Después de la del 20 de diciembre, que coleaba desde agosto del año pasado; después de cuatro meses de incompetencia negociadora a golpe de rueda de prensa y postureo televisado, parece que los españoles ya conocemos bien a unos y a otros, a tirios y troyanos, como para que la campaña de las elecciones generales del 26 de junio fuera otra cosa.
Y no se trata sólo de ahorrarse unos cuartos en banderolas y cartelería, en enviar o no papeletas al sufrido buzón del ya harto votante, o montar esos mítines en los que se predica a convencidos y no se sabe si se aburren más los oradores que los cuatro comprometidos que van a llenar sillas.
Se trata de que, quizás, sería esperable, aconsejable y hasta plausible (digno de aplauso, para los de la LOMCE) que los partidos y sus líderes no se dedicaran a hacer campaña “contra” quien sea o lo que sea.
Empezó Pedro Sánchez en las pasadas elecciones con el hashtag #echaraRajoy. Pero ¿qué clase de estrategia política se puede montar con el mero objetivo de desalojar a nadie? ¿A qué conduce eso? Bueno, ya lo vimos, a la nada absoluta, al fracaso en dos investiduras y la repetición de elecciones.
Bien, pues ahora parece que es el PP el que quiere articular su campaña “contra” Albert Rivera y Ciudadanos. Pero, vamos a ver, almas de cántaro, si lo más posible es que el día 27 de junio vayáis a tener que sentaros en torno a una mesa para ver qué puñetero futuro sois capaces de buscar para un país al que comienza urgirle un gobierno que pueda actuar…
Pues no, parece que están escarbando en la hemeroteca para buscar dónde ha tenido Ciudadanos un punto negro, una corruptela, una concejala que ha salido rana, para que sus candidatos lo larguen en tertulias, debates, mítines y mercados entre beso de niño y selfie con ama de casa…
Un error garrafal; como el de la formación naranja de ir poniendo por delante que con Rajoy no van a ninguna parte, que si hay que pactar será –como si Rivera bordara el baile de Salomé, que tampoco lo veo- con la cabeza del líder del PP en bandeja de plata.
Si pudiéramos pedir, los españoles querríamos que nos dijeran no que han hecho mal sus adversarios sino, a ser posible, que van a intentar hacer bien ellos en caso de obtener nuestra confianza.
La participación va a ser tremendamente importante este 26 de junio; y va a ser tarea de cada uno movilizar a quienes opinen como nosotros y tiendan a la molicie del verano para no acudir a las urnas. Tiene que ser una campaña de boca a oído, protagonizada por los votantes en sus entornos familiares, laborales y sociales, porque ya estamos cansados de los discursos mitineros, de las fanfarrias de campaña y de los políticos al uso. Y si encima se empeñan en hacer esa campaña no en favor de los españoles y de España, sino en contra de “los otros”, no les digo hasta donde podemos terminar de ellos…














Totalmente de acuerdo Antonio. Parece que los «asesores» y «expertos» de cada partido estuvieran a sueldo del adversario. Siguen sin enterarse de nada pero ya sabemos que no quieren ver (no están a pie de calle) ni oír (su soberbia no les deja). El 26 J será un «más de lo mismo» pero con mayor abstención. Un saludo.