Irredentismo marroquí

Tres irredentismos (3/3)

Irredentismo marroquí
Por
— P U B L I C I D A D —

Los irredentismos de Rusia y China son peligrosos para la Comunidad Internacional, pero no son los únicos. Otros alimentan inestabilidades locales. Uno de ellos es el de Marruecos respecto de España.

Un irredentismo que no parece reconducirse por vías pacíficas como el español respecto de Gibraltar en el que, sin renunciar a una reclamación legítima y secular, Madrid ya va entendiendo que hay modos más sutiles que el de solo clamar a voz en grito “Gibraltar español”, como lo demuestra, actualmente, la voluntad de facilitar a la población del Peñón su atracción hacia una Unión Europea que le aporta más beneficios que seguir ciegamente el Brexit londinense. Si los gibraltareños siguen siendo europeos, de facto, se acercarán a España.

Puede que el Peñón no vuelva a ser español. En tal caso no perdería su condición colonial porque independiente no puede ser, pero, cuanto más europeo sea, mejor conviviremos españoles y llanitos en mutuo beneficio. Los remedios de los conflictos no son siempre blancos o negros, ni tiene porque haber vencedores absolutos y derrotados humillados.

Al Sur del Estrecho la situación es otra. España opone sus títulos jurídicos y su presencia secular en Ceuta y Melilla a las reclamaciones, a veces arteras, de Marruecos, nuestro amigo, como diría el Ministro de Exteriores, Albares. No obstante, es un amigo difícil que ejerce frente a España su irredentismo también respecto del Sahara Occidental, obtenido por la fuerza, exigiendo de Madrid el reconocimiento de su soberanía.

Sin embargo, falta el reconocimiento por las NNUU, necesario para España y la UE, aunque lo hayan prestado los EEUU de Trump, algo asumido luego por Biden, si bien dice no querer profundizarlo. Washington es amigo tanto de Rabat como de Madrid, algo que no deben olvidar en Moncloa y Santa Cruz. Lo subraya la intensificación de los lazos oficiales entre Israel y Marruecos, así como el reciente paso por el Estrecho del portaviones norteamericano Harry Truman escoltado por un buque de guerra marroquí. Para algunos, una provocación cuando tras seis meses de Albares, Exteriores no ha podido remediar aún la mala relación con Rabat de González Laya.

Los pulsos marroquíes no se limitan a Ceuta y Melilla o al Sahara Occidental, ya que están también los peñones españoles junto a la costa marroquí. No puede olvidarse la no tan lejana invasión de uno de ellos, Perejil, que hubo de resolverse con mediación americana. Junto a esos peñones se han instalado ahora por su cuenta unas piscifactorías marroquíes. También pastaban desde siempre en Perejil unas cabras del vecino magrebí dada la facilidad con la que se pasa al peñón. Asimismo, hay entre Madrid y Rabat una cuestión de delimitación de aguas que afectan al subsuelo marino en las cercanías de las Canarias.

Puede uno preguntarse, consecuentemente, qué concepción estratégica tiene Madrid respecto a los irredentismos ruso y chino, anteriormente tratados, así como del marroquí, más allá, en este último caso, de sonreír a Rabat o de haber traído a España para curarse a un líder del Polisario execrado en Marruecos. Argelia nos aprieta con el gas. Antes, fue con Cubillo, con su surrealista independencia canaria, y, siempre, con el Polisario.

Marruecos, ahora, lo hace regulando también el flujo de inmigrantes ilegales, como los turcos con la UE o los bielorrusos con Polonia, y asediando Ceuta y Melilla al cerrar unilateralmente, por ejemplo, las aduanas, unas actuaciones que, para algunos, alertan acerca de una estrategia híbrida de nuestro vecino del Sur para acabar haciéndose con estos territorios españoles.

Sin duda, debemos cuidar con diplomacia nuestra importante relación bilateral con Rabat. No obstante: ¿Dispone Exteriores de los resortes materiales y presupuestarios necesarios para no llegar a mayores defendiendo nuestros intereses? ¿Tenemos en Washington tanto acceso a la Casa Blanca y al Senado como Marruecos? ¿Tenemos medios eficaces de retorsión y presión? ¿Están nuestras Fuerzas Armadas verdaderamente preparadas?

Las anteriores son preguntas legítimas, aunque no las únicas, sin perjuicio de que nos esforcemos en esto, como en otras cosas, por resolver cualquier conflicto pacíficamente, con más motivo con nuestros vecinos. Y amigos.

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