Arrumbando la Armada

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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La pasada semana llegaba la noticia de que un buque de la Armada, el Castilla, destacado en el Índico al frente de la flotilla europea “Atalanta”, encargada de disuadir ataques piratas, tuvo que abandonarla para volver renqueando con un solo sistema de propulsión al haberse averiado el otro. El Cuartel General instalado a bordo y compuesto por oficiales europeos y españoles tuvo que mudarse a bordo de otro buque europeo en espera de que llegue una fragata nuestra en sustitución. “El Confidencial” subrayaba como diversas fuentes señalan que nuestros buques sufren de falta de suficiente mantenimiento y de uso excesivo lo que combinado hace que sean propensos a las averías.

Son cosas que ocurren, evidentemente, incluso con un buen mantenimiento. Sin embargo, si el dinero escasea, es normal que el mantenimiento empeore y que las averías se multipliquen. Quienes hemos trabajado codo con codo con miembros de nuestras FAS para defender a España y mejorar nuestra posición en el mundo, y su imagen, lo acontecido sólo puede llenarnos de tristeza, dolor y vergüenza por la desconsideración de los gobiernos a las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas.  

España gasta menos de un 1% del PIB en Defensa y eso que Mariano Rajoy adquirió el compromiso en la Cumbre de Gales de 2014 de elevar esa cifra al 2% en 10 años (faltan tres …). ¿Lo adquirió sin intención de cumplirlo? Es un compromiso de España, no de Rajoy. Lo es, pues, también del actual Gobierno bicéfalo de Pedro Sanchez y Yolanda Díaz, que Pablo Iglesias vigila desde Galapagar. ¿Qué hace ese Gobierno? ¿Qué hace Margarita Robles?

En España, gusta hablar de Defensa Europea, algo necesario, sin duda, pero con un larguísimo trecho aún por delante; se silencia al máximo nuestra pertenencia a la OTAN, cuya disuasión es la que verdaderamente cuenta actualmente, y así por mucho tiempo; y se pretende obviar que una defensa europea verdaderamente eficaz frente a otras potencias nucleares que puedan sernos hostiles, como Rusia, pe, necesitará de una disuasión nuclear europea cuya base sólo puede ser la francesa. Y, a la hora de dedicar fondos para nuestra defensa, estos escasean. No es que no se haga nada, sólo que es insuficiente.  

De esta manera sólo podrán nuestras FAS reducir su capacidad de contribuir a la disuasión aliada y a la de nuestros socios europeos. Tampoco tendremos los medios necesarios para hacernos valer suficientemente de Canarias a las Baleares pasando por el Estrecho de Gibraltar.

En vísperas de Trafalgar, oficiales españoles pagaron de su bolsillo el necesario adecentamiento de sus barcos antes de salir a combatir contra Nelson cuya flota se entrenaba diariamente en alta mar. En Santiago de Cuba, otros marinos que el Alcalde palmesano considera fascistas (!) en su vergonzante ignorancia, defendieron nuestra honra sin medios militares a la altura. Así fueron las cosas como fueron. ¿Volverán a ser así?

Tenemos muchas prioridades en sanidad, educación y justicia social, pero no considerar adecuadamente nuestras necesidades de defensa en un mundo hostil es mala política. Gobernar, cuando se hace bien, es conseguir remediar suficientemente nuestras carencias en constante busca de sus mejoras. Nada puede quedar atrás, menos aún, cuando en materia estratégica el único vecino con el que podríamos enfrentarnos bélicamente se rearma eficazmente. Lo hace porque tiene otro vecino muy peligroso, sin duda, pero mientras tanto nuestra superioridad militar decrece o desaparece cuando hay puntos de litigio reales y peligrosos.

Nuestras FAS tienen que hacer un esfuerzo que debe guiar, porque es su rol y su deber, el Ministerio de Defensa y el Gobierno, incluido el Ministerio de Hacienda. Un esfuerzo hacia el realismo de lo que realmente necesitamos con el dinero disponible sin perjuicio de que haya que incrementarlo mucho. Lo que se deja para mañana y se acomete pasado puede salir más caro en dinero o en derrotas. Eso sí, es más bonito ser pacifista, abolicionista de armas nucleares y contar cuentos chinos europeístas pensando que lobos no hay y que, de haberlos, no vendrán.

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