Amor a distancia

Amor a distancia
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Isaac Asimov, un escritor y científico americano judío, de origen ruso, fue uno de los grandes escritores de ciencia ficción. Se considera que su bien conocida trilogía “Fundación” (Fundación; Fundación y el Imperio; Segunda Fundación) fue su obra maestra. Una saga escrita esencialmente en los años cincuenta del siglo XX y que precede claramente la cinematográfica de la “Guerra de las Galaxias” creada por George Lucas a partir de los años setenta y no sería de extrañar que la primera influyera en la segunda. “Fundación” le valió a Asimov el prestigioso “Hugo Award for Best All-Time Series” (Wikipedia).

Asimov también escribió unas novelas policiacas en las que su protagonista, Elijah Baley, es un detective de La Tierra que viaja a otros planetas “exteriores” para resolver diversos crímenes. Asimov opone una tierra sobrepoblada, agorafóbica y que ha rechazado los robots (como consecuencia de accidentes iniciales) a unos planetas infrapoblados por colonos originarios de nuestra Tierra, amantes de los espacios y totalmente dependientes de esos robots al vivir solos, aislados en “fincas” inmensas hasta el punto de que la relación entre los habitantes de un mismo planeta es solo telemática, siendo, incluso, la reproducción de la especie realizada por técnicas que no requieren contactos íntimos.

Asimov, como muchos buenos escritores de ciencia ficción, fue un visionario y algunas de las cosas que imaginó se han plasmado de alguna manera en la realidad. Esas “sociedades telemáticas” que describe son probablemente exageradas, pero, la relación telemática lleva tiempo, entre nosotros, sustituyendo a la presencial. Para no remontarnos muy lejos, los que vivieron la Transición recordaran las reuniones de Alfonso Guerra, Vicepresidente del Gobierno, con los Delegados del Gobierno en las Autonomías por medio de conexiones telefónicas múltiples que, aunque no fuesen telemáticas, permitían ya una reunión quedándose cada mochuelo en su olivo.

Hace tiempo que el trabajo telemático se practica, y, como en todo, su intensificación tendrá efectos positivos, otros menos positivos y algunos negativos. Muchos podrán trabajar desde sus domicilios y, así las cosas, emigrar a las tierras vaciadas españolas donde encontrarán más espacio, menos contaminación y costes menores. Otros considerarán que se pueden ahorrar gastos con esta fórmula. Serán negocios que podrán comprar o alquilar superficies menores para instalar solo a los trabajadores de necesaria presencia.

No obstante, una cosa es remediar con trabajo y reuniones telemáticas la imposibilidad de verse por motivos de sanidad, distancia o de otra naturaleza, y algo diferente devaluar lo presencial. Para ceñirnos a lo político, qué nadie piense que lo telemático pueda sustituir una reunión presencial de un Consejo Europeo, de una Cumbre aliada o de un Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por poner unos pocos ejemplos, en la que el “contacto personal”, poder “sentir” cómo vibra cada mandatario en la reunión, en los pasillos y en “reuniones bilaterales” que allanan muchas veces los problemas tanto en la inmediatez cómo, a veces, más adelante, pueda reflejarse bien telemáticamente. Y, esto, vale igual para otros ámbitos. Lo telemático ayuda, pero no sustituye plenamente.

Así lo piensa una ciudadana que todos los días sale personalmente al balcón para aplaudir a los sanitarios, fuerzas de seguridad, militares y todos aquellos que necesariamente han de trabajar, soportando más riesgos por culpa del virus maligno. No se puede salir al balcón telemáticamente a aplaudir. Esta ciudadana afirma que antes de pisar su terraza se viste cuidadosamente y se pinta las uñas. No lo hace por frivolidad, ni ello desmerece a los demás, vistan como se vistan, salgan o no salgan a aplaudir. Lo hace para rendir simbólicamente pleitesía con más decoro a todos los héroes de nuestro país. Como quien se engalana para ir a misa, o para salir a cenar con amigos, o admirar a su hijo cuando se gradúa.

Las formalidades tienen su importancia en la vida y más cuando los mundos se pueden derrumbar, cuando hay que sostenerlos con sacrificios de unos y otros. Ahora hay que aguantar con dignidad tras la pantalla. Luego, el ser humano tendrá que volver a ser humano.

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