Post venganza iraní

Ali Khamenei
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Tras la eliminación del General Soleimani por un dron americano y la venganza “oficial” de Teherán mediante un ataque a dos bases americanas en Irak con misiles disparados desde Irán, muchos inquieren cuál será la continuación de los acontecimientos. No hay una respuesta clara, aunque algunas realidades.

La primera es que ambas partes saben que han escalado peligrosamente. Matar a un general iraní no es ejecutar a milicianos de organizaciones guerrilleras. Es un acto bélico, como lo es que el ejército iraní atacara dos bases militares americanas. Todo en un país tercero que acoge a americanos e iraníes. Con independencia del motivo estadounidense de eliminar a Soleimani, ambas partes saben que sus viejas hostilidades, generalmente por partes interpuestas, siempre pueden derivar hacia un enfrentamiento directo, algo que, normalmente, intentan evitar.

Trasladadas recíprocamente sus líneas rojas, probablemente las tengan en cuenta, aunque nada es seguro. Volverán, sin embargo, a su guerra soterrada sin perjuicio de los costes para cada uno de esta escalada específica. En el caso americano, un refuerzo no deseado de 10.000 hombres en Irak y una importante tensión con la población iraquí, mayoritariamente chií como la iraní, así como con su gobierno, claramente ninguneado por Washington.

Teherán salva la cara con su ataque en territorio iraquí, pero su contención puso de relieve que no quiere medirse abiertamente con los EEUU. Su peor coste, además de perder al importante Soleimani, es uno inesperado: haber abatido un avión civil con 176 muertos. La ineficacia de sus procedimientos militares y su falta de prudencia al no haber cerrado momentáneamente su espacio aéreo, han aniquilado el “prestigio” que su venganza controlada podía haberle proporcionado. Controlada, porque, deseosa de no escalar más de lo debido, Teherán avisó previamente de su ataque lo que explicaría la ausencia de muertes americanas (apenas ocho afectados por las ondas expansivas). Ni en “El Padrino”, ni John Le Carré, con las intrigas de Smiley, hubieran reglamentado mejor este juego peligroso fuera de los cauces de una guerra “normal”.

La Unión Europea, Francia, Alemania y Reino Unido han intentado hasta ahora salvar el acuerdo nuclear con Teherán a pesar de que Trump lo considera insuficiente (algún argumento tiene). Teherán lo da por perdido y lo viola tanto para mejorar su carrera armamentista como para tener fichas que ceder en una hipotética nueva negociación. Esta dinámica ha conducido a las tres potencias europeas a denunciar el incumplimiento iraní, lo que aísla más a Irán. Ya nada funciona en compartimentos estancos.

Trump es imprevisible, pero eso es una característica intrínseca suya que cultiva cuidadosamente con una forma desordenada de producirse que responde a su propia naturaleza. Parece que le ofrecieron varias opciones y que Soleimani estaba en la lista solo para elevar la puja pensando que elegiría otro objetivo. Si es así, mala psicología, la de sus colaboradores.

Las afirmaciones y contradicciones en Washington acerca de que Soleimani amenazaba a cuatro embajadas incrementa la confusión, pero sabemos que en la de Bagdad, asediada por una muchedumbre, pasaron un mal rato y, por lo tanto, es argumentable que la operación contra Soleimani tenía como objetivo pasar una advertencia: no tomas de representaciones diplomáticas, y menos en año electoral. Trump sabe que ganó por los pelos en 2016. Ahora quiere evitar errores y desastres, además de rezar por un candidato demócrata con escaso arrastre centrista y confiar en la ventaja que da ocupar el sillón presidencial.

El Oriente Medio gasta a todos: turcos, británicos, franceses, rusos, americanos. Son gajes de ser potencia regional o mundial. Pero, en cuanto hay un vacío, vuelven. Ahora, los rusos y turcos en Siria y Libia en detrimento europeo y estadounidense por incapacidad y desidia. ¿Qué hace la UE?

No se puede terminar este vuelapluma sin mencionar las revueltas callejeras en Irán, fruto de estos acontecimientos que han proporcionado a los estudiantes pretextos reales u ocultos para manifestarse contra su teocracia. Sin consecuencias, como no sea más represión del régimen que ya se cuidará de reafirmar a los ayatolas en las venideras elecciones de febrero.

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