Seguridad euroatlántica

Jens Stoltenberg
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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Más de un 90% de los ciudadanos de la Unión Europea residen en países de la misma que pertenecen a la Alianza Atlántica. Un dato muy interesante ofrecido por el Secretario General de la OTAN, el noruego Jens Stoltenberg, en la reciente Cumbre Europea en la que se trataron cuestiones de defensa y a la que asistió como invitado especial para mostrar que la Unión Europea no pretende apartarse de la Alianza a pesar de aspirar a una Autonomía Estratégica.

El Presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, señaló en una conferencia de prensa posterior que la Unión se ha comprometido a cooperar más con la Alianza. “Una Europa más fuerte hace a la OTAN más fuerte”, añadió. Para Michel, ello no es contradictorio con la necesidad europea de actuar estratégicamente para defender sus intereses y promocionar sus valores. La UE, añadió, debe poder actuar autónomamente, reforzando la cooperación entre sus socios.

Frente a este sensato discurso transatlántico, desentonan los países europeos geográficamente más cercanos a Rusia y el Presidente francés, Emmanuel Macron.

Los primeros, que sienten en sus cogotes el aliento ruso, no quieren nada que pueda debilitar la Alianza. Se entiende. Sin embargo, reforzar la Defensa Europea no tiene por qué ser en detrimento de la OTAN si se hace coordinadamente. Los recursos en esta materia no abundan. La UE debiera poder operar con eficacia por si sola cuando no puedan, o no quieran, participar, o no sean necesarios, aliados que no pertenecen a la UE. Una mejora de la Defensa Europea fortalece, como dice Michel, el brazo europeo de la OTAN.

Macron, por su parte, no quiere reconocer el cambio de inquilino en la Casa Blanca. Frente a la afirmación de Biden de que los EEUU honraran su compromiso para defender Europa, prefiere agitar la campana que repicó cuando Trump dejó ese compromiso en un limbo. Lo que una vez ocurrió se puede repetir, sin duda, pero sería un error debilitar con ese pretexto el vínculo transatlántico.

En el Palacio del Elíseo siempre han fomentado en materia de defensa (y otras muchas cosas) la propia agenda francesa en el seno de la UE. En Paris son maestros al respecto. Cuando España ha sabido hacerlo, especialmente en tiempos de Felipe González, las cosas le han ido bien, asimismo.

Francia desea establecer unos objetivos ambiciosos para esa Defensa Europea al amparo de su próxima Presidencia rotativa de la Unión. Macron pretende que la Unión se considere más amparada por la Defensa Europea que por la de la OTAN cuyo fundamento considera ya inexistente al haber desaparecido el Pacto de Varsovia, tesis rechazada por la Alianza hace más de 30 años y, naturalmente, promocionada por Rusia y sus valedores. Macron quiere mejorar las relaciones de la UE con Moscú. Sin embargo, Biden las va a endurecer tras la etapa de un Trump acusado de haber alentado en su día, en beneficio propio, la inquina del Kremlin contra Hillary Clinton. Borrell debería contarle a Macron su reciente encuentro con Lavrov en Moscú …

En este tira y afloja acerca de cuánto autónoma ha de ser, o puede ser, la Autonomía Estratégica, debieran los franceses explicar cómo sus armas nucleares serían programadas como disuasión en beneficio, también, de sus socios europeos y, eventualmente, para defenderlos, y si ello estaría condicionado, o no, a cláusulas estratégicas y económicas. Asimismo, una Defensa Europea debe abordar en común los actuales seis dominios militares de tierra, mar, aire, espacio, ciberdefensa e inteligencia artificial. 

Convendría no caer en la cándida convicción de que la mayoría de los europeos se van a olvidar de que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer si, además, no está claro cuán verdaderamente protector puede ser el nuevo manto comparado al antiguo. Stoltenberg subrayó que ningún país o continente puede enfrentarse sólo a la agresividad rusa, al terrorismo internacional, a los ciberataques o al ascenso militar y estratégico de China. Aunque algunos critican, ingenuamente, que Biden haya ordenado represalias por ataques a instalaciones americanas en Irak, la realidad es que Stoltenberg no llama al lobo. Hay varios en el umbral euroatlántico.

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