desde el PP que sustenta al Gobierno.

Fue en el turno de réplica en el que se vio como la comparecencia a petición propia para informar sobre el Consejo Europeo de los días 25 y 26 de julio y tratar el “asunto griego”, que los grupos parlamentarios habían usado como lo hicieron, le iba a servir al Gobierno para el fin que quizá previó desde un principio: Distribuir los papeles que cada uno va a usar en las próximas Elecciones Generales, también el suyo.

Las intervenciones de los portavoces parlamentarios habían servido de casting para ver qué papel se otorga a cada uno. Los pulgares en las axilas del Presidente del Gobierno, el oído a los asesores, la puesta en pie para recoger el libro regalado por Garzón, y todas las contestaciones en réplica fueron cobrando entidad.

Con resultados tranquilos para los ex CIU, PNV, UPyD y parte del Grupo Mixto, Con otros menos afables para el resto del Grupo Mixto. Y un resultado tronante para una izquierda que Rajoy quiso recolocar.

Con Podemos en el horizonte, ya apartado de las apetencias anexionistas de IU por el error ególatra de Pablo Iglesias, era momento para tratar de redistribuir papeles: Izquierda Unida a la cabeza, con Garzón en el papel estelar, quizá fugaz, de líder de la Oposición, en un rol de economista y citando al primero de los siete sabios de Grecia: Solón, que en el siglo VI a.c. prohibió en Grecia la esclavitud por deudas. Y con Pedro Sánchez condenado a un papel secundario, detrás de Garzón.

Pero el casting puede que no sea definitivo para nadie. Ni para el propio Rajoy que, gallegada cruel, tuvo una palabra de disculpa, brutal y feroz, con el hasta ahora líder de la Oposición en su turno de duplica: “Pedro Sánchez ha tenido un mal día”.

En el pasillo, ante periodistas, un socialista antiguo y curtido en mil batallas, asentía:

“Sí, Pedro ha tenido un mal día”.

A unos pasos, otros periodistas hablaban con Garzón. Uno le felicitó. Otro le preguntó por el apaño con un Rajoy que le había tomado por jefe de la Oposición.

“No he hablado con Rajoy” —contestó seco.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.