El independentismo catalán, al que muchas voces del PNV vasco prometen adhesión inquebrantable y apoyo incondicional, podrían llevar a Hispania a un panorama de los primeros tiempos del sueño europeo, aquél que diseñaran Carlomagno, la Batalla de Roncesvalles con los Roldán y demás caballeros, y la derrota de los musulmanes invasores en Poitiers.
La Hispania visigoda quedó partida en dos provisionalmente, con el Ebro como frontera. Al norte de dicho río estaba la Marca Hispánica, como un trozo del imperio de Carlomagno, y al sur la España musulmana.
Hoy, al norte del Ebro, un sector de la población de Cataluña se pregunta si debe proclamarse independiente y separarse de España, y a ese anhelo se apuntan no pocos abertzales vascos deseosos de una Euskadi independiente, que harían pinza sobre el Norte de Aragón. Al sur del Ebro, de cumplirse estos sueños, quedaría la España anterior a la Reconquista, de nombre Al Ándalus.
Pero ocurre que la Europa de hoy, tal como la conocemos y sufrimos, dista mucho de ser un continente gobernado por representantes elegidos por el pueblo. En la Europa de hoy manda la Troika financiera, que impone sus dictados a todo el mundo por medio de sus servidores incondicionales Angela Merkel y su ministro Schauble. Y si no que se lo pregunten a Varufakis, a Tsipras y al partido Syriza, y a los griegos en general. A este lado de los Pirineos, el poder de la Troika se canaliza a través del Banco de Santander, el BBVA, Sabadell y otros pocos bancos que dominan al Estado y emiten sus dictámenes sobre las leyes que deben regirlo, por ejemplo en cuanto al destino de los bienes del Estado, que deben emplearse primero en pagar las deudas y si sobra algo a gastos sociales.
Así que, desde este punto de vista, se engañan los Mas, Ibarretxe y compañía cuando sueñan con gobernar democráticamente sus propias parcelas, La Europa de Angela Merkel implantará su mandato en esta nueva Marca hispánica, Cataluña y Euskadi podrían se gobernadas por los dictados de Berlín y la Troika…El viejo Imperio carolingio tomaría el nombre de Imperio Merkelingio.
¿Y la España del sur del Ebro? Muy bien podría ocurrir que corriese la suerte de Grecia, a la cual parece que quieren obligarla a salirse del euro y de Europa. Las fronteras de Europa ya no serían el Mediterráneo y Gibraltar, como ahora, África empezaría así en el Ebro. Y Europa instalaría en este río sus vallas con sus concertinas y sus puestos fronterizos vigilados por policías y militares.
Deberíamos afrontar dilemas como este con mayor cordura y ecuanimidad. ¿O no?













